¿Cómo podemos saber que Dios existe? [III]

Las leyes morales absolutas apuntan a un legislador supremo: a diferencia de las leyes naturales –que describen lo que es–; las leyes morales no siempre describen lo que es, sino lo que debe ser. Dicho de otra manera, describen lo bueno que los hombres deben hacer y lo malo que no deben hacer –independientemente de lo hagan o no–. Por “absolutas” significo leyes objetivas (independientemente a lo que cada persona piense), universales (presentes en cada lugar) y constantes (no cambian con el tiempo). Y al ver leyes así, la conclusión más lógica es que hay un legislador supremo de estas. Ahora, ¿existen leyes morales absolutas?

Las leyes morales absolutas sí existen: a pesar de que vivimos en una época en la cual las personas tienen mucho miedo de imponer su propia forma de pensar a los demás, existen leyes morales absolutas y todas las personas esperan ser tratadas de acuerdo a ellas. A ninguno nos gustaría que al momento de expresar nuestra opinión alguien nos gritara “¡CÁLLESE!” o nos diera una golpiza en la boca. Los hombres aplauden la tolerancia y el amor como algo bueno, pero condenan como malo lo contrario. Matar, robar y mentir son considerados como cosas malas en cualquier parte del mundo, en todas las épocas.

Por lo tanto, existe un legislador supremo… Dios: las leyes morales absolutas no pudieron haber sido creadas por la sociedad, porque ellas trascienden la opinión personal, algún lugar en específico y determinada época. Si un legislador supremo no existe, entonces tampoco existirían las leyes morales absolutas. Pero el hecho de que tales leyes sí existen nos da a entender que también existe un legislador supremo y ese es Dios.

El Dios de la Biblia reveló en Su ley Su carácter justo y bueno al hombre (varón y hembra). Pero también puso una conciencia en todo hombre –independientemente de si éste tiene o no la Biblia a Su alcance–; para que ésta (conciencia) le aplauda al hacer lo bueno y le condene al hacer lo malo: “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos” (Romanos 2:14, 15).

1ra parte; 2da parte; 3ra parte; 4ta parte

 

La propiciación.

Propiciación
«Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados» (Isaías 53:5. LBLA).

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Imagen original por Chris Powers. Versículo añadido por Misael Susaña.

Todos perecerán, a menos que se arrepientan.

Desastre

El 12 de enero del 2010 un fuerte terremoto sacudió al país de Haití dejando más de 150 mil muertos. Un desastre más reciente, aunque no tan catastrófico como el primero, ocurrió en Miami (Florida) cuando un puente peatonal colapsó dejando al menos 6 muertos y varios heridos.

Al escuchar de desastres como esos, muchas personas piensan que “algo malo habrán hecho esas personas” para que Dios les mandara tal desastre. Y tal mentalidad no es nueva, en el tiempo de Jesús las personas pensaban de la misma manera. Lucas 13 nos dice que un grupo de personas le contaron a Jesús acerca de unos galileos a quienes Pilato había matado cruelmente (v. 1). A lo que Jesús respondió: “¿Pensáis que estos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque sufrieron esto?” (v. 2). Jesús también trajo a sus mentes la muerte de 18 personas debido a que una torre calló sobre ellas; y Él volvió a preguntar: “¿O pensáis que aquellos… eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén?” (v. 3).

Jesús mismo respondió a ambas preguntas: “No”, y agregó, “si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (vv. 3, 5). Aunque los desastres y la muerte son consecuencia del pecado, no todo desastre es el resultado directo de un pecado en específico. Jesús no nos dijo por qué le ocurrieron tales desastres a esas personas, pero si nos deja claro que no fue porque ellas eran más pecadoras.

Si tú no eres cristiano y estas leyendo esto, debes saber que estás vivo no porque eres menos pecador que los demás. Así que, la pregunta no es “¿por qué tantos haitianos murieron en el terremoto?” o “¿por qué ese puente calló sobre esas personas?”, sino “¿por qué no estaba yo entre esos que murieron?”.

Tú estas vivo porque Dios, en Su soberanía, ha sido bondadoso, tolerante y paciente contigo hasta ahora (Ro. 2:4). Y Él no quiere que tú respondas a esa bondad continuando en una vida de pecado impenitente, lo cual te llevará a perecer. Tal vez la tierra sobre la que estás no tiemble y nada caiga sobre ti, pero –si no te arrepientes– perecerás en el infierno para siempre. Dios quiere que tú respondas a Su bondad arrepintiéndote sinceramente de todos tus pecados, y confiando sólo en Jesús como tu Salvador y Señor.

¿Me amas?

Después de la muerte y la resurrección de Jesucristo, Él se manifestó a algunos de Sus discípulos que estaban pescando junto al mar de Tiberias y desayunó con ellos. Después de desayunar, Jesucristo le hizo las siguientes preguntas a Pedro:

“Entonces, cuando habían acabado de desayunar, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos. Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).

Algunos piensan que lo que entristeció a Pedro fue la cantidad de veces que Jesús preguntó: Jesús hizo la misma pregunta (¿me amas?) a Pedro tres veces, la misma cantidad de veces que Pedro lo negó.

Otros piensan que lo que entristeció a Pedro fue específicamente la tercera pregunta de Jesús: mientras que las dos primeras veces en las que Jesús preguntó Él hizo la pregunta con el griego agapao (considerado por algunos como el amor más excelente), la última vez Él hizo la pregunta con el griego fileo (considerado por algunos como un amor inferior al mencionado anteriormente). Continuar leyendo ¿Me amas?