Raquel fue una de las dos hijas de Labán. Jacob se enamorĂł de ella y sirviĂł a su padre por siete años y despuĂ©s siete años más –ya que Labán lo habĂa engañado dándole como esposa a su otra hija, Lea–.
En los primeros versĂculos de GĂ©nesis 30 se nos dice que Raquel tenĂa envidia de su hermana Lea ya que, a diferencia de su hermana, ella no daba hijos a Jacob. Pero los primeros versĂculos de GĂ©nesis 30 hacen más que eso, tambiĂ©n nos muestra –en el ejemplo de Raquel– algunas señales de idolatrĂa en el corazĂłn.
Raquel le demandĂł a Jacob lo siguiente: “Dame hijos” (v. 1). Eso era una demanda, no un mero deseo; y podemos saber eso por las siguientes palabras que ella expresĂł –las cuales veremos en breve–. Raquel estaba demandando que Jacob le diera algo que sĂłlo Dios puede dar. Es cierto que Dios utiliza como medio la relaciĂłn sexual entre un hombre y una mujer para traer hijos al mundo, pero no es menos cierto que al final del dĂa es Dios quien da o no da a los hijos. Por eso Jacob se enojĂł con Raquel y le dijo: “¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?” (v. 2). Una señal de idolatrĂa en el corazĂłn es el demandar que una cosa o persona nos dĂ© lo que sĂłlo Dios puede dar.
Inmediatamente despuĂ©s de la demanda de Raquel a Jacob, ella agregĂł lo siguiente: “si no [me das hijos], me muero” (v. 1). Tener hijos es una bendiciĂłn de Dios, Dios bendijo a Adán y Eva de la siguiente manera: “Sed fecundos y multiplicaos” (GĂ©n. 1:28). Pero Raquel le dio a esa bendiciĂłn el lugar que le corresponde sĂłlo a Dios. Hasta ese momento, Dios no le habĂa dado hijos a Raquel –a pesar de que ellos lo habĂan buscado–; pero en vez de ella aceptar la voluntad de Dios hasta ese momento, ella quiso morirse. Una señal de idolatrĂa en el corazĂłn es el no querer seguir viviendo si no tenemos algo que queremos.
Debido a que, despuĂ©s de haberlo buscado, Raquel no le daba hijos a Jacob, ella recurriĂł a hacer algo que era comĂşn en su Ă©poca: “Y ella dijo: AquĂ está mi sierva Bilha; llĂ©gate a ella para que dĂ© a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo tambiĂ©n tenga hijos” (v. 3). Pero el hecho de que eso fuera lo comĂşn en esa Ă©poca no significa necesariamente que Dios aplaudiera tal acciĂłn. Dios le dio una mujer a Adán (GĂ©nesis 2) y El aprueba la monogamia. Una señal de idolatrĂa en el corazĂłn es el estar dispuesto a pecar para conseguir eso que deseamos.
JesĂşs es Dios y por eso Él merece estar sentado en el trono que está en el centro de nuestro corazĂłn. Y sĂłlo Él es digno de nuestro supremo afecto y lealtad. JesĂşs tambiĂ©n es Salvador y por eso Él puede perdonarnos y rescatarnos de la idolatrĂa.
