100 preguntas de conocimiento bíblico.

¿QUIÉN HIZO LO SIGUIENTE?

1. Escribió el libro de Hechos.
2. Aparecieron junto a Jesús en el Monte de la Transfiguración.
3. Dirigió la reconstrucción del muro de Jerusalén.
4. Mató a miles de Filisteos con la quijada de un burro.
5. Guió a los Israelitas a la tierra prometida.
6. Fue exiliado a la isla de Patmos donde escribió Apocalipsis.
7. Iba a maldecir a Israel, pero tuvo que bendecirlos.
8. Se convirtió en el primer rey de las 10 tribus que se separaron.
9. Rescató a David de su necio esposo Nabal.
10. Fue reprendido por Pablo por rechazar comer con los gentiles.

¿DÓNDE GEOGRÁFICAMENTE TUVIERON LUGAR LOS SIGUIENTES EVENTOS?

11. Dios le dio a Moisés los Diez Mandamientos.
12. Un platero causó un motín.
13. Elías tuvo una confrontación con los profetas de Baal.
14. Los creyentes fueron llamados por primera vez “cristianos”.
15. El río en el que Jesús fue bautizado.
16. Los muros de la ciudad colapsaron después de que los Israelitas marcharan alrededor de él.
17. Jesús caminó sobre el agua.
18. El lugar a donde Jonás estaba supuesto a ir cuando huyó a Tarsis.
19. El lugar a donde Pablo se dirigía cuando fue cegado en el camino.
20. El río en el que Ezequiel estaba con los exiliados cuando recibió una visión de Dios. Continuar leyendo 100 preguntas de conocimiento bíblico.

El evangelio en nuestra santificación.

Ya hemos visto como el evangelio no es sólo para los no-cristianos, sino que también el evangelio es para los cristianos –debido al pecado remanente–. Ahora, ¿Qué tiene que ver el evangelio en nuestra lucha contra el pecado? ¿Qué tiene que ver el evangelio en nuestra conformación al carácter de Jesucristo? ¿Qué tiene que ver el evangelio en nuestra santificación? Aquí está el pastor y autor Tim Chester para ayudarme a dar respuesta a esa pregunta:

“La clave para el cambio es retornar constantemente a la cruz. Una vida que cambia es un vida centrada en la cruz. En la cruz vemos nuestra fuente de santificación (Efesios 5:25-27; Colosenses 1:22; Tito 2:14). Encontramos esperanza, porque vemos el poder del pecado roto y la vieja naturaleza muerta. Nos vemos a nosotros mismos unidos a Cristo y comprados con su sangre. Vemos la gloriosa gracia de Dios en Jesucristo, muriendo por sus enemigos, el justo por los injustos. Vemos nuestra esperanza, nuestra vida, nuestros recursos, nuestro gozo. En la cruz encontramos la gracia, el poder, y el deleite en Dios que necesitamos para vencer el pecado.

Si no venimos a la cruz una y otra vez, nos sentiremos distantes de Dios, desconectados de su poder, e indiferentes a su gloria –y eso es una receta para el pecado” (You Can Change, p. 127).

Lo que Tim Chester está diciendo, en otras palabras, es que cuando nos predicamos y abrazamos el evangelio de Jesucristo constantemente esto es lo que pasa: Vivimos acorde a la verdad de que la gracia de Dios en Jesucristo no solamente perdona todos nuestros pecados (Ef. 1:7), sino que también nos capacita para renunciar al pecado y vivir para Dios (Ti. 2:12). Nos negamos a presentar nuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, más bien presentamos nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. ¿Por qué? Porque, aunque se susurre engañosamente a nuestra mente que estamos obligados a pecar, sabemos que en Jesucristo estamos muertos al pecado, ya el pecado no es nuestro señor (Ro. 6:11). Nos disponemos y nos esforzamos en glorificar a nuestro buen Señor, ya que la misma sangre que limpia todo nuestro pecado es la misma sangre que nos compró para sí (1 Co. 6:20). Una vez que hemos visto la belleza de nuestro Salvador, expresada en Su obra a nuestro favor, le amamos y buscamos obedecer Sus mandamientos (Lc. 7:47; Jn. 14:15). Nos negamos a los placeres engañosos y temporales del pecado, porque encontramos un gozo real y para siempre en la comunión con Dios que hoy disfrutamos gracias a Jesucristo (2 Co. 5:19).

Poco a poco, pero con propósito y seguridad.

Debido a la obra perfecta de Jesucristo ya somos salvos del dominio del pecado, es decir, ya no somos esclavos del pecado (Ro. 6:2). Sin embargo, el pecado todavía está presente en nosotros y, aunque sí progresivamente (santificación), no estaremos total y definitivamente libres de éste hasta nuestra glorificación (Ef. 5:27). Y en medio de nuestra lucha contra el pecado remanente nos preguntamos: “¿Por qué Dios no me salva de una vez y por todas del pecado remanente? ¿Realmente llegará el día en el cual seré total y definitivamente libre del pecado?”.

Dios tiene algo importante que decirnos al respecto en Deuteronomio 7:21-23, donde se dice: “No te espantes de ellos, porque el Señor tu Dios está en medio de ti, Dios grande y temible. Y el Señor tu Dios echará estas naciones de delante de ti poco a poco; no podrás acabar con ellas rápidamente, no sea que las bestias del campo lleguen a ser demasiado numerosas para ti. Pero el Señor tu Dios las entregará delante de ti, y producirá entre ellas gran confusión hasta que perezcan”. Aunque esas son las palabras que Dios le dijo a la nación de Israel con respecto a las naciones que enfrentarían y a la tierra que poseerían, aquí hay principios que se aplican a nuestra lucha contra el pecado remanente (enemigo del pueblo de Dios hoy). Continuar leyendo Poco a poco, pero con propósito y seguridad.

De primera importancia –¿Qué es el evangelio?

El evangelio es la buena noticia de salvación para el pecador que tiene fe y se arrepiente, salvación gracias a que Jesucristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día.

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