La oraciĂłn de Pablo por la iglesia en Colosas nos invita a orar por nosotros mismos y por otros cristianos, al mismo tiempo nos informa de cĂłmo deberĂamos orar.
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Razones por las que no tienes lo que quieres [III]
El no pedir a Dios lo que quieres y el pedir a Dios para gastar en deleites pecaminosos son dos razones por las que en ocasiones no tenemos lo que queremos. ÂżPuedes pensar en una tercera razĂłn? Santiago, en el capĂtulo 5 de su carta, nos da una tercera razĂłn.
En Santiago capĂtulo 5 se menciona a Job como un hombre que esperĂł pacientemente en el Señor y tuvo un buen final: “HabĂ©is oĂdo de la paciencia de Job, y habĂ©is visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo, y misericordioso” (v. 11). El autor nos llama a imitar a Job.
DespuĂ©s se menciona a ElĂas, profeta de Dios que profetizĂł mientras Acab reinaba sobre Israel: “ElĂas era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y orĂł fervientemente para que no lloviera, y no lloviĂł sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez orĂł, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto” (vv. 17, 18). NĂłtese que el autor no dice que ElĂas era un hombre extraordinario y que debemos ser como Ă©l para que nuestras oraciones sean escuchadas; sino que el autor nos anima a orar porque ElĂas era un hombre ordinario y sus oraciones fueron escuchadas. Dicho de otra manera, la diferencia la hizo la oraciĂłn y no ElĂas.
Ahora, no es menos cierto que la oraciĂłn de ElĂas tuvo cierta caracterĂstica. En 1 Reyes 18 se relata que ElĂas subiĂł a orar a la cumbre del Carmelo para que Dios diera fin a la sequĂa. Él (ElĂas) mandĂł varias veces a su criado a mirar hacia el mar y no fue hasta la sĂ©ptima vez que Ă©ste Ăşltimo vio una pequeña nube. La oraciĂłn de ElĂas fue una oraciĂłn persistente.
Cuando Dios no responde inmediatamente a nuestras oraciones no significa necesariamente un “no” definitivo. Donald Whitney dice: “Algunas veces un fallo en persistir en la oraciĂłn muestra una falta de seriedad acerca de lo que pedimos en primer lugar. Otras veces Dios quiere que persistamos en la oraciĂłn para fortalecer nuestra fe en Él. La fe nunca crecerĂa si todas nuestras oraciones fueran respondidas inmediatamente. La oraciĂłn persistente tiende a desarrollar una gratitud más profunda tambiĂ©n… Y aunque esta generaciĂłn que mide el tiempo en nano-segundos odia admitir su necesidad de esto, Dios nos hace tan pacientes como Jesucristo cuando Él requiere que oremos con persistencia”.
AsĂ que, si me dices: “he estado pidiendo a Dios algo lĂcito, pero no tengo lo que quiero”; yo te respondo: “… todavĂa”. No te rindas. Persiste en la oraciĂłn.
1ra parte; 2da parte; 3ra parte
Fe y conducta.
DespuĂ©s de que el autor de Hebreos ha mostrado la superioridad de Cristo, ha animado a sus lectores a continuar en la fe y los ha advertido en contra de la apostasĂa; el pasa a dar algunas exhortaciones finales en el capĂtulo 13. Y dentro de esas exhortaciones se encuentra la siguiente: “Acordaos de vuestros guĂas que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe” (v. 7). Aunque el texto no dice literalmente “pastores”, sin duda alguna los incluye; ya que los pastores son aquellos que guĂan y hablan la Palabra de Dios.
El llamamiento allĂ es a que imitemos la fe de nuestros pastores, considerando el resultado de su conducta. Al ver el resultado de la conducta de nuestros pastores, sabemos que vale la pena tener fe.
Ahora, algo claro que se nos enseña en Hebreos es que los creyentes no van a obtener todo lo que Dios les ha prometido de este lado del cielo (Heb. 11:39). Pero el resultado de la conducta de ellos que tienen fe todavĂa puede ser visto en su paciencia: “a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12); en el gozo en medio de la aflicciĂłn: “Porque tuvisteis compasiĂłn de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenĂ©is para vosotros mismos una mejor y más duradera posesiĂłn” (Heb. 10:34); en el buen testimonio de parte de Dios: “Y todos Ă©stos, habiendo obtenido aprobaciĂłn por su fe, no recibieron la promesa” (Heb. 11:39). Y es que la fe viva, la fe verdadera, siempre se reflejará en la conducta –y en una buena conducta–. Dicho negativamente, en palabras de Santiago, la fe sin las obras está muerta (Stg. 2:17).
PermĂtanme resaltar que el llamamiento no es que aquellos que están siendo discipulados por el pastor imiten su estilo de predicaciĂłn, tampoco es un llamamiento a ser indulgente con tus pecados porque tu pastor tambiĂ©n peca. El llamamiento es a imitar su fe.
A LOS PASTORES
Ahora, este versĂculo no habla solamente a ti y a mĂ; este versĂculo habla implĂcitamente a los pastores. Es deber de los pastores, aparte de guiar y hablar la Palabra, ser modelos de fe que otros puedan imitar. Ellos deben ser «ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1 Ti. 4:12). Y por si acaso todavĂa no lo has entendido, una conducta ejemplar es mucho más que una conducta aceptable. Los pastores deben ser capaces de decir pĂşblicamente: “Sed imitadores de mĂ, como tambiĂ©n yo lo soy de Cristo” (1 Co. 11:1).
Pastor, recuerda que aquellos que te dan sus oĂdos tambiĂ©n tienen sus ojos en ti. Por lo tanto, que la Palabra de Dios que hablas sea tambiĂ©n aplicada a tu conducta.
Gracia para inmorales y moralistas.
En Jonás 4 vemos como Dios manifiesta Su gracia tanto para la ciudad inmoral de NĂnive como tambiĂ©n para el profeta que se estaba comportando como un moralista, Jonás.