Nuevo nacimiento, conflicto RD-Haití y guerra Israel-Hamas.

En el capítulo 8 de su libro Finally Alive [“¡Más vivo que nunca!” en español], John Piper dice que él piensa mucho en la relevancia. Y también dice que la relevancia que guía sus sermones y sus escritos es el tipo de relevancia que hace una diferencia significativa en las vidas de su audiencia sea que ellos lo sientan así o no.

Muchas personas piensan que el nuevo nacimiento, o la regeneración, “no tiene nada que ver con los problemas reales que el mundo está enfrentando”. A lo que Piper responde:


Estarían equivocados, en primer lugar, al no ver que lo que Jesús quiso decir con el nuevo nacimiento es sumamente relevante para el racismo y el calentamiento global, y el aborto y la atención médica y todos los demás temas de nuestros días.

[…]

Y se equivocarían, en segundo lugar, al pensar que esos son los problemas más importantes en la vida. No lo son. Estos son cuestiones de vida o muerte. Pero no son los más importantes, porque se ocupan del alivio del sufrimiento durante esta breve vida terrenal, no del alivio del sufrimiento durante la eternidad que sigue. O para decirlo positivamente, tratan sobre cómo maximizar el bienestar por ochenta años aproximadamente, pero no con cómo maximizar el bienestar en la presencia de Dios por ochenta billones de años y más.

[…]

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Cuando lo poco es mucho.

Los milagros son peculiares en el sentido de que no son habituales o frecuentes. Y dentro de los milagros de Jesús, hay uno que es incluso más peculiar. Éste es uno de los dos milagros que se registran en los cuatro evangelios. Éste se encuentra registrado en el capítulo más largo de Juan. Éste, a diferencia del milagro en las bodas de Caná (Juan 2), fue presenciado y experimentado personalmente por miles de personas. Después de llenar 5 mil estómagos es muy difícil negar el milagro de Jesús.

El milagro al cual me refiero fue el de la alimentación de los [más de] 5 mil. Con este milagro Jesús alimentó a 5 mil personas (sin contar a las mujeres y los niños) que se habían reunido para que Jesús las sanara y les enseñara.

Jesús no alimentó a esa gran multitud de la nada –aunque Él podía hacerlo sin problema–. Él alimentó a la gran multitud de casi nada: de cinco panes de cebada y dos peces pequeños. Eso podría ser la comida de un par de personas, no de 5 mil personas. Por eso Andrés, hermano de Simón Pedro, preguntó: “¿qué es esto para tantos?”. Andrés estaba poniendo en sus propias palabras algo que Felipe, otro discípulo de Jesús, había dicho anteriormente: “Doscientos denarios de pan no les bastarán para que cada uno reciba un pedazo”. Ninguno tenía provisión suficiente para tanta gente. Pero Jesús demostró ser el Proveedor supremo. Él es el único que puede sumar 5 más 2 y obtener como resultado 5,000.

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