El 15 de mayo: no confíes en hombres.

Diógenes: "Cristo viene"En la caricatura de Diógenes y Boquechivo publicada el lunes 30 de abril del 2012, por Harold Priego para el Diario Libre, se ilustran las promesas de no más corrupción, no más delincuencia y de tener el mejor gobierno que hace un candidato a la presidencia. Mientras Diógenes escucha esas promesas a través de la radio, él dice: “Nos salvamos… ¡Cristo viene…!”. Priego parece haber entendido algo que muchos todavía no entienden: el único que acabará total y definitivamente con todos los males de nuestra sociedad es Jesucristo.

Nos estamos acercando a las elecciones presidenciales, y el Salmo 146 tiene un mensaje pertinente para nosotros:

Después de un llamamiento a alabar a Dios y de que el mismo salmista alabara a Dios (vv. 1, 2), él (inspirado por Dios) nos exhorta: “No confiéis en príncipes” (v. 3a). No debemos poner en el rey, presidente o gobernante esa confianza absoluta que sólo debe ser puesta en Dios. O, en palabras de Jeremías 17:5, no debemos hacer de ellos nuestra fortaleza y apartarnos de Dios. Continuar leyendo El 15 de mayo: no confíes en hombres.

La elección de Dios y el evangelismo.

Elección y evangelismo

Dios, quien tiene misericordia de quien Él quiere tener misericordia, ha escogido desde la eternidad a un grupo particular de personas para salvarlas en el tiempo. Ahora, algunos piensan que la elección de Dios y el esfuerzo evangelístico (o predicación del evangelio) son mutuamente excluyentes: si Dios ha escogido, entonces para qué esforzarnos en evangelizar; y si Dios nos manda a evangelizar, entonces es porque Él no ha escogido. Pero en este caso, tal como en otras ocasiones, el razonamiento de Dios no es como el nuestro.

En 2 Timoteo 2:10 leemos lo siguiente, en palabras de uno que creía y enseñaba la elección de Dios: “Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna”. Aquí tenemos al apóstol Pablo convencido de que había personas escogidas por Dios para salvación –aunque él no sabía quiénes eran–, pero al mismo tiempo lo vemos predicándoles el evangelio y sufriendo penalidades por causa de ese evangelio (vv. 8, 9). El razonamiento del apóstol no era elección o esfuerzo evangelístico, sino elección y esfuerzo evangelístico.

PALABRA COMO EL MEDIO

El apóstol Pablo sabía que Dios había ordenado tanto el fin como el medio. Dios no tan sólo escogió a un grupo de personas para salvarlas, sino que también Él escogió la predicación del evangelio de Jesucristo como el medio para alcanzar ese fin. Y no podemos esperar que alguien sea salvado si no se le predica (Ro. 10:14-15). El mismo apóstol dice en 1 Corintios 1:21 lo siguiente: “Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen”.

EL ENFOQUE CORRECTO

Cuando el enfoque es correcto, entonces la doctrina de la elección de Dios no mata al esfuerzo evangelístico, sino que lo motiva. Decir que no tenemos que evangelizar porque Dios ya ha escogido a quienes han de salvarse es tener el enfoque incorrecto. He aquí el enfoque correcto: el hombre está muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2:1), todo mi esfuerzo evangelístico es en vano si Dios no ha escogido para salvación –¡un muerto no puede escucharme decirle que se levante!–. Pero debido a que Dios ha escogido para salvación mi esfuerzo evangelístico no es en vano, Dios impartirá vida espiritual mientras yo predico Su evangelio. En Hechos 18:9 y 10 Dios animó al apóstol Pablo con las siguientes palabras: “Y por medio de una visión durante la noche, el Señor dijo a Pablo: No temas, sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo, y nadie te atacará para hacerte daño, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”.

Muerte en manos de y por sus enemigos.

CrossEn la cruz donde Jesucristo murió Dios manifestó Su gracia como en ningún otro lugar. Allí encontramos, para usar el lenguaje de Hechos 3, al Santo muriendo en manos de los pecadores; al Justo siendo crucificado por los impíos; al Autor de la vida muriendo. Ahora, ¿por qué el Santo y Justo está muriendo? Obviamente no es debido a algún pecado propio –Él es sin pecado–. Él está muriendo debido a pecados ajenos. ¿Los pecados de quién? Precisamente los pecados de aquellos que estaban en Su contra (i.e. Sus enemigos).

UN LADRÓN

Jesucristo fue crucificado entre dos ladrones y ambos ladrones al principio se unieron a los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos para injuriar a Jesucristo (Mt. 27:44). Pero después de un rato uno de esos ladrones reconoció su pecado: “Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo ha hecho” (Lucas 23:41); confió en Jesucristo como el Rey Salvador: “Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (v. 42); y recibió la salvación: “Entonces El le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). Continuar leyendo Muerte en manos de y por sus enemigos.