Me gusta escribir con la luz.

Me encanta la fotografía. Me encanta tomar mi cámara fotográfica, encuadrar, enfocar y presionar el disparador, para así capturar una imagen. Me gusta tanto la fotografía porque por ella puedo capturar y contemplar [por un largo tiempo] la bella imagen de la creación de Dios, una creación que cuenta la gloria de Dios (Sal. 19:1). Detenerme y contemplar la creación de Dios en detalle hace que mi corazón se llene de emoción y entone una alabanza al Creador.

Lamentablemente, muchos se han acostumbrado al ritmo rápido de este mundo y no observan con detenimiento la creación de Dios. Otros se han acostumbrado de tal manera a la creación de Dios, que muchas veces no les parece tan maravillosa como en realidad ella es (Sal. 72:18; 77:14; 86:10). Pero con la fotografía yo puedo capturar algunos detalles de la creación de Dios, contemplarlos y repetir las palabras del salmista: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras. En ellos puso una tienda para el sol, y éste, como un esposo que sale de su alcoba, se regocija cual hombre fuerte al correr su carrera. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el otro extremo de ellos; y nada hay que se esconda de su calor” (Salmos 19:1-6). Y cantar las palabras de Folliott S. Pierpoint en su himno Por la excelsa majestad: Continúa leyendo Me gusta escribir con la luz.

Edwards sobre “La humildad espiritual”.

La humildad espiritual es el convencimiento que un cristiano tiene de cuán insuficiente y detestable es, cosa que lo lleva a abatirse a sí mismo, exaltando únicamente a Dios. Al mismo tiempo, hay otra clase de humildad que podemos llamar humildad legal. La humildad legal es un experiencia que solo los no creyentes pueden experimentar. La ley de Dios obra en sus conciencias y hace que vean lo inhabilitados y pecadores que son. Sin embargo, no ven la naturaleza odiosa del pecado, ni lo rechazan en sus corazones, ni se entregan a Dios. Se sienten humillados como a la fuerza, pero no tienen humildad. Sienten lo que toda persona impía y el diablo, sentirán en el día del juicio: convicción, humillación y la obligación de admitir que Dios tiene la razón. Con todo, siguen siendo inconversos.

La humildad espiritual, por contraste, nace del sentido que el verdadero cristiano tiene de la hermosura y la gloria de la santidad de Dios. Hace que sienta lo vil y despreciable que es en sí mismo debido a su pecaminosidad. Lo lleva a postrarse libre y gozosamente a los pies de Dios, negándose a sí mismo y renunciado a sus pecados.

La humildad espiritual pertenece a la esencia de la verdadera religión. Quienes no la tienen no son cristianos genuinos, por más maravillosas que sean sus experiencias. Las Escrituras dan abundante testimonio de la necesidad de esta humildad: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Salmo 34:18). “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). “Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies… pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:1-2). “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). También véase la parábola del fariseo y el publicano en Lucas 18:9-14.

La humildad espiritual es la esencia de la abnegación del cristiano, la cual consta de dos partes: Primero, un hombre tiene que negar sus inclinaciones mundanas y abandonar todo deleite pecaminoso. Después, debe negar su justicia propia y su preocupación personal, cosas que le nacen por naturaleza. La segunda parte es la más difícil de hacer. Muchos han hecho la primera sin hacer la segunda; han rechazado los placeres materiales, pero siguen disfrutando el placer diabólico del orgullo. Continúa leyendo Edwards sobre “La humildad espiritual”.

Según la Biblia, ¿qué es el corazón?

En 1 Samuel 16:7 leemos lo siguiente: “No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; pues Dios ve no como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el SEÑOR mira el corazón”. ¿Quiere decir este pasaje que Dios puede mirar al órgano biológico que bombea la sangre en nuestro cuerpo?

Aunque hay pasajes bíblicos que pueden hablar del corazón como el órgano biológico indispensable para la vida física (Gn. 18:4,5; Lv. 17:11); la mayoría de las veces que encontramos el término “corazón” en la Biblia, no se refiere al órgano biológico que bombea la sangre en nuestro cuerpo. Cuando la Biblia habla del “corazón” se está refiriendo a la parte interna de una persona (1 P. 3:3,4), al hombre (sentido genérico) interior. El corazón, pues, es quien es realmente la persona (Proverbios 23:7a). Continúa leyendo Según la Biblia, ¿qué es el corazón?