¿Qué es el arrepentimiento?

Al recorrer el Antiguo Testamento nos encontraremos una y otra vez con el llamamiento de Dios al arrepentimiento. Desde el comienzo de Su ministerio, Jesucristo llamó al arrepentimiento (Marcos 1:15). Y los apóstoles también predicaron que el hombre debía arrepentirse (Marcos 6:12). El arrepentimiento es importante porque Dios ha establecido que éste –junto a la fe– preceda a la salvación de las personas.

Arrepentirse es la responsabilidad de todo hombre, por eso Dios manda a todos a que se arrepientan (Hechos 17:30). También es cierto que el arrepentimiento es un regalo de Dios, por lo que cada vez que un pecador está sinceramente arrepentido podemos concluir que Dios le ha concedido el arrepentimiento (Hechos 11:18).

El arrepentimiento es un cambio de pensar con respecto al pecado y a Dios, el cual resulta en un alejamiento del pecado y un acercamiento a Dios. ¿Cómo luce ese alejamiento del pecado y acercamiento a Dios?

  • Tristeza y odio por el pecado:Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado” (Salmos 51:8; 2 Corintios 7:10).
  • Confesión para el perdón del pecado:Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones” (Salmos 51:1; Juan 1:9).
  • Propósito y esfuerzo1, en dependencia del Espíritu, para dejar el pecado y obedecer a Dios:Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia” (Salmos 51:14; 1 Tesalonisenses 1:9).

1 “Al menos dos errores se evitan aquí. El primer error es el autoengaño: alguien clama estar arrepentido, pero no tiene un abandono genuino del pecado. Debe haber un ´propósito y esfuerzo´ para una nueva obediencia. El segundo error es el legalismo o, siendo más precisos, el perfeccionismo: este error asedia a cristianos con tendencia introspectiva. Ellos cuestionan la legitimidad de su arrepentimiento si éste produce algo menos que un perfecto abandono del pecado. Abandonar el pecado no es lograr una perfecta o impecable obediencia para siempre. Mas bien, es un genuino ´propósito y esfuerzo´ con ese fin” (Samuel E. Waldron).

El decreto de Dios [Sermón]

CUATRO APLICACIONES DE “EL DECRETO DE DIOS“:

  1. Ya hemos visto que Dios tiene el control de todo, que nada escapa de Su mano. Dios en Su decreto busca Su gloria y nuestro mayor beneficio: ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo (Ro. 8:28,29). ¿Estás inundado de paz? ¿O estás en un mar de aflicción? Recuerda lo que se nos dice en Isaías 26:3,4… Que tus pensamientos siempre, siempre, siempre perseveren en el único Dios soberano, todopoderoso, sabio, santo y quien siempre quiere nuestro bien [en El]  (Jer. 29:11). Haz del Señor Jehová tu fortaleza, tu roca eterna (LBLA). Y Dios mismo te guardará en completa paz, o como dice otra versión, «en perfecta paz» (LBLA).
  2. Hermano, la voluntad revelada (voluntad preceptiva) de Dios nos manda a predicar el evangelio (Mt. 28:19-20). Aunque no todos creerán, ¡qué maravilloso es saber que por la poderosa Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo, muchos sí creerán en el evangelio (en Cristo)! Vuelvo a repetir: “YO NO SOY DIOS”; no sé quiénes serán salvos; no sé quiénes fueron predestinados para vida y quiénes no, pero sí sé algo, y es que para que el hombre sea salvo, es necesaria la locura de la predicación (1 Cor. 1:18,21). Las dos últimas preguntas [retóricas] de Romanos 10:14 son: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?“. Así que, en obediencia a la voluntad revelada de Dios en Su Palabra, prediquemos el evangelio.
  3. Amigo, la voluntad revelada (voluntad preceptiva) de Dios llama a todos los hombres al arrepentimiento (Hch. 17:30,31) y a tener fe en el Señor y Salvador Jesucristo (Jn. 6:28,29). Sabe que TÚ NO ERES DIOS; es cierto que no sabes sí fuiste predestinado para vida o no. Por eso, con mucho más urgencia, acepta la invitación de Jesús que dice: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28); “Yo soy el pan de la vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Jn. 6:35). Yo tampoco sé si fuiste predestinado para vida o no; pero de algo sí estoy completamente convencido y es que si hoy vas a Cristo, Él no te echará fuera (Jn. 6:37).
  4. Procura con diligencia conocer y obedecer la voluntad revelada de Dios (Ef. 5:17).

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El decreto de Dios [III]

Hay muchas cosas acerca del decreto de Dios que no entendemos a plenitud, pero como dijo un puritano: “La fe debe nadar donde la razón se ahoga”. Aunque mi mente finita no entienda muchas cosas acerca del decreto del Dios eterno, hay algo que sí entiendo: “Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley” (Dt. 29:29). Ni tú ni yo somos Dios, no podemos conocer las cosas secretas que sólo El conoce y sería un gran atrevimiento tratar de indagar en los archivos secretos de Dios. Sin embargo, tanto tú como yo tenemos la Palabra de Dios, donde está expresada Su voluntad preceptiva (voluntad revelada) y en ésta debemos enfocar nuestra mayor atención para obedecerla. Según Deuteronomio 29:29, las cosas secretas son pertenencia de Dios y de nadie más; pero las reveladas, Dios nos las dio (nos pertenecen) a nosotros. ¿Para qué? ¿Con qué propósito? Para (con el propósito de) que las guardemos, las cumplamos, las obedezcamos. Enfoquemos nuestra mayor atención en la voluntad preceptiva de Dios y confiemos en el Dios que cumplirá Su voluntad decretiva de una manera sabia (Sal. 104:24) y santa (Sal. 77:13), para Su gloria (Ef. 1:6) y el bien de los Suyos (Ef. 1:3).

Cito a Juan Calvino –quien habló de aquellos que quieren elevar su razón por encima de lo permitido en las Escrituras: “Si alguien con una seguridad descuidada, entra a este lugar, no podrá ser exitoso en satisfacer su curiosidad. Entrará a un laberinto del cual no encontrará salida; porque no está bien para el hombre el examinar cosas sin las restricciones que Dios ha puesto a los hombres y ha escondido, ni tampoco le es correcto [al hombre] investigar la sabiduría más sublime que en ciertos puntos Dios quiere que respetemos pero no que entendamos, para que aun en éste, su perfección sea manifiesta”. Continúa leyendo El decreto de Dios [III]

Por Su obra.

Cuando Jesús fue clavado a la cruz, fue puesto entre dos malhechores; uno a Su derecha y otro a Su izquierda. En Mateo 27:38 se describe a estos malhechores de una forma más particular, allí se nos dice que Jesús fue crucificado entre ladrones.

Uno esos ladrones, con palabras atrevidas e irreverentes le dijo a Jesús: “¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!” (Lc. 23:39). Pero a diferencia de ese ladrón, el otro ladrón expresó palabras de arrepentimiento y confianza en Jesucristo. Éste reprendió a su compañero por su falta de temor a Dios (v. 40), reconoció sus maldades y la inocencia de Jesús (v. 41), y depositó su confianza en el Rey Jesús (v. 42). Mientras muchos miraban a Jesús como uno más clavado sobre una cruz, mientras muchos miraban a Jesús como un loco que estaba a punto de morir (vv. 35-38); uno de los ladrones, por la gracia de Dios, puso sus ojos –con arrepentimientofe– en Jesús como el Mesías Salvador.

Fue hermosa la respuesta de Jesús a la petición del ladrón (“acuérdate de mí cuando vengas en tu reino“, v. 42), Jesús dijo: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). El ladrón fue salvado y se le prometió la más grande bendición: Estar con Cristo en el paraíso.

¿Qué podemos aprender del arrepentimiento de este malhechor? ¿Qué podemos aprender del perdón y de la promesa de bendición de parte de Jesús para este ladrón que posiblemente murió poco tiempo después? Aprendemos (o confirmamos) lo que Dios nos enseña en Efesios 2:8-9, donde dice: “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe“. El hombre (hombre y mujer) no es salvo por alguna obra que éste haya hecho, el hombre es salvo por la obra que Él (Jesús) hizo. ¿Cuál fue la obra del malhechor antes de estar clavado a una cruz? Maldades y robos. ¿Cuál fue la obra del malhechor después de estar clavado a una cruz? Ninguna, pues murió allí. Este ladrón no hizo ninguna obra que lo hiciera acepto delante de Dios y aún así Jesús le dijo: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43; NVI). ¿Por qué? Porque ese ladrón pidió a Jesús y recibió la salvación que Éste (Jesús) gratuitamente ofrece a todo aquel que se arrepiente y cree.

Hermano, Jesús nos dice: “Estarás conmigo en el paraíso, no por alguna obra tuya. Estarás conmigo en el paraíso por mi obra”. Tú y yo no somos salvos por alguna obra que hayamos hecho en el pasado o que haremos en el futuro (Ef. 2:8,9), tampoco permanecemos salvados por [causa de] la obra que hacemos. Somos salvos y nuestra salvación permanecerá firme únicamente por la obra de Jesucristo (Ro. 5:10,11; Heb. 5:9; 10:10; 12:2; 1 P. 1:5).