¿Es la homosexualidad un pecado diferente?

En un sentido podemos decir que la homosexualidad es un pecado diferente a otros pecados: la homosexualidad es un pecado contra naturaleza que es el resultado de que Dios entregó, a aquellos que cambiaron al Creador por la criatura, a las pasiones degradantes de sus propios corazones: “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío” (Romanos 1:26, 27).

Ahora, si lo que preguntamos es si la homosexualidad es un pecado más grave (en términos del castigo que merece), entonces la respuesta es: no. En 1 Corintios 6:9, 10 se dice claramente que los homosexuales no heredarán el reino de Dios: “¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. Pero no es menos cierto que los inmorales heterosexuales tampoco heredarán el reino de los cielos (véanse Gálatas 5:19-21; Efesios 5:5). ¿Estás viendo pornografía y auto-gratificándote? ¿Estás teniendo relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Estás siendo infiel a tu cónyuge? Entonces no «[heredarás] el reino de Dios». Continuar leyendo ¿Es la homosexualidad un pecado diferente?

La fuerza y constancia del amor de Dios.

Como una respuesta al ruego de Moisés de que Dios le mostrara Su gloria, Dios hizo pasar toda Su bondad y proclamó Su nombre delante de Moisés. En Éxodo 34:6, entre todos los atributos que Dios proclamó, encontramos que Dios es «abundante en misericordia». Eso no significa que Dios algunas veces hace misericordia, sino que Dios siempre es misericordioso y ésta brota de Él hasta rebosar.

Tanto la Reina Valera 1960 como La Biblia De Las Américas traducen la palabra hebrea aquí como «misericordia». La Nueva Versión Internacional la traduce simplemente como «amor». La Nueva Traducción Viviente la traduce como «amor inagotable». Todo eso no es más que un intento de traducir jesed; sin embargo, no hay una palabra en español que transmita todas las matices del original. Según el Diccionario expositivo Vine, «es posible identificar tres significados fundamentales del vocablo (que siempre interactúan): “fuerza”, “constancia” y “amor”. Cualquier traducción del término que no expresa las tres acepciones inevitablemente perderá algo de su riqueza. Él “amor” de por sí se sentimentaliza o universaliza si se desconecta del pacto. Al mismo tiempo, “fuerza” o “constancia” solo comunican el cumplimiento de una obligación, legal o de algún otro tipo». Continuar leyendo La fuerza y constancia del amor de Dios.

Bendice, alma mía, a Jehová.

Dios quiere y merece ser alabado con todo nuestro ser. Y la meditación en todos los beneficios que Dios nos ha concedido en Su gracia, especialmente los espirituales y eternos en Jesucristo, fomenta ese tipo de adoración.

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Juez justo absuelve a culpable.

JusticiaEs un grave pecado delante de Dios cuando se justifica a un criminal (no haciendo que se pague el delito) o cuando se condena a aquel que es justo (haciendo que se pague un delito que no existe). Proverbios 17:15 lo dice claramente: “El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación al SEÑOR”. Hacer tal cosa no tan solo es aborrecible para Dios, sino también para aquellos que portamos Su imagen: “Al que dice al impío: Justo eres, lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones” (Pro. 24:28).

Sin embargo, en la última parte de Romanos 3:26 leemos lo siguiente: “a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús”. Aquí tenemos a Dios gloriándose en ser justo y, también, ser el que justifica a los pecadores (véase v. 23). Como un juez que antes de empezar el juicio anuncia que él es justo y termina dejando libre al criminal sin que éste pague por sus crímenes.

¿Se contradice Dios a sí mismo? ¡De ninguna manera! ¿Cómo puede Dios justificar a los pecadores y seguir siendo justo? ¿Cómo puede Dios salvar a los pecadores y al mismo tiempo oír a Su justicia clamar a gritos contra el pecador: “¡Condenado! ¡Maldito! ¡Sangre! ¡Muerte!”? La respuesta se encuentra en Romanos 3:25 –poniendo a Jesucristo como propiciación–: “a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente”. Jesucristo (el único que nunca pecó y siempre obedeció) se ofreció voluntariamente de acuerdo a la voluntad del Padre para que Su sangre fuera derramada en lugar de la nuestra. Sobre Él cayó toda la furia de Dios que debió haber caído sobre nosotros. Dios puede justificar a los pecadores y seguir siendo justo al pasar por alto sus pecados, pero castigarlos en Jesucristo. Así las demandas de la justicia de Dios son atendidas y los pecadores que confían en Jesucristo son perdonados y declarados (vistos y tratados como) justos por Dios.