Los últimos tiempos han llegado.

Hay un refrán muy conocido que dice: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Sin embargo, la vida de muchos hoy en día dice lo opuesto: “¿Para qué hacer hoy lo que puedes hacer mañana?”. El estudiante hace la tarea el día antes de la entrega. La mujer siempre dice que comenzará la dieta el próximo año. El hombre sigue posponiendo el ejercitarse.

LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

En la Biblia la expresión “los últimos tiempos” se repite varias veces (Hch. 2:17; 1 Ti. 4:1; 2 Ti. 3:1; Heb. 1:2; 1 Pe. 1:20; 1 Jn. 2:18). Son “los últimos tiempos” en relación a la segunda venida de Jesucristo. Dicho de otra manera, “los últimos tiempos” es el período de tiempo previo a la segunda venida de Jesucristo. Continuar leyendo Los últimos tiempos han llegado.

PSC18: Sé Santo.

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C. J. MAHANEY: EL SUFRIMIENTO COMO INSTRUMENTO DE SANTIFICACIÓN

JEFF PURSWELL: SANTIDAD: LEJOS DEL PECADO, CERCA DE DIOS

C. J. MAHANEY: LA SANTIDAD, LA CRUZ Y LA SEGUNDA VENIDA

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No tan rápido… Dios ha decretado los medios.

Dios está sentado en Su trono, como el gobernador supremo, dirigiendo toda Su creación. Él, desde la eternidad, ha decretado todo lo que ha de suceder en el tiempo de una manera inalterable. Ahora, eso no significa que nosotros nos vamos a cruzar de brazos mientras miramos a las cosas que sucederán. Dios nos llama a actuar, a obrar, a movernos y nos considera responsables tanto de lo que hacemos como de lo que no hacemos. Y eso es así porque Dios no tan solo ha decretado el fin, sino también el medio para llegar a ese fin.

Eclesiastés 11:6 dice: “De mañana siembra tu semilla y a la tarde no des reposo a tu mano, porque no sabes si esto o aquello prosperará, o si ambas cosas serán igualmente buenas”. Dios es el que hace todas las cosas: Él dirige el camino del viento, la caída de la lluvia y todo lo demás –incluso la formación de los huesos en el vientre de una mujer embarazada–. Y aunque nosotros no conocemos la obra de Dios en ninguna de esas cosas; debemos trabajar si queremos recibir los frutos de nuestro trabajo. ¿Estás trabajando diligentemente?

1 Corintios 1:21 dice: “Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen”. El apóstol Pablo nos enseñó que Dios predestinó para salvación a un grupo de personas y que ellas serán salvas sin duda alguna. Y ese mismo apóstol nos enseñó que Dios salva por medio de la predicación del evangelio de Jesucristo. Es importante que ores para que Dios salve a tus seres queridos, pero también es necesario que le prediques el evangelio. ¿Estás predicando?

Filipenses 2:12 dice: “Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. El Espíritu Santo de Dios que habita en nuestro corazón es quien nos santifica, produciendo en nosotros tanto el querer como el hacer. Y la respuesta apropiada a eso, la respuesta que Dios espera de nosotros, es que nos ocupemos de nuestra salvación –no que la descuidemos–. ¿De qué maneras te estás ocupando de tu salvación en dependencia del Espíritu?

Santiago 4:2 dice: “No tenéis, porque no pedís”. Santiago les dijo a sus lectores que una de las razones por las cuales ellos no tienen aquello que anhelan es porque no lo piden. No debemos esperar recibir aquello que anhelamos cuando primero no lo hemos pedido a Dios en el nombre de Jesús. La oración es el medio que Dios ha decretado por el cual recibimos aquellas buenas cosas que anhelamos. ¿Hay algún anhelo lícito en tu corazón? ¿Ya se lo pediste a Dios en oración?