Estrategias de crecimiento de iglesias.

Joven en iglesia

Hoy en día hay una exagerada preocupación por el crecimiento numérico de las iglesias. Esa exagerada preocupación se ve en muchos miembros cuando hacen la siguiente pregunta: «¿Y cuántos miembros tiene tu iglesia?». Pero también, esa exagerada preocupación se ve en muchos líderes de iglesias que usan el mercadeo y la publicidad para atraer más personas a la iglesia. El problema con eso es que la iglesia no es un lugar para entretener cabras, sino para alimentar ovejas.

CRECIMIENTO ESPIRITUAL

Nuestro enfoque y ocupación debe ser el crecimiento espiritual de la iglesia –sin importar cuál sea la cantidad de miembros de esta iglesia–. Hechos 2:42, por medio del ejemplo de la iglesia primitiva, nos dice qué deberíamos hacer: “Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración”. La perseverancia es importante para continuar en las siguiente cuatro cosas a pesar del cansancio interno y de la presión externa.

La iglesia se dedicaba continuamente a la enseñanza de los apóstoles. La enseñanza de los apóstoles es Jesucristo y todo lo que Él ha mandado. Y la iglesia se dedicaba a la fiel exposición y a la diligente práctica de la enseñanza de los apóstoles. No eran discursos motivacionales, ni solamente testimonios, ni solamente alabanzas, ni dramas lo que tenía lugar cuando la iglesia se congregaba; sino la predicación de la Palabra de Dios. Y lo interesante es que la Palabra de Dios fue el medio que el Espíritu Santo utilizó para salvarlos, «como tres mil personas» (v. 41). Continuar leyendo Estrategias de crecimiento de iglesias.

La enfermedad más terrible del corazón.

Hay una enfermedad que amenaza nuestros corazones: incredulidad que lleva al corazón a endurecerse. Y el remedio contra esta terrible enfermedad es la exhortación cada día.

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PSC16: La iglesia prevalecerá.

JOHN MACARTHUR: SOLI DEO GLORIA

ALBERT MOHLER: LAS AMENAZAS A LO LARGO DE LA HISTORIA

MARK DEVER: RESPONDIENDO A TIEMPOS DIFÍCILES

Puede ver todas las sesiones de esta conferencia aquí: https://www.youtube.com/playlist?list=PLMvvgc4F6CvXi_ebbZzPaYxBbAhpDSTPW

La fuerza y constancia del amor de Dios [II]

Jesed no se trata de una mera emoción sin compromiso de parte de Dios. Jesed tampoco se trata de un mero compromiso sin afecto de parte de Dios. Jesed, en relación con Dios, se trata del amor perpetuo de Dios por Su pueblo.

Y una vez nosotros mismos hemos gustado ese amor en Jesucristo, entonces veámoslo como el modelo para todo matrimonio. Y eso es adecuado ya que Dios constantemente ilustra Su amor por Su pueblo con el amor de un esposo por su esposa (Os. 2:19, 20) y, además, el matrimonio es una representación de la relación entre Jesucristo y Su iglesia (Ef. 5:23-33). Y antes de proseguir quiero dirigirme brevemente a los esposos: cuando Dios deje de relacionarse con Su pueblo con ese amor perpetuo –algo que nunca pasará– tú podrás dejar de relacionarte con tu esposa así.

El matrimonio no se trata de una emoción débil, que va y viene, y que puede dejar de ser. Más bien se trata de una firme determinación y acción de permanecer fiel al pacto, se trata de permanecer comprometidos a pesar de las debilidades y pecados del otro. Ahora, el matrimonio tampoco se trata de una determinación sin afectos, que viene de un corazón frío. Más bien se trata de una determinación, un compromiso gozoso, con deleite, con un sincero deseo de agradar al otro (i.e. Amor real, sin fingimiento). Vuelvo a repetir que no se trata de una mera emoción sin compromiso, ni tampoco de un mero compromiso sin afecto; se trata de un amor perpetuo.

Si Dios ama perpetuamente a Su pueblo, ¿cómo haremos nosotros algo menor a eso? ¿Acaso eres mayor que Dios para no amar perpetuamente a tu cónyuge? ¿Acaso las debilidades y pecados de tu cónyuge son más que tus debilidades y pecados para con Dios pero que aun así Él te sigue amando? ¡Oh, que Dios haga abundar esta gracia en los matrimonios presentes, y en los futuros, para nuestro bien y Su gloria en y a través de nosotros! Amén.

1ra parte; 2da parte