Mi esperanza está en Jesús.

LETRA

Cuán grande abismo entre nosotros
Cuán alto monte fallé escalar
Con desespero volví al cielo
Y en la noche te hice llamar

Allí en lo oscuro tu amor profundo
Cruzó la sombra y me alcanzó
Ya es consumado y el fin escrito
Mi esperanza está en Jesús

Quien imagina piedad tan grande
Tan plena gracia al corazón
El Dios eterno dejó Su gloria
De mi pecado Él se vistió

La cruz ha hablado, soy perdonado
El Rey de Reyes me adoptó
Señor hermoso te pertenezco
Mi esperanza está en Jesús

[Coro]
O Aleluya, sea al que me libertó
Aleluya, de la muerte me arrancó
Las cadenas quebrantó
Y en Su nombre hay salvación
Mi esperanza está en Jesús

Y tus promesas fueron selladas
Cuando tu cuerpo resucitó
Desde el silencio Tu gran rugido
Quebró el poder de la muerte en mí

La victoria está en Ti


Adaptación al Español: Edward Rivera and Christine D’Clario © 2017 Bethel Music Publishing (ASCAP) / Phil Wickham Music (BMI) / Simply Global Songs (BMI) / Sing My Songs (BMI) (admin. at EssentialMusicPublishing.com) / GraceHouse Publishing (ASCAP). All Rights Reserved. Used by Permission.

Mi reacción ante la anulación del derecho al aborto.

El caso Roe vs. Wade, llamado así por “Jane Roe” (la demandante a favor del aborto) y Henry Wade (un fiscal de distrito en contra del aborto), fue el litigio judicial de 1973 en el que la Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó que la Constitución protegía la libertad de una mujer embarazada para optar por un aborto. Según abort73.com, desde ese entonces, “más de 2,400 seres humanos mueren por aborto cada día en los Estados Unidos”.

¡ANULADO!

El 6 de mayo del presente año (2022), el ministerio Living Waters realizó una publicación con el siguiente título “Roe vs. Wade pudiera ser anulado si hacemos esto”. ¿Sabes lo que pensé cuando leí ese título? “¿Anular Roe vs. Wade? ¡Imposible!”.

Pero el pasado 24 de junio CNN en Español reportó como la Corte Suprema de Estados Unidos acababa de anular el caso Roe vs. Wade, al considerar que ya no existía el derecho constitucional federal al aborto. Me paré de un brinco de mi asiento, me aseguré de que no estaba leyendo una noticia falsa y una sonrisa apareció en mi rostro.

La anulación del derecho al aborto no significa que el aborto se ha vuelto ilegal en todos los Estados Unidos; significa que cada estado determinará o no los derechos de aborto. Sin embargo, vale la pena orar para que Dios confirme está decisión a lo largo de los años y esta decisión es digna de celebrar porque es un fuerte golpe contra el aborto:

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Jesús, un hombre de oración.

Al leer el evangelio según Marcos, su narrativa nos deja con un sentido de acción o urgencia. “Marcos se interesa más en narrar los hechos poderosos que realizó Jesús que en preservar sus palabras. El ritmo de la narración se acelera con la repetición de adverbios como “inmediatamente”, “enseguida” o “al instante”; los cuales logran una rápida transición entre un milagro y la interacción de las personas con Jesús al siguiente” (La Biblia de Estudio de la Reforma).

Muy unido con lo anterior, al leer la narrativa que Marcos hace de Jesús no nos cabe duda de que éste último era alguien muy ocupado. En el primer y segundo capítulo de Marcos se relata a Jesús siendo bautizado por Juan, siendo tentado por Satanás, predicando en Galilea, llamando a Sus primeros discípulos y sanando a muchos enfermos.

A pesar de tener una agenda tan ocupada, Marcos nos relata algo muy interesante de Jesús –y es que Él tenía tiempo para orar–: “Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba” (Marcos 1:35). Y orar era algo que Jesús hacia no algunas veces, sino siempre: después de alimentar a más de cinco mil personas, Jesús “se fue al monte a orar” (6:45).

Los demás evangelios confirman que Jesús siempre oraba:

  • Cuando Jesús fue al huerto de Getsemaní, Él oraba (Mateo 26:36).
  • Cuando Jesús fue bautizado, Él oraba (Lucas 3:21).
  • Cuando Jesús iba a escoger a Sus apóstoles, Él oró (Lucas 6:12).
  • Cuando Jesús se transfiguró frente a Sus discípulos, Él oraba (Lucas 9:29).

Jesús siempre tenía tiempo para orar no porque tenía pocas cosas que hacer, sino a pesar de tener muchas cosas que hacer. Jesús siempre tenía tiempo para orar no porque Él era Dios. Aunque Jesús es verdaderamente Dios, Él también es verdaderamente hombre. Jesús siempre tenía tiempo para orar no porque Él tenía más de 24 horas en Su día. Jesús siempre tenía tiempo para orar porque comunicarse con Su Padre celestial era una prioridad para Él.

Y si para alguien como Jesús, quien es nuestro Salvador y Señor, la oración era una prioridad; ¿cuánto más debería serlo para cada uno de nosotros? Hagamos nuestra esa frase de Martín Lutero: “Tengo tantas cosas que hacer hoy que pasaré las primeras tres horas en oración”. ¿Está tu horario lleno? Aprende de Jesús: levántate más temprano, aléjate de las distracciones y ora.

Jesús no tan solo oró en el huerto de Getsemaní y en la cruz del Calvario, sino que Él sigue orando en el cielo a favor de nosotros –incluso cuando somos negligentes en orar (Hebreos 7:25).

La ocasión en la que Jesús “no quiso” sanar a alguien.

En el evangelio según Mateo se nos dice que Jesús comenzó su ministerio público enseñando, proclamando el evangelio y sanando. También se nos dice que traían a Él todos los que estaban enfermos, los endemoniados, epilépticos y paralíticos, y Él los sanaba (4:23, 24).

Pero en el mismo evangelio según Mateo nos topamos con un relato peculiar. En este relato Jesús parece no querer sanar a alguien que lo necesita y lo pide. Dije “parece”, porque al final Jesús otorga lo que se le pide. Y la “demora” de Jesús en responder no debe ser entendida como que le torcieron el brazo para que hiciera algo que Él no quería hacer. Más bien, Jesús tenía un propósito –y uno bueno– con esta “demora”.

Leamos el relato bíblico:

“Saliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región, comenzó a gritar: «Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada». Pero Él no le contestó nada. Y acercándose Sus discípulos, le rogaban: «Atiéndela, pues viene gritando tras nosotros». Y Jesús respondió: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Pero acercándose ella, se postró ante Él, diciendo: «¡Señor, ayúdame!». Y Él le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos». Ella respondió: «Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y su hija quedó sana desde aquel momento” (Mateo 15:21-28).

La mujer cananea le pide a gritos a Jesús que tenga misericordia, pues su hija estaba endemoniada. El relato nos dice que Jesús no le contesta nada. Por la petición de los discípulos a Jesús podemos saber que, a pesar del silencio de Jesús, la mujer sigue pidiendo a gritos misericordia.

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