“Te amo así de mucho”.

Después de que el apóstol Pablo nos dice [en Romanos 5] la cruda verdad de que “difícilmente habrá alguien que muera por un justo” y que “tal vez alguno se atreva a morir por el bueno”; él pasa a decirnos la verdad más asombrosa de todas:

“Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (v. 8).

Según ese versículo, Dios no tan solo ha dicho “te amo”; sino que también lo ha demostrado, lo ha probado, lo ha hecho público, lo ha exhibido, lo ha acreditado. ¿En qué podemos ver ese amor de Dios? ¿Cómo podemos saber cuán grande es el amor de Dios? ¿Qué regla puede medirlo? El amor de Dios puede ser visto o puede ser medido sabiendo (1) a quiénes él amó y (2) qué Él dio a quienes amó:

¿A QUIÉNES DIOS AMÓ?

¿A quiénes Dios amó? A nosotros. ¿Quiénes somos nosotros? Pecadores (lo contrarío al justo y al bueno: injustos y malos), débiles (impotentes para acercarse a Dios o hacer algo lo suficientemente excelente como para que Dios se acerque a ellos), impíos (aquellos con un carácter diferente al carácter santo de Dios) y enemigos (rebeldes a Dios y Su ley). ¡A esos fue quienes Dios amó de pura gracia! Él no le debe amor a nadie, Él quiso amarlos.

Continuar leyendo “Te amo así de mucho”.

La propiciación ilustrada.

Jacob y Esaú eran hermanos con una relación “complicada” desde el principio. Aun estando dentro del vientre de su madre Rebeca, ambos luchaban (Gén. 25:22). Y cuando llegó el momento para que Rebeca diera a luz, primero salió Esaú y después salió Jacob agarrado de una mano del talón de su hermano.

Cuando ambos crecieron, Jacob aprovechó que Esaú vino del campo agotado para que éste último le vendiera la primogenitura –o los derechos de ésta–. A lo que Esaú accedió (Gén. 25:33). Después, Jacob se hizo pasar por su hermano para que su padre Isaac le diera la bendición que era para Esaú.

Por esa razón, Esaú odió a su hermano y dijo que mataría a su hermano cuando pasaran los días de luto por la muerte de su padre. Al saber los planes de Esaú, Rebeca hizo que Jacob se fuera de su casa hasta que Esaú se calmara (Gén. 27).

Años más tarde, Esaú –y 400 hombres con él– fue a encontrarse con Jacob. Entonces Jacob, sabiendo que la relación con su hermano no era la mejor, tuvo mucho miedo y se angustió. Jacob tomó de lo que tenía y lo envió con sus siervos a Esaú como un regalo, pensando: “Lo apaciguaré con el presente que va delante de mí. Y después veré su rostro; quizá me acepte” (Génesis 32:20). La historia terminó mejor de lo que Jacob pensaba: Esaú corrió al encuentro de Jacob, lo abrazó y lo besó (Gén. 33:4).

Continuar leyendo La propiciación ilustrada.

Tú eres un milagro de Dios.

En Marcos 10 se relata el encuentro con Jesús de un hombre que lo tenía casi todo (juventud, dinero, poder, cierto conocimiento de la Biblia). Ese hombre fue corriendo a Jesús y se hincó ante Él porque sabía que le faltaba algo. Sin embargo, ese hombre no reconoció que Jesús era [y sigue siendo] más que un maestro bueno –¡Jesús es Dios!– ni ese hombre estaba dispuesto a soltar lo que ya tenía para recibir lo que él más necesitaba –la vida eterna–. Y por eso ese hombre se alejó de Jesús muy triste.

Esta fue la respuesta de Jesús:

“Jesús, mirando en derredor, dijo a Sus discípulos: «¡Qué difícil será para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!»… [los discípulos] se asombraron aún más, diciendo entre sí: «¿Y quién podrá salvarse?». Mirándolos Jesús, dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios»” (Marcos 10:23, 26-27).

IMPOSIBLE PARA LOS HOMBRES

Los discípulos de Jesús, al igual que muchos judíos, pensaban que los ricos eran VIP [personas muy importantes] para Dios, personas con quienes Dios tenían un trato preferencial y que ellos (los ricos) estaban en primera fila para entrar al cielo. Por eso, al escuchar las palabras de Jesús, los discípulos estaban tan asombrados que se preguntaban quién podría ser salvo. En otras palabras: “si es así, nadie podrá ser salvo”.

Y la respuesta de Jesús no fue: “eso no fue lo que yo quise decir, me están malinterpretando”. Su respuesta tampoco fue: “bueno, unos pocos podrán ser salvos”. Jesús endurece aún más Sus Palabras: para los hombres eso es imposible.

Continuar leyendo Tú eres un milagro de Dios.

El ingrediente esencial para el crecimiento espiritual.

“Deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación” (1 Pedro 2:2).

En este versículo se nos manda: “deseen”. Eso es un deseo con vehemencia, un deseo intenso. En 2 Corintios 5:2 la palabra está acompañada con “gemidos”, lo cual nos muestra cuán fuerte es ese deseo.

Y en el pasaje que estamos estudiando se dice que este deseo debe ser como el de los niños recién nacidos por la leche. ¿Cuánto desean los niños recién nacidos la leche materna? La desean tanto que gritan con lágrimas por ella; algunos, incluso, hacen rabietas y no paran hasta tenerla. Es por eso que la NTV traduce esta línea de la siguiente manera: “pidan a gritos ese alimento nutritivo”. Así es que se nos manda a desear.

Ahora, ¿qué es lo que debemos desear con tanta intensidad? Obviamente no es la leche física. Más bien es “la leche espiritual no adulterada”. Espiritual porque es para nuestra alma. No adulterada porque es pura, no está mezclada. ¿Cuál es esta leche? Por el contexto sabemos que esa leche es la Palabra de Dios.

Y el versículo agrega “para que por ella crezcáis”. La Biblia, Palabra de Dios, es el medio por el cual crecemos espiritualmente. Por eso debemos desearla con vehemencia, con intensidad.

¿Por qué se nos llama a “desearla” y no simplemente leerla, meditarla u obedecerla? Ciertamente debemos hacer estas últimas cosas mencionadas, pero Pedro va al corazón mismo del asunto. El que no desea la Biblia no va a leerla, no va a meditar en ella y no va a obedecerla. Este deseo que Pedro nos manda a tener es el combustible de todo lo que hacemos con la Biblia. Y cuando yo mencione leer la Biblia, meditar en la Biblia y obedecer la Biblia me estoy refiriendo a las distintas expresiones de desear la Biblia. Con eso en mente, debemos desear leerla, deleitarnos en meditar en ella, anhelar obedecerla. Porque si no es así, no creceremos espiritualmente.

Continuar leyendo El ingrediente esencial para el crecimiento espiritual.