¿Por qué aprender de los hombres si ya tengo la Biblia?

La Biblia constituye «la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores». ¿Por qué, entonces, aprender de los hombres –sea directa o indirectamente–? ¿Por qué sentarnos a escuchar un sermón cada domingo? ¿Por qué asistir a conferencias en donde se enseña la Biblia? ¿Por qué tener confesiones de fe? ¿Por qué leer otros libros de autores cristianos?

Leemos en 1 Corintios 12:28 lo siguiente: “Y en la iglesia, Dios ha designado: primeramente, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego, milagros; después, dones de sanidad, ayudas, administraciones, diversas clases de lenguas”. Según este versículo, los maestros en la iglesia no han sido puestos por ellos mismos, sino por Dios. Los maestros son instrumentos de Dios para la edificación de la iglesia.

Algo similar se dice en Efesios 4:11 y 12: “Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Nótese otra vez, la idea de tener pastores y maestros para la edificación de la iglesia no fue una idea de los hombres, sino de Dios.

¿Cómo los maestros edifican a la iglesia? Al ser usados por Dios para instruir, explicar, aclarar la Palabra de Dios ya revelada. Eso implica que en ocasiones, después de ser instruidos por un maestro, obtendremos conocimientos que antes no teníamos o confirmaremos lo que ya sabíamos; en otras ocasiones cambiaremos de parecer con respecto a un determinado tema.

La presencia de maestros en la iglesia no atenta contra la suficiencia de la Biblia. Ningún maestro está al mismo nivel que la Biblia y mucho menos por encima de ésta. Por lo tanto, todo lo que salga de su boca debe estar basado y saturado por la Biblia; y los que escuchan deben examinar la Biblia para confirmar que se está diciendo la verdad. No hemos de abrazar una enseñanza porque quien la dijo fue un maestro popular. Ni hemos de rechazar una enseñanza porque quien la dijo fue un maestro de otra denominación (religiosa). Más bien, abrazaremos o rechazaremos una enseñanza porque hemos sido convencidos por la Biblia, la Palabra de Dios.

Dios, trabajando en los que trabajan.

La sincera obediencia a toda la santa Palabra de Dios es nuestra respuesta apropiada y el resultado que evidencia la obra de Dios en nosotros.

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Hogar, dulce hogar.

El cielo será un universo sin la maldición, listo para ser explorado y disfrutado como nunca antes por una iglesia ya glorificada. El cielo será Dios morando y teniendo comunión con Su pueblo. Y en el cielo todo será bueno, sin defecto.

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¿Cuánto ama Jesucristo a los Suyos?

Hay una oración de tres palabras que se imprime en etiquetas, se canta en canciones, se usa en el evangelismo, se lee en libros y se escucha en sermones. Esa oración es: Jesús te ama. Y todos nosotros corremos el peligro de acostumbrarnos a esta verdad de tal manera que ya no nos maraville. Pero, aquí está la Palabra de Dios para mantenernos asombrados ante esa maravillosa verdad.

¿Cuánto ama Jesucristo a los Suyos? Los primeros versículos de Filipenses 1 nos ayudarán a responder a esa pregunta.

Aunque es cierto que los primeros versículos de Filipenses 1 hablan acerca del amor de Pablo hacia los cristianos filipenses, en el versículo 8 se dice algo que no podemos darnos el lujo de ignorar: “Porque Dios me es testigo de cuánto os añoro a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús”. Eso significa que el amor que Pablo estaba demostrando era un reflejo del amor de Jesucristo hacia cada creyente. Continuar leyendo ¿Cuánto ama Jesucristo a los Suyos?