No hay argumento – JAR

LETRA

No hay argumento ni juicio contra mĂ­,
Él con Su sangre me vino a redimir;
Libre de condenación ya no soy más un deudor,
Él ha pagado la deuda por mí.

Yo era culpable y me otorgĂł el perdĂłn,
manto de gracia de pronto me cubriĂł;
Mis pecados Él borró y mi cuenta canceló,
Él ha pagado la deuda por mí.

Coro:
//Ahora soy libre y esclavo por amor,
precio de sangre JesĂşs por mĂ­ pago//
Él marcó mi corazón,
propiedad soy del Señor.

No se entristezcan como los que no tienen esperanza.

Soldado ante tumba La muerte es algo que cada uno de nosotros experimentará a menos que Dios quiera otra cosa. Y una pregunta importante que debemos hacernos es cómo han de responder los cristianos ante la muerte de otros cristianos que ellos amaban (parientes o amigos). Podemos encontrar una respuesta a esta pregunta en 1 Tesalonisenses 4:13-18.

Antes de continuar es importante hacer algunas observaciones. Primero, cuando este pasaje nos habla acerca de “los que duermen” se está refiriendo a los que han muerto. Nótese que «los que durmieron en Jesús» (v. 14) es sinónimo a «los muertos en Cristo» (v. 16). Segundo, este pasaje bíblico, y en consecuencia este artículo, está dirigido a cristianos (“hermanos”, 1 Ts. 4:13), cuyos seres queridos ya muertos fueron cristianos (“los muertos en Cristo”, 1 Ts. 4:16).

El versículo 13 comienza de la siguiente manera: “Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza”. Nótese que Dios no está condenando la tristeza que viene por la muerte de un ser querido, ni está mandando a que se suprima ésta. La muerte de un ser querido ciertamente es triste. Entristecerse ante la muerte de un ser querido no es necesariamente pecado (véanse, por ejemplo, a Jesús en Juan 11:35 y a los hombres piadosos de Hechos 8:2). Lo que Dios sí quiere de nosotros es que aunque estemos tristes, no nos entristezcamos como «los demás que no tienen esperanza». Se entiende que un no-cristiano se entristezca de una manera excesiva –¡él no tiene esta esperanza!–, pero no así de un cristiano –quien tiene esta esperanza–. La ignorancia de esta esperanza hará que nos entristezcamos como los que no tienen esperanza (v. 13), pero el conocer y abrazar esta esperanza nos dará consuelo (v. 18).

La pregunta a responder ahora es: ¿En qué consiste esta esperanza que tenemos? Esta esperanza consiste en que Jesucristo vendrá por segunda vez; los muertos en Cristo resucitarán para vida eterna con cuerpos glorificados; a los que estén vivos se les darán cuerpos glorificados; y todos juntos estarán para siempre glorificando y gozando de la presencia del Señor. Todo eso se resume en la siguiente línea: “estaremos con el Señor siempre” (v. 17).

Así que, volveremos ver a nuestros seres queridos que han muerto en Cristo. Pero sobre todo, estaremos por siempre con Jesucristo, quien nos amó primero y «murió por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con El» (1 Ts. 5:10). Matthew Henry lo dijo de la siguiente manera: “Será una parte de su felicidad que todos los santos se reunirán y permanecerán juntos por siempre; pero la principal felicidad del cielo es eta: estar con el Señor, verle, vivir con él y gozar de Él por siempre”. Nos reuniremos con las personas que amamos, que por causa de la muerte ya no están con nosotros; y estaremos reunidos por toda la eternidad alrededor de Aquel que más amamos.

«Confortaos unos a otros con estas palabras». Comparte este artículo con otros cristianos, especialmente con aquellos cuyos seres queridos ya han muerto.

ÂżPor quĂ© no casarme con un no-cristiano?

“Él es lindo, caballeroso, me escucha y me entiende. Pienso mucho en él. En una ocasión él me dijo que yo era alguien especial. Él no es cristiano… pero visita de vez en cuando la iglesia. ¿Por qué no debo casarme con él?”.

¿Qué razones bíblicas podemos darle a esta chica1, que profesa ser cristiana, para que no se case con un no-cristiano? A continuación consideraremos dos razones.

PORQUE ES PECADO

No debes casarte con un no cristiano porque hacerlo serĂ­a un pecado contra Dios. La voluntad de Dios revelada es que una cristiana se case con un cristiano, uno cuyo Salvador y Señor es Jesucristo. En 1 Corintios 7:39b se dice que la mujer «está en libertad de casarse con quien desee», pero despuĂ©s se agrega, «sĂłlo que en el Señor». Y la primera parte de 2 Corintios 6:14 dice lo siguiente: “No estĂ©is unidos en yugo desigual con los incrĂ©dulos”. Casarte con un no-cristiano serĂ­a ir en contra del mandamiento del Señor, ir en contra de la voluntad de Aquel que te amĂł tanto que dio Su vida por ti. Si tĂş verdaderamente le amas sobre todo –como Él es digno de ser amado–, tu amor se manifestará por tu gozosa obediencia (Mc. 12:30; Jn. 14:15). Continuar leyendo ÂżPor quĂ© no casarme con un no-cristiano?

ÂżSomos todos hijos de Dios?

Esta es una pregunta controversial, pero no difícil de responder correctamente. Es controversial porque muchos no cristianos responden afirmativamente a esta pregunta –“sí, todos somos hijos de Dios”–, mientras muchos cristianos responden negativamente a esta pregunta –“no, no todos son hijos de Dios”–. Pero esta pregunta no es difícil de responder correctamente si atendemos a las palabras de Dios, quien no es injusto para negar a Sus hijos: “Porque tú eres nuestro Padre, aunque Abraham no nos conoce, ni nos reconoce Israel. Tú, oh SEÑOR, eres nuestro Padre, desde la antigüedad tu nombre es Nuestro Redentor”.

Consideremos un pasaje bĂ­blico que nos ayudará a responder correctamente la pregunta, Juan 1:10-13 dice lo siguiente: “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de El, y el mundo no le conociĂł. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios”. Por el contexto sabemos que este pasaje comienza hablando de Jesucristo, el Verbo o Palabra encarnada de Dios. Él fue quien estaba en el mundo que habĂ­a hecho, y Ă©ste no le conociĂł. Él fue quien vino a los suyos (Su pueblo, Su gente; los JudĂ­os), y no fue recibido. Dios mismo, entonces, marca un contraste entre los que no conocieron a Jesucristo, los que no le recibieron y los que sĂ­ le recibieron, los que creyeron en Su nombre –lo cual es fruto de la regeneraciĂłn o el nuevo nacimiento–. Una vez marcado este contraste, Dios pasa a decir acerca del segundo grupo (los que recibieron a Jesucristo, los que creen en Su nombre), y sĂłlo de este segundo grupo, que se «les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios». Los del primer grupo son criaturas de Dios (vv. 10, 11), los del segundo grupo son hechos hijos de Dios (vv. 12, 13). Continuar leyendo ÂżSomos todos hijos de Dios?