Digno de nuestro mayor afecto.

Los hijos aman a sus padres por encima de muchas otras personas y cosas en este mundo. Los padres aman a sus hijos por encima de muchas otras personas y cosas en este mundo. Por lo tanto, cuando Jesucristo dice que «el que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí» (Mt. 10:37), Él está diciendo que debe ser amado más que todo1. Jesucristo debe ser el objeto principal de nuestro amor. Él debe estar sentado en el trono de nuestro corazón, siempre.

Ahora, si somos sinceros, tenemos que confesar con tristeza que hemos pecado al no amar a Jesucristo de esa manera. Este pecado se manifiesta, por ejemplo, cuando preferimos desobedecer a Jesucristo antes que entrar en conflicto con las personas2. Corramos ahora mismo a Él con arrepentimiento y fe, pues en Él está la gracia que nos perdona y nos capacita. Continuar leyendo Digno de nuestro mayor afecto.

El amor cubre multitud de pecados.

Alguien dijo: “Vivir con los santos en el cielo: ¡Esa es la gloria!; vivir con los santos en la tierra: Esa es otra historia”. Indicando así que mientras estemos en esta tierra, con la presencia del pecado todavía en nosotros, las relaciones entre cristianos en ocasiones serán difíciles. ¿Cuál ha sido tu reacción cuando las relaciones con otros cristianos se han vuelto difíciles? ¿Has divulgado la falta del otro? ¿Has guardado resentimiento argumentando que se ha pecado contra ti? ¿Le has hecho “pagar” argumentando que los pecados del otro son muchos? Todo eso, según la Palabra de Dios, es causado por una falta de amor hacia nuestros hermanos: “Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8).

El apóstol (inspirado por Dios) comenzó diciendo “sobre todo”, indicando la gran importancia de lo siguiente: “sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros”. Matthew Henry dijo que esto es un afecto «sincero, fuerte y duradero», que quiere y busca el beneficio de otra persona. Este amor nos lleva a cubrir no sólo las debilidades de otros, sino también sus pecados; nos lleva a cubrir no sólo dos o tres pecados, sino multitud de pecados.

Ahora, aquí, el cubrir multitud de pecados no significa pasar la mano de consentimiento sobre el que pecó como si nada estuviera pasando. 1 Corintios 13:6 dice acerca del amor: “no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad”. Y en Santiago 5:19 y 20 se dice: “Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados”. El amor cubre multitud de pecados en el sentido de que estaré inclinado a no divulgar el pecado de mi hermano1, estaré inclinado a perdonar y a activamente no recordar su pecado, para no guardar resentimiento ni hacerle pagar.

Arrepintámonos de nuestro pecado de falta de amor, para el perdón de nuestro pecado. Y pidamos a Dios confiadamente que este amor fluya de Su Espíritu, abunde en nosotros y se dirija hacia nuestros hermanos. Mientras, consideremos como el amor de Dios, manifestado en Jesucristo, cubrió multitud de nuestros pecados: aunque Dios fue el ofendido y nosotros los ofensores, Él envió a Su hijo Jesucristo para reconciliarnos consigo mismo. Por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo somos declarados justos, todos nuestros pecados son perdonados –Dios ni lleva cuenta de ellos ni nos hace pagar por ellos– y así, sin obstáculos, podamos disfrutar de la comunión con Dios.

“¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!” (Salmos 32:1).


1 Esto no elimina el proceso de disciplina eclesiástica hacia aquel que profesa ser cristiano pero no se arrepiente de su pecado.

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PerdĂłn diario para pecados diarios.

“Pecamos todos los días” –es algo que has escuchado a otros decir o que tú mismo has dicho–. Eso siempre debería ser confesado con profundo dolor debido a la triste realidad que allí se expresa: pecamos constantemente contra Dios –aun siendo cristianos–. El apóstol Juan en 1 Juan 1:8, 10 dice lo siguiente: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros”.

Pecamos contra Dios. Nos rebelamos en contra de Dios; decimos «sí» cuando Él, que tiene derecho sobre nosotros, dice «no» y decimos «no» cuando Él dice «sí». Entristecemos al Espíritu Santo de Dios. Todo esto porque no amamos como debemos amar a Aquel que es completamente hermoso (digno de nuestro amor), porque no siempre le creemos a Aquel que es fiel tanto en Sus promesas de bien como en Sus advertencias. Y esto es algo que hacemos todos los días. ¡Oh, como dice el antiguo himno, que diluvios de dolor penitencial broten de todo ojo!

Todo esto me lleva a preguntar: ÂżA Dios le toman por sorpresa nuestros pecados diarios? Hay una parte en la oraciĂłn modelo que JesĂşs enseñó a Sus discĂ­pulos que nos ayuda a dar respuesta a esta pregunta. En Mateo 6:12a JesĂşs dice: “Y perdĂłnanos nuestras deudas”. Lo que hace aĂşn más interesante esas palabras es que Ă©stas vienen inmediatamente despuĂ©s de: “Danos hoy el pan nuestro de cada dĂ­a”; y están unidas por “y”. ÂżQuĂ© significa esto? Que como debemos pedir por el pan (sustento fĂ­sico) nuestro de cada dĂ­a, asĂ­ tambiĂ©n debemos pedir por el perdĂłn de nuestros pecados cada dĂ­a. Con la misma frecuencia que necesitamos el pan, necesitamos el perdĂłn de Dios: “cada dĂ­a… perdĂłnanos nuestras deudas”1.

Así que, la respuesta a nuestra pregunta es: no, nuestros pecados diarios no toman a Dios por sorpresa. Y más aún, si Dios no estuviera dispuesto a perdonar nuestros pecados diarios, Jesús no nos hubiera enseñado a orar «y perdónanos nuestras deudas». Debido a la obra de Jesucristo, el arrepentimiento sincero siempre es seguido por el perdón: “A éste [Jesús] Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados” (Hch. 5:31); “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9). Así que, no es solamente que nuestros pecados diarios no toman a Dios por sorpresa, sino que también Él ha hecho provisión en Jesucristo para el perdón de todos ellos.


1 “Perdona nuestras deudas (la quinta petición) no significa que los creyentes necesiten pedir diariamente la justificación, ya que los creyentes son justificados para siempre desde el momento inicial de la fe que salva (Ro. 5:1, 9; 8:1; 10:10). Más bien, ésta es una oración para la restauración de la comunión personal con Dios cuando la comunión ha sido obstaculizada por el pecado (cf. Ef. 4:30)” (ESV Study Bible).