Salmo 51 (Compadécete de mí) – Alabanzaré

LETRA

Compadécete de mí,
Pues, oh Dios, yo clamo a ti;
Y con noble compasión
Borra tú mi rebelión.
Y hazme puro en verdad,
Redimiendo mi maldad.

He pecado contra ti,
Y dolor yo siento en mí.
Pues tu gracia desprecié,
Y tus leyes quebranté;
Tú eres justo, oh Señor,
Más yo pobre pecador.

En pecado yo nací,
Nada bueno hay en mí;
Sólo en ti hay salvación,
Tú das luz al corazón,
Ven entonces a mi ser,
Y hazlo tú resplandecer.

Letra por Richard Redhead. Traductor Wayne Anderson. Música por Christopher Miner © 1997 Christopher Miner Music

Quietos, sepan.

"Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra" (Salmos 46:10).
“Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra” (Salmos 46:10).

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¿Qué significa aleluya?

“Aleluya” es una palabra que tiene su origen en el idioma hebreo, la cual está compuesta por:

  • jalál (en su forma imperativa), que significa hablar elogiosamente, celebrar, aclamar, cantar, alabar, glorificar; y
  • Yaj, que es la contracción del nombre del Dios eterno, auto-existente y auto-suficiente, Jehová o Yahweh (Ex. 3:14, 15).

Así que, el significado de “aleluya” es alabad a Jehová.

Desde hace mucho tiempo atrás, “aleluya” se ha utilizado como una gozosa exclamación de adoración. En los Salmos aparece sólo al principio (111; 112), al principio y al final (106; 113; 135; 146; 148; 149; 150), o sólo al final de estos (104; 105; 115; 106; 117; 147). En Apocalipsis se relata una gran multitud en el cielo que dice una y otra vez: “¡Aleluya!” (19:1, 3, 4, 6); debido al juicio y reinado de Dios, y llegada de las bodas del Cordero.

Creo que “aleluya” debería ser nuestra expresión de admiración o formula de adoración favorita (por encima de “wow!” o “¡guau!”), ya que ésta dirige la gloria a quien le pertenece –Jehová–, por quien Él es y por lo que ha hecho.

Gustad, y ved que es bueno Jehová.

“Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él” (Salmos 34:8; RVR1960).

Gustad, y ved. Haz una prueba interna y experimental de la bondad de Dios. No podrás ver a menos que gustes por ti mismo. Si tú gustas, tú verás, porque esto, como la miel de Jonatán, ilumina los ojos. Que es bueno Jehová. Sólo podrás saber esto, real y personalmente, por la experiencia. Allí está el banquete con sus bueyes y animales engordados, sus manjares suculentos llenos de médula y vino bien refinado; pero toda su dulzura será desconocida para ti a menos que hagas tuyas las bendiciones de gracia, por una viva, interior y vital participación de ellas. Dichoso el hombre que confía en él. La fe es el gustar del alma; aquellos que gustan al Señor, por su confianza, siempre lo encuentran bueno y ellos se convierten a sí mismos en dichosos. La segunda clausula del versículo es el argumento de apoyo de la exhortación contenida en la primera oración1.

ALLÍ ESTÁ LA GLORIA DE DIOS Y NUESTRO BENEFICIO

En la primera parte del Salmo 34:8 se dice que «bueno es Jehová». Dios en Su naturaleza es bueno; no hay nadie como Él, no hay nadie más bueno que Él. El hombre, por la gracia de Dios, tiene cierto grado de bondad; pero no olvidemos que esa bondad le ha sido dada por, procede del Dios que es bueno por naturaleza. Cuando el hombre gusta y ve, reconoce con gozo, que Dios es bueno, entonces Su gloriosa bondad brilla, Él es glorificado; porque es visto tal como Él es. Lo mismo podemos decir de la confianza en Él: cuando el hombre confía en Dios, Su gloriosa fidelidad brilla, Él (Dios) es glorificado; porque es visto tal como Él es, el Dios que siempre cumple Su Palabra.

Pero también en este salmo está nuestro beneficio en Dios. Nótese el llamamiento: “Gustad y ved”. Es un llamamiento a saborear personalmente cuán bueno es Dios. No se nos llama a gustar algo malo, no se nos llama a gustar algo agrio; más bien, se nos llama a saborear al Dios que es supremamente bueno. Por lo tanto, esto no es algo detestable y repugnante que estamos obligados a hacer, sino un dulce deber que traerá deleite y beneficio a nosotros. Esto se confirma en la segunda parte del versículo, donde se describe al hombre que confía en Dios como dichoso, bienaventurado, muy feliz. Ese hombre tiene que ser dichoso pues en quien él se apoya no es en otro hombre que miente, sino en el Dios siempre cumple Sus promesas de bien para aquellos que en Él confían (estos no serán avergonzados). Continúa leyendo Gustad, y ved que es bueno Jehová.