Gracias / Tu fidelidad

LETRA

[Estrofa 1]
Me has tomado en tus brazos
y me has dado salvaciĂłn,
de tu amor has derramado
en mi corazĂłn.
No sabré agradecerte
lo que has hecho por mĂ­,
solo puedo darte ahora mi corazĂłn.

[Coro 1]
Gracias, gracias, Señor,
gracias, mi Señor Jesús.
Gracias, muchas gracias, Señor,
gracias, mi Señor Jesús.

[Estrofa 2]
En la cruz diste tu vida,
entregaste todo ahĂ­,
vida eterna regalaste al morir.
Por tu sangre tengo entrada
ante el trono celestial,
puedo entrar confiadamente ante ti.

[Coro 2]
Para darte las gracias,
gracias, Señor,
gracias, mi Señor Jesús.
Te damos gracias, muchas gracias, Señor,
gracias, mi Señor Jesús.

[Coro 3]
Tu fidelidad es grande,
tu fidelidad incomparable es.
Nadie como tú, bendito Dios…
grande es tu fidelidad.

Signos Vitales: no practica el pecado

En este sermón profundizaremos en lo que significa practicar el pecado, veremos que quien lo practica no tiene vida eterna y entenderemos por qué nosotros podemos estar absolutamente seguros de ello.

Una poderosa razĂłn para amar.

En la primera carta del apóstol Juan, él (inspirado por Dios) da un mandamiento que todo aquel que tiene vida eterna no solo leerá, sino que también obedecerá: amar. Específicamente, amar a los hermanos en la fe (1 Juan 2:7-11). Pero Juan no solo nos manda a amar, sino que nos reta a hacerlo de una manera práctica y genuina. Nos dice que debemos amar «de hecho y en verdad» (1 Juan 3:11-18).

Pero eso no es todo. Juan nos da una poderosa razĂłn para amar:

Dios es amor

“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a Su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto nadie. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y Su amor se perfecciona en nosotros” (1 Juan 4:7–12).

¿Por qué debemos amarnos? La respuesta es clara: «porque el amor es de Dios». En otras palabras, el amor viene de Dios. El amor no es un invento humano ni una emoción pasajera; su origen está en Dios mismo.

Por eso, Juan concluye que todo aquel que ama ha nacido de Dios y lo conoce. No se trata solo de saber que Dios existe, sino de tener una relación cercana con Él. Y lo contrario también es cierto: el que no ama, no ha conocido a Dios. Puede saber muchas cosas acerca de Dios, pero no lo ha conocido realmente.

Continuar leyendo Una poderosa razĂłn para amar.