Una advertencia pertinente [III]

Éste es el tercer artículo sobre la advertencia pertinente que encontramos en 1 Juan 5:21, en este versículo se dice: “Hijos, guardaos de los ídolos”. He definido a un ídolo como toda aquella persona, cosa o estado que, no siendo el único Dios verdadero, hemos sentado en el trono de nuestro corazón. Y, por lo tanto, le damos más importancia y deseamos más que a Dios.

Antes de “destronar” a un ídolo de nuestro corazón es necesario identificarlo. E identificar a un ídolo puede ser una tarea complicada, que requiere cuidado y habilidad. Porque alegrarnos debido a que tenemos a alguien o algo, o entristecernos debido a que perdimos a alguien o algo no es necesariamente indicación de idolatría en el corazón. Por lo tanto, oremos a Dios para que nos muestre si hay idolatría en nuestro corazón. Al mismo tiempo, consideremos algunas maneras en las cuales podemos identificar los ídolos en nuestro corazón:

Continuar leyendo Una advertencia pertinente [III]

¿Cómo se ama a Dios?

¿Cómo se ama a Dios? Practicando gozosamente Sus mandamientos; pues éste es el punto cumbre del afecto, fruto del nuevo nacimiento por el Espíritu, que encuentra su deleite supremo en Dios.

► ESCUCHAR | ▼ DESCARGAR

Kauflin sobre «¿Qué pasa cuando cantamos?» [II]

EL CANTO PUEDE AYUDARNOS A INVOLUCRARNOS EMOCIONALMENTE CON LAS PALABRAS

En cada cultura y edad, la música es un lenguaje de emoción. Ésta expresa, despierta y habla a nuestros sentimientos. La música es capaz de movernos en sutiles y profundas maneras (anticipadas o no esperadas), con o sin palabras. Mientras David tocaba hábilmente su arpa, el espíritu que atormentaba a Saúl era calmado (1 S. 16:23).

¿Por qué la música nos afecta profundamente? Hay varias razones. A veces estamos simplemente respondiendo a principios musicales que han sido culturalmente aprendidos. La experiencia personal con una canción puede afectar su influencia sobre nosotros. Podríamos asignar valor moral a las canciones, conectándolas con aspectos de nuestra cultura que podemos considerar buenos o malos. Llegamos a la conclusión de que cierto ritmo, volumen, progresión de acordes, instrumento o estilo vocal es malo en sí mismo. Pero a menos que esos aspectos estén detallados en la Escritura, debemos ser cuidadosos en asignarles un valor moral. Otro factor en el efecto de la canción sobre nosotros puede ser cómo una canción es ejecutada o dirigida. Si quien la ejecuta o dirige es inexperto, está fuera de tono o fuera de sincronía, la música puede no movernos o movernos de la manera equivocada. Por otro lado, la habilidad puede hacer que una canción suene mejor de lo que es actualmente. Cualesquiera que sean las razones, la música puede juntarse con las palabras y aumentar su impacto emocional en una manera que nosotros no podemos haber percibido con las palabras por sí solas. Eso tiene varias ventajas:

  1. El canto puede ayudarnos a tomar más tiempo para reflexionar en el significado de las palabras. Se pueden estirar las palabras y frases. Se nos permite repetirlas o poner espacio entre palabras.
  2. La música puede amplificar la emoción de las palabras que estamos cantando, sea celebración gozosa (“Mejor que la vida”), temor reverente (“Santo, Santo, Santo”) o arrepentimiento doloroso (“Cabeza ensangrentada”).

Continuar leyendo Kauflin sobre «¿Qué pasa cuando cantamos?» [II]

Kauflin sobre «¿Qué pasa cuando cantamos?»

La pasión de Dios por el canto es evidente en una lectura superficial de los Salmos (Sal. 96:1, 2; 47:6). En total, la Biblia contienen más de 400 referencias al canto y 50 mandamientos directos a cantar. El libro más largo en la Biblia, los Salmos, es un libro de canciones. Y en el Nuevo Testamento se nos manda no una vez, sino dos veces, a cantar salmos, himnos y canciones espirituales unos a otros cuando nos reunimos (Ef. 5:19; Col. 3:16).

¿Por qué tan a menudo Dios nos dice no sólo que le ensalcemos, sino también que cantemos sus alabanzas cuando nos reunimos? ¿Por qué palabras y música y no sólo palabras? Una razón es que Dios mismo canta (Sof. 3:17). En la víspera de Su crucifixión, Jesús cantó himnos con sus discípulos (Mt. 26:30). Hebreos 2:12 aplica el Salmo 22:22 a Jesús cuando dice: “EN MEDIO DE LA CONGREGACIÓN TE CANTARE HIMNOS”. Y en Efesios 5 nos dice que un efecto de ser “llenos del Espíritu” es: “hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor” (vv. 18, 19).

Algunos cristianos piensan que la música reemplaza la palabra, tanto en su significado como en su efecto. Otros cristianos piensan que la música socava la palabra. Agustín estaba consciente de cómo la música puede distraeros de la palabra e incluso, potencialmente, socavar la palabra. Pero la música y la palabra no están destinadas a estar en conflicto una con otra. Dios las quiere juntas: “¡Aleluya! Porque bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios, porque agradable y apropiada es la alabanza” (Sal. 147:1). Él nos dio la música para servir a la palabra.

EL CANTO PUEDE AYUDARNOS A RECORDAR PALABRAS

Nosotros almacenamos cientos, literalmente miles, de canciones en los baúles de nuestra memoria, listas para ser consultadas en cualquier momento. Los científicos están descubriendo que nuestras mentes están programadas para reconocer, clasificar y recordar patrones en música mejor que patrones en palabras por sí solas. En Deuteronomio 31, Dios usó la música para ayudar a Su pueblo a recordar Sus palabras (Dt. 31:21). Continuar leyendo Kauflin sobre «¿Qué pasa cuando cantamos?»