Me gusta escribir con la luz.

Me encanta la fotografía. Me encanta tomar mi cámara fotográfica, encuadrar, enfocar y presionar el disparador, para así capturar una imagen. Me gusta tanto la fotografía porque por ella puedo capturar y contemplar [por un largo tiempo] la bella imagen de la creación de Dios, una creación que cuenta la gloria de Dios (Sal. 19:1). Detenerme y contemplar la creación de Dios en detalle hace que mi corazón se llene de emoción y entone una alabanza al Creador.

Lamentablemente, muchos se han acostumbrado al ritmo rápido de este mundo y no observan con detenimiento la creación de Dios. Otros se han acostumbrado de tal manera a la creación de Dios, que muchas veces no les parece tan maravillosa como en realidad ella es (Sal. 72:18; 77:14; 86:10). Pero con la fotografía yo puedo capturar algunos detalles de la creación de Dios, contemplarlos y repetir las palabras del salmista: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras. En ellos puso una tienda para el sol, y éste, como un esposo que sale de su alcoba, se regocija cual hombre fuerte al correr su carrera. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el otro extremo de ellos; y nada hay que se esconda de su calor” (Salmos 19:1-6). Y cantar las palabras de Folliott S. Pierpoint en su himno Por la excelsa majestad: Continúa leyendo Me gusta escribir con la luz.

Compasión por el alma y el cuerpo.

Mientras Jesús caminó sobre esta tierra, Él predicó, enseñó y salvó a muchas personas (Mt. 9:35; Jn. 4:39-42); pero también Jesús sanó a muchos de distintas enfermedades y alimentó a una gran multitud –en todo esto Dios fue glorificado. Jesús manifestó compasión, se preocupó, por el alma de las personas y sanó la principal enfermedad de estas: el pecado. Pero también, Jesús manifestó compasión, se preocupó, por el cuerpo de las personas, al suplirles alimento y darles sanidad. Nosotros, como seguidores de Jesús, debemos recordar esto: Jesús se preocupó principalmente por el alma de las personas, pero no olvidó, no descuidó, sus cuerpos.

En Mateo 14:13-21 encontramos a Jesús con 5,000 hombres «sin contar las mujeres y los niños» (si se hubieran contado las mujeres y los niños, la cifra sería de más de 10,000 personas). El versículo 15 nos muestra como los discípulos de Jesús se compadecieron de la multitud, pues le sugirieron a Jesús que despidiera a la multitud para que ésta pudiera comprar algo de comer. Pero el versículo 14 nos dice que mucho antes de que los discípulos le dijeran esas palabras a Jesús, Él ya había sido movido a compasión: “Y al desembarcar, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos”. La compasión de Jesús le llevó a sanar a los enfermos: “y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermos” (v. 14b); y a alimentar a los hambrientos: “Y ordenando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentos , y partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud. Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenas” (vv. 19,20).

En Marcos 6:30-441 (pasaje paralelo), específicamente el versículo 34 dice: “Al desembarcar, El vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas”. Aquí se nos dice que la compasión  de Jesús por la multitud le llevó a enseñarles muchas cosas.

Nosotros, como seguidores de Jesús, debemos preocuparnos primeramente por el alma de las personas (predicando el evangelio), pero también por sus cuerpos (supliendo sus necesidades físicas siempre que esté dentro de nuestras posibilidades). Timothy Keller dijo: “Si deseas compartir tu fe con la gente necesitada, pero no haces nada por ellos en sus condiciones dolorosas, dejarás de mostrarles la belleza de Cristo”. Si predicamos la el evangelio, pero no alimentamos con pan los estómagos vacíos –teniendo la posibilidad de hacerlo; no nos parecemos a Cristo. Si alimentamos con pan los estómagos vacíos, pero no predicamos el evangelio; tampoco nos parecemos a Cristo. Si queremos parecernos a Cristo, tengamos compasión tanto por el alma como por el cuerpo de las personas.

Termino con las siguientes palabras de Jonathan Edwards: “Personas muestran amor por los demás en cuanto a sus necesidades físicas, más no tienen amor por sus almas. Otros pretenden un gran amor por las almas de los hombres sin tener compasión por sus cuerpos. (Aparentar gran compasión y angustia por las almas puede no costarnos nada; para mostrar misericordia a los cuerpos de los hombres, tenemos que soltar la billetera.) El verdadero amor Cristiano se extiende tanto a las almas como a los cuerpos de nuestro prójimo. Así fue la compasión de Cristo como la vemos en Marcos 6:33-44. Su compasión por las almas de la gente lo movía a enseñarles, y su compasión por sus cuerpos lo movía a alimentarles con el milagro de los cinco panes y dos peces2”.


1 Este pasaje no se oponen al de Mateo, sino que lo complementa.

2 Jonathan Edwards. Los afectos religiosos (USA: Publicaciones Faro de Gracia, 2000), pp. 78,79.

¿Siempre debemos obedecer a las autoridades?

Romanos 13:1-7 dice:

“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella,  pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. Por tanto, es necesario someterse, no sólo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto. Pagad a todos lo que debáis; al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor”.

En el pasaje bíblico anterior se nos manda a someternos a las autoridades que gobiernan. ¿Por qué? Porque todas las autoridades que hay, por Dios son constituidas (v. 1). Se dice en Daniel 2:21 que Dios es quien «quita reyes y pone reyes». Por lo tanto, como dice el versículo 2, aquella persona que resiste a las autoridades, se opone a lo ordenado por Dios. Además, las autoridades existen para nuestro bien (v. 4). Por lo tanto, debemos obedecer a las autoridades siempre que sus mandatos no vayan en desacuerdo a la voluntad de Dios.

Ahora, ¿qué si las autoridades, gobernando incorrectamente, nos mandan a hacer algo que va en contra de la voluntad de Dios revelada en Su Palabra? El siguiente comentario de Samuel Waldron nos ayudará a responder esta pregunta: “Pablo no dice que todo mandamiento de la autoridad civil esté ordenado por Dios. Sólo dice que la autoridad misma está establecida por Dios” (Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, p. 266). Pedro y Juan varias veces encontraron en esa situación. En Hechos 4 se relata que Pedro y Juan fueron encarcelados (v. 3), presentados ante las autoridades (v. 7) y estas «les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesús» (v. 18). ¿Cuál fue la respuesta de los apóstoles? “Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:19,20). No es justo delante de Dios obedecer a los hombres antes que a Él (Dios). En Hechos 5 leemos algo similar. Los apóstoles fueron otra vez arrestados (vv. 18,26), los presentaron ante las autoridades (v. 27) y le dijeron: “Os dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este nombre” (v. 28). Pero los apóstoles respondieron: “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (v. 29). Así que, cuando las autoridades nos mandan a hacer algo que va en contra de la voluntad de Dios; debemos, con mansedumbre y respeto (Hch. 23:5; 1 P. 3:15), negarnos a obedecer –porque es justo obedecer a Dios antes que a los hombres.