“Venid ahora, y razonemos —dice el SEĂ‘OR— aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesĂ, como blanca lana quedarán” (IsaĂas 1:18).
NĂłtese que es Dios mismo quien empieza llamándonos a acercarnos a Él para recibir la limpieza de la mancha de nuestra iniquidad, el perdĂłn de nuestros pecados. Dios utiliza dos ejemplos para transmitir el mismo mensaje: “[1] aunque vuestros pecados sean como la grana… [2] aunque sean rojos como el carmesĂ”. Tanto la grana como el carmesĂ son de color rojo intenso. Es como si Dios dijera: “Aun si sus pecados fueran tan grandes…”. Y Dios continĂşa diciendo: “[1] como la nieve serán emblanquecidos… [2] como blanca lana quedarán”. Ahora Dios lleva el ejemplo al otro extremo, del rojo muy intenso al blanco más puro. Dios no dice que despuĂ©s de limpiar los pecados, que son como rojo intenso, quedaran sĂłlo rojos. Dios tampoco dice que despuĂ©s de limpiar los pecados, que son como rojo intenso, quedarán color rosa. Dios dice que despuĂ©s de limpiar los pecados, que son como rojo intenso, quedarán perfectamente blancos. No habrá mancha en lo absoluto, el pecado será limpiado hasta que no quede rastro alguno (Jer. 50:20).
¿Qué es eso tan poderoso y eficaz que Dios utiliza para limpiar el pecado? “la sangre de Jesús su Hijo [es la que] nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7). Aunque Jesucristo nunca pecó, Su vida nunca se manchó con el pecado, Él derramó Su preciosa sangre en la cruz del calvario para limpiar todos nuestros pecados (pasados, presentes y futuros).
EXHORTACIÓN FINAL
Si no eres cristiano, acércate a Dios por los méritos de Jesucristo para tu salvación. Acércate a Dios, arrepentido de todos tus pecados y confiando sólo en Jesucristo como tu Salvador y Señor que hoy vive. Entonces, no sólo serás perdonado tu pecado, sino que también serás salvado del dominio de éste y tendrás vida eterna. Estas palabras también son para ti: “Regresa, infiel Israel” —declara el SEÑOR—, “no te miraré con ira, porque soy misericordioso” —declara el SEÑOR—; “no guardaré rencor para siempre” (Jer. 3:12).
Si eres cristiano, te pregunto: ÂżEn base a quĂ© (debido a quĂ©) le pides a Dios que perdone tus pecados? ÂżEn base a tu obediencia futura? ÂżO en base a la sangre de Jesucristo derramada a tu favor? C. J. Mahaney dijo: “La obediencia futura sĂ es importante, pero es imposible resolver los asuntos del ayer haciendo mejor las cosas el dĂa de mañana. Nuestras promesas de obediencia futura, aunque sean sinceras, no pueden resolver la condenaciĂłn por los pecados pasados” (Vivamos centrados en la cruz, p. 118). Recuerda que el perdĂłn de pecados que viene de Dios no es debido a nuestra obediencia, sino a la preciosa sangre de Jesucristo –sĂłlo Ă©sta es eficaz para limpiarnos–.
1ra parte; 2da parte
