El evangelio en nuestra santificaciĂłn.

Ya hemos visto como el evangelio no es sólo para los no-cristianos, sino que también el evangelio es para los cristianos –debido al pecado remanente–. Ahora, ¿Qué tiene que ver el evangelio en nuestra lucha contra el pecado? ¿Qué tiene que ver el evangelio en nuestra conformación al carácter de Jesucristo? ¿Qué tiene que ver el evangelio en nuestra santificación? Aquí está el pastor y autor Tim Chester para ayudarme a dar respuesta a esa pregunta:

“La clave para el cambio es retornar constantemente a la cruz. Una vida que cambia es un vida centrada en la cruz. En la cruz vemos nuestra fuente de santificación (Efesios 5:25-27; Colosenses 1:22; Tito 2:14). Encontramos esperanza, porque vemos el poder del pecado roto y la vieja naturaleza muerta. Nos vemos a nosotros mismos unidos a Cristo y comprados con su sangre. Vemos la gloriosa gracia de Dios en Jesucristo, muriendo por sus enemigos, el justo por los injustos. Vemos nuestra esperanza, nuestra vida, nuestros recursos, nuestro gozo. En la cruz encontramos la gracia, el poder, y el deleite en Dios que necesitamos para vencer el pecado.

Si no venimos a la cruz una y otra vez, nos sentiremos distantes de Dios, desconectados de su poder, e indiferentes a su gloria –y eso es una receta para el pecado” (You Can Change, p. 127).

Lo que Tim Chester está diciendo, en otras palabras, es que cuando nos predicamos y abrazamos el evangelio de Jesucristo constantemente esto es lo que pasa: Vivimos acorde a la verdad de que la gracia de Dios en Jesucristo no solamente perdona todos nuestros pecados (Ef. 1:7), sino que también nos capacita para renunciar al pecado y vivir para Dios (Ti. 2:12). Nos negamos a presentar nuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, más bien presentamos nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. ¿Por qué? Porque, aunque se susurre engañosamente a nuestra mente que estamos obligados a pecar, sabemos que en Jesucristo estamos muertos al pecado, ya el pecado no es nuestro señor (Ro. 6:11). Nos disponemos y nos esforzamos en glorificar a nuestro buen Señor, ya que la misma sangre que limpia todo nuestro pecado es la misma sangre que nos compró para sí (1 Co. 6:20). Una vez que hemos visto la belleza de nuestro Salvador, expresada en Su obra a nuestro favor, le amamos y buscamos obedecer Sus mandamientos (Lc. 7:47; Jn. 14:15). Nos negamos a los placeres engañosos y temporales del pecado, porque encontramos un gozo real y para siempre en la comunión con Dios que hoy disfrutamos gracias a Jesucristo (2 Co. 5:19).

ÂżQuĂ© si Jesucristo viene y todavĂ­a no me he casado?

Jesucristo dijo que «cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio» (Marcos 12:25). La institución del matrimonio tal como aquí la conocemos no existirá más en el cielo. Aun aquellos que ven el matrimonio como un desierto, reconocen que en éste hay varios oasis. Y es por todo esto que muchos solteros cristianos no responden gozosamente “¡amén!” cuando su pastor dice “¡Cristo, ven pronto!”.

Mi punto en este artículo es que si Dios, en Su soberanía, ha decidido que Jesucristo venga antes de que te cases, Él no está quitándote lo bueno para darte algo “más o menos bueno”, sino que, aunque Él no te está dando algo bueno, sí te está dando algo mucho mejor.

El apĂłstol Pablo (inspirado por Dios) dijo en Efesios 5:31, 32: “Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia”. En este versĂ­culo se dice que el matrimonio es un reflejo, una ilustraciĂłn, una representaciĂłn de la relaciĂłn entre Jesucristo y Su iglesia. Esto se confirma al Pablo utilizar “como” (comparaciĂłn) una y otra vez en los versĂ­culos 22-29. Continuar leyendo ÂżQuĂ© si Jesucristo viene y todavĂ­a no me he casado?

No hay argumento – JAR

LETRA

No hay argumento ni juicio contra mĂ­,
Él con Su sangre me vino a redimir;
Libre de condenación ya no soy más un deudor,
Él ha pagado la deuda por mí.

Yo era culpable y me otorgĂł el perdĂłn,
manto de gracia de pronto me cubriĂł;
Mis pecados Él borró y mi cuenta canceló,
Él ha pagado la deuda por mí.

Coro:
//Ahora soy libre y esclavo por amor,
precio de sangre JesĂşs por mĂ­ pago//
Él marcó mi corazón,
propiedad soy del Señor.

No se entristezcan como los que no tienen esperanza.

Soldado ante tumba La muerte es algo que cada uno de nosotros experimentará a menos que Dios quiera otra cosa. Y una pregunta importante que debemos hacernos es cómo han de responder los cristianos ante la muerte de otros cristianos que ellos amaban (parientes o amigos). Podemos encontrar una respuesta a esta pregunta en 1 Tesalonisenses 4:13-18.

Antes de continuar es importante hacer algunas observaciones. Primero, cuando este pasaje nos habla acerca de “los que duermen” se está refiriendo a los que han muerto. Nótese que «los que durmieron en Jesús» (v. 14) es sinónimo a «los muertos en Cristo» (v. 16). Segundo, este pasaje bíblico, y en consecuencia este artículo, está dirigido a cristianos (“hermanos”, 1 Ts. 4:13), cuyos seres queridos ya muertos fueron cristianos (“los muertos en Cristo”, 1 Ts. 4:16).

El versículo 13 comienza de la siguiente manera: “Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza”. Nótese que Dios no está condenando la tristeza que viene por la muerte de un ser querido, ni está mandando a que se suprima ésta. La muerte de un ser querido ciertamente es triste. Entristecerse ante la muerte de un ser querido no es necesariamente pecado (véanse, por ejemplo, a Jesús en Juan 11:35 y a los hombres piadosos de Hechos 8:2). Lo que Dios sí quiere de nosotros es que aunque estemos tristes, no nos entristezcamos como «los demás que no tienen esperanza». Se entiende que un no-cristiano se entristezca de una manera excesiva –¡él no tiene esta esperanza!–, pero no así de un cristiano –quien tiene esta esperanza–. La ignorancia de esta esperanza hará que nos entristezcamos como los que no tienen esperanza (v. 13), pero el conocer y abrazar esta esperanza nos dará consuelo (v. 18).

La pregunta a responder ahora es: ¿En qué consiste esta esperanza que tenemos? Esta esperanza consiste en que Jesucristo vendrá por segunda vez; los muertos en Cristo resucitarán para vida eterna con cuerpos glorificados; a los que estén vivos se les darán cuerpos glorificados; y todos juntos estarán para siempre glorificando y gozando de la presencia del Señor. Todo eso se resume en la siguiente línea: “estaremos con el Señor siempre” (v. 17).

Así que, volveremos ver a nuestros seres queridos que han muerto en Cristo. Pero sobre todo, estaremos por siempre con Jesucristo, quien nos amó primero y «murió por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con El» (1 Ts. 5:10). Matthew Henry lo dijo de la siguiente manera: “Será una parte de su felicidad que todos los santos se reunirán y permanecerán juntos por siempre; pero la principal felicidad del cielo es eta: estar con el Señor, verle, vivir con él y gozar de Él por siempre”. Nos reuniremos con las personas que amamos, que por causa de la muerte ya no están con nosotros; y estaremos reunidos por toda la eternidad alrededor de Aquel que más amamos.

«Confortaos unos a otros con estas palabras». Comparte este artículo con otros cristianos, especialmente con aquellos cuyos seres queridos ya han muerto.