¿Qué se hace con el pecado?

LO QUE NOSOTROS DEBEMOS HACER

Debemos entristecernos por él: “Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:10).

Debemos confesarlo: “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (Juan 1:9).

Debemos pedirle a Dios que lo perdone: “Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la culpa de mi pecado” (Salmos 32:5).

Debemos pedirle a Dios que nos libre de él: “Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia” (Salmos 51:14).

Debemos abandonarlo: “El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia” (Proverbios 28:13).

LO QUE DIOS HACE

Dios los perdona: “El es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades” (Salmos 103:3).

Dios no los recuerda: “Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados” (Isaías 43:25).

Dios nos salva de él: “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Esto incluye:

  • Salvación del dominio del pecado: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado” (Romanos 6:6).
  • Salvación del poder del pecado: “estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6).
  • Salvación de la presencia del pecado: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada” (Efesios 5:27).

Tu mayor problema.

Tu mayor problema
«Tu mayor problema es el pecado. Pero Dios ha provisto la solución en el Señor Jesucristo. Tienes, pues, razón para gozarte mucho» –Misael Susaña (Buenas noticias de gran gozo).

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El reino de Jesucristo está cerca.

Cuando Jesucristo nació, Roma era dueña de Palestina; también, muchos en Israel eran pobres y muchos estaban enfermos. En esa época los judíos pensaban que el Mesías establecería un reino terrenal que derrocaría al imperio romano. Los judíos se equivocaron al pensar que el Mesías reinaría de tal forma en Su primera venida. Pero el Mesías ciertamente reinará de una manera universal y eterna: “Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32, 33).

En un sentido este reino ya ha venido, pero en otro sentido (escatológico o futuro) todavía no. Jesucristo, en Su primera venida, inauguró este reino: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15; véase también Mateo 12:28). Greg Gilbert dice –hablando acerca del sentido en el que el reino ya ha llegado:

“El rey Jesús va a la soledad del desierto para enfrentarse a Satanás (aquel que tantos años antes había tentado a Adán y arrojado el mundo a la corrupción), ¡y lo derrota de forma decisiva! Toca los ojos de una persona que había nacido ciega y la luz entra por primera vez. Se queda viendo hacia la triste oscuridad de una tumba y clama: “¡Lázaro, ven fuera!” y la muerte comienza a sentir como la opresión que ejerce sobre la humanidad se debilita al tiempo que este hombre muerto sale caminando. Y claro que después, sobre todo, el mismo pecado fue derrotado cuando Jesús clamó en la cruz “Consumado es”. Y la cautividad a la muerte terminó completamente cuando aquel ángel dijo (seguramente con una sonrisa en sus labios): “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?, no está aquí, ha resucitado” (Lucas 24:5-6). Paso a paso y golpe a golpe, Jesús estaba deshaciendo de forma completa los efectos de la caída. El rey legítimo del mundo había venido y todo lo que era obstáculo para el establecimiento de ese reino (pecado, muerte, el infierno, Satanás) estaba siendo derrotado de forma decisiva” (¿Qué es el evangelio?, p. 65).

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¿Me amarías igual?

Si entrara en prisión
Y lo perdiera todo
Dime la verdad
¿Me amarías igual?
Si te muestro quien soy
Junto a mis defectos
Dime la verdad
¿Me amarías igual?

Así comienza la canción Locked away, interpretada por R. City y Adam Levine1. En esa canción se expresa el deseo de encontrar el amor verdadero, un amor que permanece aún en los momentos más difíciles y después de conocer los defectos del otro. Otra de sus estrofas dice:

Y dime: ¿podrías esperar por mí?
¿Y la vida entregar por mí?
¿Gastarías tu amor en mí?
¿Me abrazarías si me siento mal?
Y dime: ¿llorarías tú por mí?
No tienes que mentir
¿Y si nada me quedará a mí
Dime si aún te podrías quedar?

Esa clase de amor que ellos buscan en una chica (o en sus semejantes) es el amor, aunque en un grado mucho mayor, que los cristianos ya disfrutamos en Jesucristo2. Continuar leyendo ¿Me amarías igual?