El corazón del evangelio.

Predicador: Juan José Pérez.
Pasaje bíblico: Romanos 3:21-26.

¿DE QUÉ HABLA EL PASAJE?

De “la justicia de Dios” (v. 21).

¿CUÁL ES ESTA JUSTICIA?

La justicia de la que habla el pasaje (v. 21) es precisamente esa justicia que el pecador (tanto judío como gentil) no tiene, pero que necesita para poder entrar a la presencia de Dios. No hay manera, entonces, de que el hombre pueda entrar a la presencia de Dios, a menos que Dios mismo le de esa justicia.

¿QUÉ SE DICE DE ESA JUSTICIA?

“Se ha manifestado” (v. 21). ¡Una magnifica noticia! Esa justicia que desesperadamente necesitamos se ha hecho visible, clara, manifiesta y conocida.

¿CÓMO SE HA REVELADO ÉSTA?

  • Negativamente: “Aparte de la ley”.
  • Positivamente: “La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo”.

¿CÓMO SE RECIBE ESTA JUSTICIA?

“Por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en El” (v. 22). La fe es el medio para recibir la justicia de Dios. Para que el pecador reciba esta justicia, es necesario que abra las manos de la fe y la reciba. No se trata de abrir las manos para ofrecerle a Dios nuestras justicias (Is. 64:6), se trata de abrir las manos necesitadas para pedir y recibir la justicia que Dios mismo me da. Continúa leyendo El corazón del evangelio.

Inteligencia, emoción y adoración.

El término “adoración” indica postrarnos, con reverencia y sumisión, ante nuestro Señor. Aunque “adoración” abarca toda nuestra manera de vivir, en este artículo voy a concentrarme en la alabanza como adoración.

A lo largo de todo el libro de los Salmos encontramos, una y otra vez, llamados imperativos para adorar, alabar y exaltar a Dios. El Salmo 9:11 dice: “Cantad alabanzas al SEÑOR, que mora en Sion; proclamad entre los pueblos sus proezas“; Salmo 30:4: “Cantad alabanzas al SEÑOR, vosotros sus santos, y alabad su santo nombre“; Salmo 33:2: “Dad gracias al SEÑOR con la lira; cantadle alabanzas con el arpa de diez cuerdas“.

INTELIGENCIA

Dios no sólo nos llama a alabarle, sino que también nos dice cómo Él debe ser alabado. En el Salmos 47:6,7 leemos lo siguiente: “Cantad a Dios, cantad; cantad a nuestro Rey, cantad; porque Dios es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia” (RVR1960). El término hebreo que la Reina Valera traduce como “inteligencia” es “masquil”. Este mismo término se traduce como “entender” en el Salmo 14:2 y como “pensar” en el Salmo 41:1. Aunque el significado de “masquil” es incierto, sí sabemos que éste término implica que aquel que canta debe hacerlo con inteligencia o entendimiento. John Wesley dijo acerca del Salmo 47:7 que esto es un llamado a cantar a Dios «no formalmente y sin cuidado, sino seriamente, considerando la grandeza de este Rey a quien alabamos y la razón por la cual le alabamos». Así que, la alabanza a Dios no es meramente leer las letras de un cántico mientras seguimos un determinado ritmo; sino también considerar profundamente, meditar, en quien es Dios. ¿Dónde Dios ha revelado quién es Él? En Su Palabra y, de una manera palpable, en la persona de Jesucristo (Jn. 1:18). Es por eso, que los himnos y cánticos que entonamos a Dios deben estar saturados de Su Palabra y centrados en Jesucristo. Continúa leyendo Inteligencia, emoción y adoración.

El decreto de Dios [III]

Hay muchas cosas acerca del decreto de Dios que no entendemos a plenitud, pero como dijo un puritano: “La fe debe nadar donde la razón se ahoga”. Aunque mi mente finita no entienda muchas cosas acerca del decreto del Dios eterno, hay algo que sí entiendo: “Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley” (Dt. 29:29). Ni tú ni yo somos Dios, no podemos conocer las cosas secretas que sólo El conoce y sería un gran atrevimiento tratar de indagar en los archivos secretos de Dios. Sin embargo, tanto tú como yo tenemos la Palabra de Dios, donde está expresada Su voluntad preceptiva (voluntad revelada) y en ésta debemos enfocar nuestra mayor atención para obedecerla. Según Deuteronomio 29:29, las cosas secretas son pertenencia de Dios y de nadie más; pero las reveladas, Dios nos las dio (nos pertenecen) a nosotros. ¿Para qué? ¿Con qué propósito? Para (con el propósito de) que las guardemos, las cumplamos, las obedezcamos. Enfoquemos nuestra mayor atención en la voluntad preceptiva de Dios y confiemos en el Dios que cumplirá Su voluntad decretiva de una manera sabia (Sal. 104:24) y santa (Sal. 77:13), para Su gloria (Ef. 1:6) y el bien de los Suyos (Ef. 1:3).

Cito a Juan Calvino –quien habló de aquellos que quieren elevar su razón por encima de lo permitido en las Escrituras: “Si alguien con una seguridad descuidada, entra a este lugar, no podrá ser exitoso en satisfacer su curiosidad. Entrará a un laberinto del cual no encontrará salida; porque no está bien para el hombre el examinar cosas sin las restricciones que Dios ha puesto a los hombres y ha escondido, ni tampoco le es correcto [al hombre] investigar la sabiduría más sublime que en ciertos puntos Dios quiere que respetemos pero no que entendamos, para que aun en éste, su perfección sea manifiesta”. Continúa leyendo El decreto de Dios [III]

El decreto de Dios [II]

El decreto de Dios es universal; abarca toda clase de eventos o actos:

EVENTOS BUENOS Y MALOS (Génesis 37:28; 45:7,8; Job 1:21; Isaías 45:7; Amós 3:6; Santiago 1:17). 

Job capítulo 1 nos relata como éste (Job) perdió todo lo que tenía: sus bueyes y asnas, sus criados, sus ovejas y pastores, sus camellos, sus hijos e hijas. Y ante esta repentina y terrible calamidad, el versículo 21 nos dice cuál fue la reacción de Job: “y dijo [Job]: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR”. Job reconoció que Dios era el dador de las riquezas que él tenía (El SEÑOR dio), pero también reconoció que Dios era quien se las había quitado (el SEÑOR quitó).

ACTOS PECAMINOSOS (Génesis 50:19,20; 2 Samuel 24:1; Job 1:11,12; Lucas 22:22; Hechos 2:23; 4:27,28).

Como dije en la publicación anterior, Dios no es autor del pecado; Él no ama el pecado ni ama al pecador (Sal. 7:11).

Aun el pecado de los hombres está bajo el control de Dios. Esto garantiza que nada –ni siquiera el pecado– frustrará el propósito de Dios. ¿Cómo podría Dios afirmar que aquello que Él ha establecido se cumplirá, si el pecador (quien es enemigo de Dios) no estuviera bajo Su control absoluto? En Genesis 50:20, José le dijo a sus hermanos que ellos habían pensado hacerle mal, pero que Dios lo había tornado a bien. Dios había enviado a José a Egipto (Gn. 45:8), para que se preservara la vida de mucha gente al ser José gobernador de Egipto. Job 1:6,7,11,12 y 2 Samuel 24:1 (cf. 1 Cr. 21:1) nos enseñan que aun Satanás está bajo el control de Dios.

Samuel E. Waldron dijo: “Otro pensamiento que ayuda a aliviar este problema [el decreto de Dios abarca los actos pecaminosos] puede entreverse en los pasajes que hablan del decreto de Dios en cuanto a las acciones pecaminosas (Gn. 50:20; 2 S. 24:1; Hch. 2:23). En cada uno de estos pasajes está claro que la razón fundamental de Dios al decretar el pecado fue completamente pura. En el primero y el tercero, su motivación es clementemente redentora. En el segundo, es justamente retributiva1”. Continúa leyendo El decreto de Dios [II]