Mi destino eterno.

¿Cree usted que Jesús es la persona a la que usted podría confiarle su vida por toda la eternidad?” –pregunta Wayne Grudem en la sección de preguntas de aplicación personal de su Teología Sistemática. Recuerdo la primera vez que leí esta pregunta, estaba leyendo el capítulo 26 (acerca de la persona de Cristo) de la Teología Sistemática de Grudem como parte de las tareas asignadas en el seminario de teología. Ya era tiempo de ir a la cama, pero esa pregunta me puso a pensar mucho. Cómo dormiría esa noche dependería de qué respuesta diera a esa pregunta.

Mi padre me dijo en una ocasión –mientras nos dirigíamos a una barbería: “No le confíes tu cuello a cualquier persona“. Entendí lo que mi padre quiso significar con esas palabras: cada vez que me estuviera en el asiento de una barbería, mi cuello (mi vida) estaba en juego; por lo tanto, debía ser muy cuidadoso con quién sería mi barbero. Ahora, nótese que la pregunta de Grudem hace referencia a la vida «por toda la eternidad». Es decir que aquí estamos hablando de mi destino eterno. Nótese, también, que la pregunta de Grudem no es si crees que Jesús es una persona a quien podrías confiarle tu destino eterno, sino que dice: “la persona”. Es decir, la única, la mejor persona.

Mi respuesta a la pregunta es afirmativa: “Sí, estoy plenamente convencido de que Jesús es la persona a la cual podría confiarle mi vida por toda la eternidad –y la he confiado a Él. Pues Él es mi Señor (Lc. 2:11), Él es el Mesías prometido por Dios (Jn. 4:25,26), Él es el único y suficiente salvador (Mt. 1:21). Sólo Él vivió en obediencia a la ley de Dios y nunca pecó. Vivió para mi salvación (Ro. 5:10), murió para el perdón de mis pecados (Is. 53:5) y resucitó para mi justificación (Ro. 4:25). Yo creó en Sus palabras como certísimas: “al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera… En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna” (Jn. 6:37,47)”.

Querido lector, ahora yo te pregunto –responde con sinceridad: ¿Crees tú que Jesús es la persona a la que podrías confiarle tu vida por toda la eternidad? J. C. Ryle dijo, acerca de un cristiano verdadero, que «quizá a veces diga que se siente como que no tiene nada de fe. Pero pregúntele si está dispuesto a confiar en otra cosa en lugar de Cristo, y vea lo que dice. Pregúntele si está dispuesto a basar su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, su pastor o su iglesia, y note su respuesta». Tu destino eterno está en juego y éste es demasiado importante como para dejarlo en mano de cualquier persona. ¿A quién confiaras tu destino eterno? Si lo confías a otra persona que no sea Jesús, ciertamente serás avergonzado. ¡Confía en, entrégate a Jesús!

Me gusta escribir con la luz.

Me encanta la fotografía. Me encanta tomar mi cámara fotográfica, encuadrar, enfocar y presionar el disparador, para así capturar una imagen. Me gusta tanto la fotografía porque por ella puedo capturar y contemplar [por un largo tiempo] la bella imagen de la creación de Dios, una creación que cuenta la gloria de Dios (Sal. 19:1). Detenerme y contemplar la creación de Dios en detalle hace que mi corazón se llene de emoción y entone una alabanza al Creador.

Lamentablemente, muchos se han acostumbrado al ritmo rápido de este mundo y no observan con detenimiento la creación de Dios. Otros se han acostumbrado de tal manera a la creación de Dios, que muchas veces no les parece tan maravillosa como en realidad ella es (Sal. 72:18; 77:14; 86:10). Pero con la fotografía yo puedo capturar algunos detalles de la creación de Dios, contemplarlos y repetir las palabras del salmista: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras. En ellos puso una tienda para el sol, y éste, como un esposo que sale de su alcoba, se regocija cual hombre fuerte al correr su carrera. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el otro extremo de ellos; y nada hay que se esconda de su calor” (Salmos 19:1-6). Y cantar las palabras de Folliott S. Pierpoint en su himno Por la excelsa majestad: Continúa leyendo Me gusta escribir con la luz.