Fuego consumidor y el ardor.

En la Biblia se nos presenta a Dios como “fuego consumidor” (Deuteronomio 4:24; Hebreos 12:29) y a Su ira como “ardiente” (2 Crónicas 29:10; Job 40:11; Salmos 78:49; Jeremías 30:24; Lamentaciones 4:11).

Al leer estas dos descripciones, a mi mente viene la imagen de una cerilla (o palito de fósforo). La cerilla es una pequeña varilla de madera, cuya parte superior está cubierta de un compuesto que tiene fósforo. Cuando la cabeza de la cerilla es frotada con un papel de lija, rápidamente inicia el fuego, quema y consume la pequeña varilla de madera. Si Dios es el fuego que consume, ¡ay de aquella persona que sea como la varilla de madera! Dios dice en Su Palabra que Él, como Juez justo, está airado contra el impío todos los días (Sal. 7:11). Impíos son todos aquellos que son rebeldes a Dios, que no obedecen Sus mandamientos y no han ido a Jesucristo para que Él los salve. Cada acción del impío es como esa cerilla que roza una y otra vez el papel de lija; roza una y otra vez y al parecer no pasa nada, pero llegará el momento cuando el Fuego con Su ardor vendrá sobre él y lo consumirá.

¡Oh amigo mío, que ese no sea tu caso! Da la espalda a tus impiedades, confía sólo en Jesucristo como tu Salvador y serás salvo (tanto del pecado como de la ira de Dios).

Piper sobre “Cómo tomar jugo de naranja para la gloria de Dios”.

Cuando me preguntan: «¿Es bíblica la doctrina de depravación total?» mi respuesta es: «Sí». Una cosa que quiero decir con esto es que todas nuestras acciones (aparte de la gracia salvadora) están moralmente arruinadas. En otras palabras, todo lo que un incrédulo hace es pecaminoso y por lo tanto inaceptable para Dios.

Una de mis razones por la que creo esto viene de 1 Corintios 10:31. «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios». ¿Es pecado desobedecer este mandamiento bíblico? Sí.

Así que llego a esta conclusión oscura: Es pecado comer o beber o hacer cualquier cosa si no es para la gloria de Dios. En otras palabras, el pecado no es solo una lista de cosas dañinas (matar, robar, etc.). El pecado es no contar con Dios en los quehaceres ordinarios de la vida. El pecado es cualquier cosa que usted no hace para la gloria de Dios.

¿Pero qué hacen los incrédulos para la gloria de Dios? Nada. Por lo tanto, todo lo que hacen es pecaminoso. Eso es lo que quiero decir cuando digo que, aparte de la gracia salvadora, todo lo que hacemos está moralmente arruinado. Continúa leyendo Piper sobre “Cómo tomar jugo de naranja para la gloria de Dios”.

300 hombres.

¿Recuerdas a los valientes de David –un ejercito tan grande y poderoso que en 1 Crónicas 12:22 se le llama «como un ejército de Dios»? De ese ejercito vimos que su poder procedía de Dios. Ahora consideremos el ejército de Gedeón, el cual se relata en Jueces 7.

He aquí las palabras que Dios dijo a Gedeón: “El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para que yo entregue a Madián en sus manos; no sea que Israel se vuelva orgulloso, diciendo: “Mi propia fortaleza me ha librado.” Ahora pues, proclama a oídos del pueblo, diciendo: “Cualquiera que tenga miedo y tiemble, que regrese y parta del monte Galaad“. Así el ejército de Gedeón se redujo a 10,000 hombres. Pero allí no terminó todo, sino que Dios agregó: “Todavía el pueblo es demasiado numeroso; hazlos bajar al agua y allí te los probaré. Y será que de quien yo te diga: “Este irá contigo”, ése irá contigo; pero todo aquel de quien yo te diga: “Este no irá contigo”, ése no irá” (v. 4). Al final el ejército de Gedeón quedó reducido a 300 hombres que lamieron agua como perros, según el versículo 6.

Leemos la descripción del ejército enemigo: “Y los madianitas, los amalecitas y todos los hijos del oriente estaban tendidos en el valle, numerosos como langostas; y sus camellos eran muchos, innumerables, como la arena que está a la orilla del mar” (v. 12). 300 hombres versus un ejercito tan numeroso como langostas –no es sorpresa que Gedeón tuviera miedo al principio.

La batalla terminó con la victoria de los 300 hombres del ejercito de Gedeón. ¿Por qué? Porque Dios, al igual que estuvo con David y sus valientes, estuvo con Gedeón y sus 300 hombres. Dios fue quien le dio la victoria a Gedeón, lo notamos en Sus palabras: “Entonces el SEÑOR dijo a Gedeón: Os salvaré con los trescientos hombres” (v. 7); y Gedeón así lo reconoció: “el SEÑOR ha entregado en vuestras manos el campamento de Madián” (v. 15). Sea siempre nuestra oración: “SEÑOR, no hay nadie más que tú para ayudar en la batalla entre el poderoso y los que no tienen fuerza; ayúdanos, oh SEÑOR Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos” (2 Cr. 14:11). Amén.

1ra parte; 2da parte