Capitán América: Un nuevo mundo es la cuarta entrega de la serie de películas de Capitán América. En esta entrega, Sam Wilson ha asumido oficialmente ser el nuevo Capitán América en un mundo que está dividido. Sam y otros aliados como Joaquín Torres (quien asume el rol de Falcon) deben llegar al fondo de una conspiración que atenta contra la estabilidad global, enfrentar al villano Samuel Sterns y detener al presidente Thaddeus «Thunderbolt» Ross quien se ha convertido en Red Hulk.
La crisis pone a prueba el liderazgo de Sam Wilson como Capitán América. Tras el atentado en la Casa Blanca, el presidente le recuerda que él no es Steve Rogers. Con Joaquín en el hospital, Isaías –un super soldado– de vuelta en prisión y Sterns saliéndose con la suya, Sam comienza a dudar: ¿Acaso Steve Rogers se equivocó al darle el escudo de Capitán América?
¿Te has sentido así alguna vez? ¿Has sentido que tu situación es demasiado grande para ti? ¿Que alguien más –cualquiera menos tú– debería enfrentar el desafío que tienes por delante?
Déjame contarte sobre un personaje bíblico que vivió algo similar. Su nombre es Josué. Y su historia nos deja una lección poderosa.
En la primera carta del apóstol Juan, él (inspirado por Dios) da un mandamiento que todo aquel que tiene vida eterna no solo leerá, sino que también obedecerá: amar. Específicamente, amar a los hermanos en la fe (1 Juan 2:7-11). Pero Juan no solo nos manda a amar, sino que nos reta a hacerlo de una manera práctica y genuina. Nos dice que debemos amar «de hecho y en verdad» (1 Juan 3:11-18).
Pero eso no es todo. Juan nos da una poderosa razón para amar:
Dios es amor
“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a Su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto nadie. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y Su amor se perfecciona en nosotros” (1 Juan 4:7–12).
¿Por qué debemos amarnos? La respuesta es clara: «porque el amor es de Dios». En otras palabras, el amor viene de Dios. El amor no es un invento humano ni una emoción pasajera; su origen está en Dios mismo.
Por eso, Juan concluye que todo aquel que ama ha nacido de Dios y lo conoce. No se trata solo de saber que Dios existe, sino de tener una relación cercana con Él. Y lo contrario también es cierto: el que no ama, no ha conocido a Dios. Puede saber muchas cosas acerca de Dios, pero no lo ha conocido realmente.
Cuando escuché que Los Ángeles se estaba incendiando, pensé que se trataba de otra temporada más de incendios forestales. Pero cuando vi los videos de lo que estaba pasando, lo que parecía una película de terror, supe que éste no era un incendio más.
En el momento en el que estoy escribiendo esto, los incendios de Eaton y Palisades –y el de Hurst– se encuentran entre los cinco más destructivos y mortales en la historia de California. Aunque las autoridades locales están haciendo todo lo que está a su alcance para controlar las llamas, la sequía por falta de lluvia y los fuertes vientos están empeorando la situación.
Más de 30 mil personas han sido obligadas a la evacuación. Cerca de 2 mil hectáreas se han quemado. Miles de estructuras fueron destruidas. Y al menos 24 personas han muerto.
Aquí puedes ver algunos videos impactantes de los incendios:
¡No dejemos de orar por Los Ángeles y otras regiones cercanas en California!
¿¡QUÉ PUEDE SER PEOR!?
Ahora, después de lamentar y de orar, quiero que sepamos que hay algo peor que estos incendios. Y no me refiero a temporadas pasadas de incendios forestales en California.
En Génesis 19, la Biblia relata como Dios “hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra… Él destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos los habitantes de las ciudades y todo lo que crecía en la tierra”. El fuego y la destrucción fueron tan grandes que, se dice en el mismo capítulo, Abraham miró “hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra del valle y miró; y el humo ascendía de la tierra como el humo de un horno”. Sin embargo, cuando digo que hay algo peor que los incendios en Los Ángeles, tampoco me refiero a la destrucción de Sodoma y Gomorra.
En Judas 7 se dice lo que pasó con Sodoma y Gomorra fue un ejemplo del castigo del fuego eterno. Y si fue sólo un ejemplo eso quiere decir que el castigo del fuego eterno es muchísimo peor. Y eso es a lo que me refiero al decir que hay algo peor que los incendios.
Mientras que el fuego en Los Ángeles es temporal –y oramos para que pronto llegue a su fin–, el fuego (castigo) del infierno es eterno. Eso lo dice no sólo Judas 7, sino también los siguientes versículos:
“Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mateo 3:12).
“Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno” (Mateo 18:8).
“Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41).
“Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta. Y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20:10).
En este fuego serán castigados el diablo y los demonios. Pero también serán castigados en éste todos los pecadores que, queriendo vivir a su manera, han hecho lo que Dios prohíbe y no han hecho lo que Dios manda. Apocalipsis 21:8 menciona a los cobardes, incrédulos, inmorales y mentirosos como algunos de los que “tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre”.
¡HAY ESPERANZA!
Pero no todo es malas noticias, hay esperanza. Esta esperanza no se encuentra en un pasado sin mancha. Porque tanto tú como yo hemos somos pecadores y hemos pecado contra Dios. Esta esperanza tampoco se encuentra en una promesa futura de no volver a pecar. Porque, aunque eso fuera posible, eso no borraría nuestras manchas del pasado. Nuestras obras son como arrojar agua de una botellita para acabar con el incendio en Los Ángeles.
¡Nuestra esperanza se encuentra en Jesús! Su obra, Su vida de perfecta obediencia a Dios hasta la muerte, sí fue suficiente. Jesús bebió toda la copa de la ira de Dios para que todos los que buscan refugio en Él no tengan que beber ni una gota de ira. Corre a Jesús, con arrepentimiento y fe, y serás salvo de la ira venidera.
“Los Juegos del Hambre: balada de pájaros cantores y serpientes” es una película de ciencia ficción y aventura, basada en la novela que lleva el mismo nombre (“The Ballad of Songbirds and Snakes” en inglés) escrita por Suzanne Collins. Aunque “Balada de pájaros cantores y serpientes” es la quinta película de la serie de películas Los Juegos del Hambre, ésta sirve como precuela de la primera película lanzada en el 2012.
La película cuenta la historia del joven Coriolanus Snow, quien busca ganar el premio Plinth para restaurar la prosperidad de su familia, prosperidad que perdieron tras la muerte de su padre. Pero para eso, Snow tiene primero que convertirse en el mentor de Lucy Gray Baird (una chica tributo del distrito 12) y hacer que ella gane la décima edición de Los Juegos del Hambre.
Antes de continuar, hay dos cosas que quiero que recuerdes –o que sepas si no has visto las películas ni leído los libros–: Primero, en Los Juegos del Hambre se eligen a dos jóvenes de cada distrito para que luchen en la arena del Capitolio hasta que solo uno sobreviva. Segundo, Coriolanus Snow llega a convertirse en el tiránico presidente de Panem, quien utiliza Los Juegos del Hambre para mantener el control sobre los distritos y suprimir cualquier intento de rebelión.
La película termina con el siguiente mensaje: “Las cosas que más amamos son las que nos destruyen”. ¿Qué era lo que Snow más amaba? Ganar el premio Plinth –al menos inicialmente–. Pero lo que él quería últimamente era poder. ¿Y cómo ese deseo lo destruyó? Aunque Snow consiguió lo que quería, fue a costa de enviar a su “mejor amigo” a la horca y de dispararle a la chica que “amaba”.
Ese último mensaje me llamó mucho la atención porque me recordó lo que el pastor Tim Keller llamó “sustitutos de Dios”; que, a la vez, la Biblia llama “ídolos”. Un ídolo no es sólo la imagen de algo o de alguien ante quien te postras o a quien le oras. Un ídolo también es cualquier cosa o persona que amamos más que a Dios. En Colosenses 3:5 el apóstol Pablo (inspirado por Dios) dice que “la avaricia… es idolatría”. Avaricia significa literalmente deseo de tener más.