1. Confiesa todo pecado conocido.
2. Busca a Dios.
3. BĂşscalo con diligencia.
4. ConfĂa en que Dios se dejará encontrar por ti.
Etiqueta: Arrepentimiento
¿Cómo amar más a Jesús?
«Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama» (Lucas 7:47. RVR1960).
El ladrĂłn que fue al paraĂso.
El relato del ladrĂłn sobre la cruz es una descripciĂłn gráfica de lo que significa ser salvo por gracia: ese ladrĂłn merecĂa todo lo opuesto a lo que recibiĂł. Él merecĂa el tormento eterno del infierno lejos de la presencia y bendiciĂłn de JesĂşs, pero obtuvo el paraĂso con JesĂşs.
El Rey que ruega.
“Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡ReconcĂliense con Dios!” (2 Corintios 5:20).
En 2 Corintios 5 se nos presenta a Dios (el ofendido) dando el primer paso en la reconciliación consigo del mundo (los ofensores). Pero eso no es todo, también encontramos a Dios (el Rey ofendido) rogándole al mundo (los traidores ofensores) que se reconcilien con Él. No es meramente llamándole o pidiéndole, es rogándole –llamamiento cerca, personal, un anhelo, un deseo–.
Todos nosotros los cristianos, los que predicamos el evangelio de Jesucristo, dice el versĂculo que «somos embajadores». Y un embajador representa al rey en el lugar donde está y transmite el mensaje del rey tal como Ă©ste lo ha pronunciado. AsĂ que aunque es cierto que este ruego viene por medio de nosotros, no es menos cierto que es Dios por medio de nosotros cada vez que el evangelio es fielmente predicado.
Imagina la siguiente escena conmigo: “¿¡Qué estás haciendo!?”, le dice uno de los oficiales al Rey, “¡Ellos te pertenecen! ¡Tú no los necesitas!”. A lo que el Rey responde: “¿No lo entiendes? Mi gloria no es un accesorio con lo cual yo me visto, sino mi perfecto ser, mi hermoso carácter. Yo soy movido a compasión al ver las multitudes como ovejas dispersas que no tienen pastor (Mat. 9:36). Yo soy el que se lamenta por aquellos que son tercos en sus pecados (Lc. 23:37). Yo soy el que quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Ti. 2:4). Yo no tan sólo muestro amor, yo soy el amor mismo (1 Jn. 4:8). Yo no hago esto porque yo los necesite. Yo lo hago porque yo soy asà y no tengo razón por la cual excusarme o cambiar”.
Ahora escucha al Rey rogar: “Vengan ahora, y razonemos», dice el Señor, «Aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesĂ, como blanca lana quedarán” (Is. 1:18); “Todos los sedientos, vengan a las aguas; y los que no tengan dinero, vengan, compren y coman. Vengan, compren vino y leche sin dinero y sin costo alguno. ÂżPor quĂ© gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no sacia? EscĂşchenme atentamente, y coman lo que es bueno, y se deleitará su alma en la abundancia” (Is. 55:1, 2); “Vivo Yo… que no me complazco en la muerte del impĂo, sino en que el impĂo se aparte de su camino y viva. VuĂ©lvanse, vuĂ©lvanse de sus malos caminos. ÂżPor quĂ© han de morir, oh casa de Israel?” (Ez. 33:11).
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