Hermoso nombre.

LETRA

[VERSO 1]
Tú fuiste el Verbo en el principio
Unigénito de Dios
El misterio de tu gloria
Revelado en tu amor

[CORO 1]
Cuán hermoso su nombre es
Cuán hermoso su nombre es
El nombre de Jesús mi Rey
Cuán hermoso su nombre es
Nada se iguala a Él
Cuán hermoso su nombre es
No hay otro nombre

[VERSO 2]
Dejaste el cielo por salvarme
Me viniste a rescatar
Mi transgresión tú perdonaste
Nada nos separará

[CORO 2]
Majestuoso su nombre es
Majestuoso su nombre es
El nombre de Jesús mi Rey
Majestuoso su nombre es
Nada se iguala a Él
Majestuoso su nombre es
No hay otro nombre

[PUENTE]
La muerte venciste
El velo partiste
La tumba vacía ahora está
Los cielos declaran
Tu gloria proclaman
Resucitaste en majestad

Inigualable
Incomparable
Hoy y por siempre reinarás
Tuyo es el reino
Tuya es la gloria
Tuyo el poder y autoridad

[CORO 2]
Poderoso su nombre es
Poderoso su nombre es
El nombre de Jesús mi Rey
Poderoso su nombre es
Incomparable es Él
Poderoso su nombre es
No hay otro nombre
Poderoso su nombre es
No hay otro nombre
Poderoso su nombre es
No hay otro nombre

Letra y Música por Ben Fielding & Brooke Ligertwood
Traducción por Equipo de Traducción de Hillsong
© 2016 Hillsong Music Publishing CCLI: 7077032

Su gracia me libró y me guiará.

La gracia que Dios mostró al rey David es la misma gracia que Dios sigue mostrando a cada uno de nosotros hoy; por ella debemos estar agradecidos y en ella debemos esperar.

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Respuestas a las tres causales del aborto [III]

Antes de responder a las tres causales del aborto en el artículo anterior, vimos que la vida comienza desde la concepción (o desde el momento en el que el espermatozoide entra en el óvulo y da lugar al desarrollo del embrión). Por lo tanto, abortar es matar a una persona viva e inocente. Y eso es un pecado según la Biblia, aun si en la nación en donde vives el aborto es legal.

En Éxodo 21:22 y 23 encontramos lo siguiente: “Si algunos hombres luchan entre sí y golpean a una mujer encinta, y ella aborta, sin haber otro daño, ciertamente el culpable será multado según lo que el esposo de la mujer demande de él. Pagará según lo que los jueces decidan. Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida”. Nótese que aunque el daño a la criatura en el vientre no fue intencional, el culpable debía ser penalizado por su negligencia. Y si aquella persona que accidentalmente causaba un aborto era penalizada, ¡mucho más lo será la persona que intencionalmente causa un aborto!

Ahora, ¿qué podemos decirle a una mujer que ya ha intencionalmente abortado –o a un médico que ha provocado intencionalmente un aborto–? Que si confiesas tu pecado y te arrepientes sinceramente, serás perdonada completamente. Porque aunque tu pecado es grande, el perdón que Dios ofrece en Jesucristo es mucho más grande. Y el rey David fue un ejemplo de eso que acabo de decir.

EL PECADO DE DAVID

La mayoría de las versiones (traducciones) de la Biblia titulan a 2 Samuel 11 como “David y Betsabé”. Eso debido a que en este capítulo se relata el adulterio que David cometió. Ahora, el adulterio de David no es el único pecado que se relata en este capítulo; también se relata como el rey le quitó la vida a una persona inocente.

Cuando se le dijo a David que Betsabé estaba embarazada, él trató de convencer a Urías (esposo de Betsabé) de que fuera a su casa y se acostara con su esposa –David estaba tratando de encubrir su pecado así–. Pero Urías no lo hizo. David, entonces, ordenó que pusieran a Urías al frente de la batalla más reñida para que fuera herido y muriera. Y así sucedió, Urías murió en batalla.

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