¡Bendiciones, cuántas tienes ya!

Predicador: Pastor Sugel Michelén.
Pasaje bíblico: 1 Corintios 1:1-9.

Si nosotros somos cristianos, son innumerables las bendiciones que disfrutamos como individuos y como iglesia. Todo eso en virtud de nuestra unión con Él. Sin embargo, muchas veces permitimos que los problemas y dificultades nos arropen de tal manera que terminamos perdiendo de vista los enormes privilegios que disfrutamos aquí y ahora; y los que vamos a disfrutar en la presencia de Dios por los siglos de los siglos.

En todo el Nuevo Testamento nosotros no encontramos una iglesia que posea un catálogo más variado de problemas que la iglesia de Corinto. Sin embargo, Pablo tenía ojos para ver la obra que Dios estaba haciendo en medio de ellos. ¿Cuáles son las evidencias que Pablo menciona de la obra de Dios en la iglesia en Corinto?

EVIDENCIAS DE GRACIA

La existencia de esta carta: “Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios” (v. 1). A pesar de todos sus problemas en Corinto, el Señor no se había olvidado de ellos. En Su infinita bondad el Dios del cielo estaba atento y vigilante a lo que estaba sucediendo en esta iglesia. Y había decidido enviarles Su Palabra para darles a conocer lo que Él pensaba al respecto.

Su existencia como iglesia: “a la iglesia de Dios que está en Corinto” (v. 2). Pablo había sido el instrumento humano que Dios había utilizado para la edificación de esta iglesia, pero el creador de esta iglesia era Dios. Dios los había escogido desde antes de la fundación del mundo y en su momento Él comenzó a llamar a hombres y mujeres al arrepentimiento y providencialmente comenzó a congregarlos a todos en una iglesia local. Continuar leyendo ¡Bendiciones, cuántas tienes ya!

Sproul sobre “La justicia de Dios”.

No hay conflicto entre el Dios del Antiguo y el del Nuevo Testamento. Fue el Dios del Antiguo Testamento a quien Cristo llamó, “Padre.” Fue el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, quien de tal manera amó al mundo, que envió a su único Hijo para redimirlo. La comida y la bebida de Jesús fue hacer la voluntad de este Dios. Fue el celo por este Dios lo que consumió a Cristo, el Dios que mató a Nadab, Abiú y a Uza. El mismo Dios que destruyó al mundo con un diluvio, es el mismo que derrama las lluvias de su gracia sobre nosotros.

El falso conflicto entre los dos testamentos puede ser visto en el más brutal acto de la venganza divina jamás registrado en la Escritura. No se encuentra en el Antiguo, sino en el Nuevo Testamento. La más violenta expresión de la ira y la justicia de Dios se pueden ver en la cruz. Si alguien ha tenido razones para quejarse de injusticia, fue Jesús. El fue el único hombre inocente al que Dios ha castigado. Si nos tambaleamos ante la ira de Dios, tambaleémonos ante la cruz. Es aquí donde nuestro asombro debe estar enfocado. Si tenemos causa para indignamos moralmente, dirijamos esa indignación hacia el Gólgota.

La cruz fue a la vez el ejemplo más horrible y el más hermoso de la ira de Dios. Fue el acto más justo y más lleno de gracia en la historia. Dios hubiera sido más que injusto, hubiera sido diabólico en castigar a Jesús, si Jesús no hubiese estado dispuesto a tomar sobre sí los pecados del mundo. Una vez que Cristo se hizo voluntariamente el Cordero de Dios, cargando nuestros pecados, entonces El se convirtió en la cosa más vil y grotesca sobre este planeta. Con la carga de nuestro pecado que El cargó, se hizo completamente repugnante al Padre. Dios derramó su ira sobre esta cosa obscena. Dios hizo a Cristo maldito por el pecado que El llevaba.

Aquí fue donde la justicia de Dios se manifestó perfectamente, y todo fue hecho por nosotros. Pues El tomó lo que la justicia demandaba de nosotros. Este aspecto, “por nosotros”, es lo que despliega la majestad de la gracia de la cruz, en donde se manifestó al mismo tiempo la gracia y la justicia, la ira y la misericordia. Es demasiado extraordinario para comprenderlo.

Este artículo es un extracto tomado de: R. C. Sproul. La santidad de Dios (Editorial Unilit, 1991), pp. 75, 76.

Te doy gracias – Jonathan & Sarah Jerez

LETRAS

Cuando sale el sol temprano cada día
Es tu gracia que me da aliento de vida
En ti vivimos, nos movemos y existimos
Por orden de tu voz
Tu presencia me refresca en la mañana
Me alimenta y me sustenta tu Palabra
Tu favor y bien rodean mi camino
Por tu constante amor

CORO:
Te doy gracias
Grandes son tus obras, Oh Señor
Te doy gracias
Por tu fidelidad, bondad y amor
Te doy gracias
Grandes son tus obras, Oh Señor
Te doy gracias
Mi alma te bendice hoy

Tu demuestras que me amas y me cuidas
Y me suples siempre el pan de cada día
Nada bueno tú retienes a tus hijos
Eres mi proveedor
Al oscurecer, cuando llega la noche
Tu me libras de ansiedades y temores
Es tu mano mi refugio y mi descanso
Eres mi guardador

PUENTE:
Padre, ¿Cómo he de dudar de tus bondades?
Si a tu Hijo unigénito entregaste
Me has llamado por mi nombre y me salvaste
Agradecido estoy

© Jerez Music 2017 Letra & Música por Federico Alvarez, Jonathan Jerez, Sarah Jerez, José R. Peña y Odrys Queliz

Cómo correr bien la carrera cristiana.

CorredoresUn atleta que corre en una carrera no puede darse el lujo de mirar hacia atrás. Aun cuando está cerca de la meta él no mira hacia atrás, sino que extiende su cuerpo hacia la meta. Mirar atrás, aunque sea por un segundo, podría hacer que el atleta pierda la carrera.

Es muy probable que esa (un atleta corriendo en una carrera) sea la imagen que el apóstol Pablo tenía en mente cuando escribió lo siguiente:

“No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

Pablo admitió que él todavía no había cruzado la meta. Él no era perfecto. Él todavía no había llegado al cielo con Jesucristo, todavía no había sido conformado a la imagen de Jesucristo –ni en cuerpo ni en espíritu–. Todavía pecados y debilidades vivían en él. Pero él seguía corriendo y se dirigía a la meta. Y Pablo corría bien: él olvidaba lo que quedaba atrás y se extendía hacia lo que estaba delante. Continuar leyendo Cómo correr bien la carrera cristiana.