¿Ser creyente me protege del coronavirus? Job responde

Job es descrito, en el libro que lleva su mismo nombre, de la siguiente manera: “y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (1:1). En otras palabras, Job era un creyente que había sido justificado por Dios y que buscaba vivir en santidad. Lo cual también se puede decir de todo cristiano verdadero.

A partir de la experiencia de Job, que se relata en la Biblia, podemos saber si ser creyentes nos exime de aflicciones o, para para ser más específicos, de ser contagiados con el Covid-19 o alguna otra enfermedad.

VALLA PROTECTORA

Job 1 relata como seres espirituales, Satanás incluido, vinieron a presentarse delante de Dios. Cuando Dios le habló a Satanás acerca de Job, Satanás le respondió: “¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados?” (v. 10). Esas palabras no eran una mentira ni una exageración. Dios ciertamente había hecho una valla –obviamente no literalmente– alrededor de Job y todo lo que tenía. Eso se confirma en el hecho de que Satanás no pudo tocar a Job y sus posesiones hasta que Dios le dio el permiso.

Anterior a esa declaración, Satanás le había dicho a Dios: “¿Acaso teme Job a Dios de balde?” (v. 9). Es decir que el privilegio que tenía Job es un privilegio que tienen todos aquellos que temen a Dios: Dios tiene una valla protectora alrededor de todos Sus hijos, para que nada pueda tocarlos sin Su permiso. Vuelvo a repetir: para que nada pueda tocarlos sin Su permiso. Y ese nada incluye la enfermedad del coronavirus. Continuar leyendo ¿Ser creyente me protege del coronavirus? Job responde

Lo más efectivo contra el coronavirus.

El Covid-19 es una enfermedad infecciosa causada por SARS-CoV-2, que es uno de los virus de la amplia familia de los Coronavirus (CoV). La enfermedad del coronavirus se reportó por primera vez en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan (China). Y para el momento en el que estoy escribiendo este breve artículo se han confirmado 181,305 casos de Covid-19 y 7,116 muertes alrededor del mundo debido a esta enfermedad.

La enfermedad produce síntomas similares a la gripe, algunos de ellos son: fiebre, tos y dificultad para respirar. Y su mortalidad promedio es de un 3%.

Entre las medidas a tomar para evitar esta enfermedad están: evita tocar objetos que están en público o desinfecta sus superficies; evita tocar tus ojos, nariz o boca; lava tus manos con jabón por alrededor de 20 segundos; mantén la distancia de personas con síntomas de la gripe; si tú toses o estornudas, cúbrete la boca con el codo flexionado o con un pañuelo.

Ahora quiero compartir lo más efectivo contra la enfermedad del coronavirus. Esto es algo que la OMS (Organización Mundial de la Salud) no te dirá:

“Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmos 127:1).

La guardia (atalaya, centinelas) eran personas colocadas en la parte más alta del muro de la ciudad con la misión de advertir a sus habitantes sobre la llegada de un enemigo o informarles sobre la llegada de un mensajero. Debido a que el destino de la ciudad dependía de la guardia, ésta no podía dormirse en su labor.

Ahora, nótese como el escritor de este salmo (Salomón) dice que si Dios no guarda la ciudad, es en vano todo lo que haga la guardia. En otras palabras, tener la mejor guardia sin tener a Dios es como no tener nada. El mensaje que Salomón (inspirado por Dios) quiere que recibamos es que, en última instancia, Dios es quien protege y todos nosotros dependemos de Él.

Se están tomando muchas medidas alrededor del mundo para evitar la propagación de Covid-19; pero, sin Dios, todas esas medidas van a fracasar. ¿Por qué? Porque la protección de Dios es lo más efectivo contra el coronavirus. Eso no quiere decir que vamos a ignorar las medidas sugeridas por las autoridades pertinentes. Sí vamos a hacer caso, porque el Dios que obra por encima de los medios es también quien generalmente obra a través de ellos. Dios puede –y generalmente lo hace así– estar detrás de esas medidas que tomamos prosperándolas.

Así que, oremos para que Dios proteja a nuestra nación y a nosotros como individuos de esta enfermedad, tomemos las medias necesarias y confiemos en Dios como nuestro protector último.

Del coronavirus al evangelio.

En Lucas 13 se relata como Jesús aprovechó dos acontecimientos (“los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios” y los “dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató”) de Su época para llamar a los pecadores al arrepentimiento.

Estamos en un tiempo particular: el Covid-19 se ha convertido en una pandemia y, como ha de esperarse, todo el mundo está hablando de esto. Como Jesús, aprovechemos la oportunidad que tenemos para predicar el evangelio –partiendo de nuestra situación actual–. He aquí tres de muchas maneras en las que podemos hacerlo:

SI NO TE ARREPIENTES, PERECERÁS

Volviendo a Lucas 13, Jesús dejó claro que ni los galileos que murieron ni los dieciocho sobre los que cayó la torre eran más pecadores que los demás y que si los demás no se arrepentían, iban también a perecer.

Cuando ocurren cosas como esas –o como las que estamos viviendo actualmente–, muchas personas opinan sobre el porqué cierta persona murió o cierto grupo de personas murieron. Yo particularmente he escuchado a personas dar razones de por qué es un juicio de Dios que el Covid-19 haya afectado tanto a China e Italia. Pero que esos países fueran más afectados o que ciertas personas hayan muerto no es necesariamente debido a que ellos eran más pecadores que los demás. Continuar leyendo Del coronavirus al evangelio.

¿Son todos los pecados iguales para Dios?

Hay un sentido en el cual podemos decir que sí, todos los pecados son iguales para Dios: absolutamente todo pecado merece el castigo eterno.

En Levítico 4 encontramos cual era la ley de Dios para los pecados inadvertidos o cometidos por error. Y lo que me llama la atención de este capítulo es que aunque éstos son inadvertidos o cometidos por error (v. 13), aun así Dios les sigue llamando “pecados”. Y el hecho de que tengan que ofrecerse sacrificios es prueba de que esos pecados merecen castigo.

En Mateo 5 Jesús contrasta una interpretación superficial de la ley de Dios con la interpretación verdadera de la ley de Dios. Jesús dice que aquel que mira y codicia a alguien que no es su cónyuge adultera en su corazón (v. 27). “¡Pero ni siquiera me he acostado con esa otra persona!” –alguien podría objetar–. Pero Jesús insiste y dice que esa clase de adúlteros son merecedores del infierno (v. 30).

No hay pecado tan “pequeño” que Dios, en Su justicia, pueda simplemente ignorar.

Hay otro sentido en el cual podemos decir que no, no todos los pecados son iguales para Dios: hay pecados que serán castigados más severamente.

En Juan 19:11 Jesús le dice a Pilato: “el que me entregó a ti tiene mayor pecado”. El que Pilato hiciera que Jesús, un hombre inocente, fuera crucificado era un pecado –aunque él se lavara las manos–. Pero que Judas, quien anduvo con Jesús por tres años, lo traicionara era un mayor pecado.

En Mateo 11:20-24 Jesús denuncia a ciudades en las que Él había hecho muchos de Sus milagros y, aún así, no se habían arrepentido: “en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para [Corazín y Betsaida]… en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para [Capernaúm]”. Nótese que Jesús no dice que Tiro, Sidón y Sodoma no serán castigadas por sus pecados; pero sí dice que el castigo para esas ciudades será más tolerable.

Mientras más conocimiento o privilegios tenga el pecador impenitente, más severo será su castigo (véase también Lucas 12:47).

En resumen: todo pecado merece castigo, pero hay ciertos pecados que serán castigados más severamente.

La esperanza para los pecadores no está en el hecho de que algunos han cometido pecados “pequeños” en comparación a los pecados de otros. Recordemos que todo pecado merece el castigo eterno. Y nada menos que eso. La esperanza para los pecadores está en Jesús, para quien no hubo pecado tan ligero que Él pasara por alto ni pecado tan serio que Él no pagara en la cruz.