¿Qué es participar de la cena del Señor indignamente?

Santa CenaLa Santa Cena es el sacramento instituido por Jesucristo (otro sacramento es el bautismo), la noche en la que fue entregado, con el propósito de que los creyentes que participaran de ésta hicieran memoria de Su persona y Su obra.

El apóstol Pablo, en 1 Corintios 11, habla de aquellos que participan de la cena del Señor indignamente y pronuncia palabras fuerte contra ellos: “será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor… Come y bebe juicio para sí” (vv. 27, 29). Hay creyentes que creen erradamente que participar de la cena indignamente es comerla después de haber pecado la semana o el mes anterior. Por eso algunos rechazan participar de ésta.

LO QUE NO SIGNIFICA

Participar de la cena del Señor indignamente no puede significar que un creyente que ha pecado la coma porque entonces todos quedarían descalificados (Ec. 7:20). La cena del Señor es para pecadores redimidos. El pan representa el cuerpo partido de Jesucristo a favor de pecadores; la copa representa el nuevo pacto en la sangre de Jesucristo, pacto que incluye el perdón de pecados (vv. 23-25). Continuar leyendo ¿Qué es participar de la cena del Señor indignamente?

Una expresión importante.

Predicador: Pastor Huascar De Salas.
Pasaje bíblico: 1 Samuel 7:12.

Varias frases se han dicho en medio de guerras, en medio de circunstancias difíciles, en medio de hechos importantes, en la historia de la humanidad. Así mismo, pero con mayor importancia, la Biblia contiene frases para nosotros (Romanos 15:4). Hoy vamos a considerar una frase que se encuentra en 1 Samuel 7:12 y que es una expresión importante para nosotros –aun en el día de hoy–: “Entonces Samuel tomó una piedra y la colocó entre Mizpa y Sen, y la llamó Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ha ayudado el SEÑOR”.

SU CONTEXTO

Esta expresión se pronunció en el contexto de:

  • Humillación y arrepentimiento, del pueblo para con Dios, debido al pecado de idolatría (vv. 3, 4). Hoy es un buen momento para examinarnos a nosotros mismos y actuar en consecuencia –arrepentirnos de nuestros pecados–.
  • Oración, ya que Samuel clamó a Dios para que el pueblo fuera librado de sus enemigos (vv. 7-9). ¿Cuáles son los enemigos que enfrentas hoy? ¿Cuáles son tus filisteos (¿Vejez? ¿Enfermedades? ¿Incomprensiones y problemas?)?
  • El holocausto ofrecido por Samuel a Dios (v. 9), sacrificio que fue una sombra de Jesucristo. Es por Jesucristo, por Su sangre derramada, que podemos acercarnos a Dios, clamar a Él y ser respondidos.
  • La victoria que Dios concedió a Su pueblo (vv. 10, 11), a pesar de la gran dificultad que representaban los filisteos.

Entonces Samuel levanta un monumento, dice la frase, pronuncia la siguiente expresión: “Hasta aquí nos ha ayudado el SEÑOR”.

SU SIGNIFICADO

“Hasta aquí nos ha ayudado el SEÑOR” es, en primer lugar, una expresión de gratitud por lo que había pasado. “Hasta aquí” indica que hasta ese momento Dios había estado con su pueblo. Él no los había abandonado ni desamparado. Él prometió ser el Dios de ellos y se comprometió en ayudarles –y así lo hizo–. Charles Spurgeon dijo:

“El año toca a su fin y los años de mi vida van disminuyendo, más el tiempo no cambia a mi Señor. Nuevos inventos sustituyen o mejoran a los antiguos: Dios es el mismo. La fuerza puede trastornar los montes, mas no existe poder alguno capaz de afectar al Dios eterno. Ni lo pasado, ni lo presente, ni lo futuro puede hacer que cambie la benevolencia de Dios para conmigo”.

Esta expresión es, en segundo lugar, de confianza y esperanza futura. El que dice “hasta aquí” todavía no ha terminado. El que hasta aquí ha guardado a Su pueblo seguirá ayudándolo hasta el final. Dios lo ha prometido y no va a cambiar. Aun cuando Su pueblo se siente abandonado, Dios no los abandonado. Aunque aumenten los impuestos, aunque la salud empeore, Dios no nos abandonará. ¡Alabémosle y adorémosle por eso!

Estas anotaciones fueron tomadas del sermón, predicado por el pastor Huascar De Salas, titulado Una expresión importante. Usado con permiso.

¡Dios bendiga [mi nación]!

En estos últimos días se ha incrementado en mí una preocupación por mi nación. Pienso que el principal detonador de esa preocupación fue Jeremías 29:7 que dice: “Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al SEÑOR por ella; porque en su bienestar tendréis bienestar”. En el tiempo en el cual se escribió ese pasaje, el pueblo de Israel había sido llevado cautivo por Babilonia. Sin embargo, Dios llamó a Su pueblo a buscar el bienestar de la ciudad donde estaban y a rogar por ella. Aunque esta tierra –tal como es ahora– no es nuestro hogar, el mismo llamamiento se dirige a nosotros hoy (véase 1 Timoteo 2:1, 2).

Debemos orar a favor de nuestra nación: que Dios la bendiga; que Dios, en Su gracia común, la guarde del pecado; que sea gobernada con justicia; y que tanto los gobernantes como los ciudadanos conozcan personalmente al Señor Jesucristo.

Ahora, nótese que no sólo se dice que se ruegue al Señor a favor de la ciudad, sino también que se busque el bienestar de ésta. En vez de quedarnos de brazos cruzados ante las cosas que deben mejorar o cambiar en nuestra nación, debemos procurar activamente el bienestar de ésta de una manera honorable1. ¿Y qué es mejor para una nación que el tener a Jesucristo como Su Salvador y Señor? Por lo tanto, prediquemos el evangelio y adornémoslo con nuestra conducta. Todo eso resultará en beneficio tanto para la nación como para nosotros, los que estamos en esta nación.


1 Sí, es cierto que el cambio no es sólo de uno, pero empieza por uno. Y si yo, como individuo, no cambio ahora, ¿cómo puedo esperar un cambio positivo en mi nación?