Dios se involucra en lo ordinario.

En 2 Reyes 4, los versículos 1-7 vemos a Dios proveyendo para pagar las deudas de una familia empobrecida. En los versículos 8-37 vemos a Dios dándole “dos veces” (una vez por concepción y otra vez por resurrección) un hijo a una mujer que no podía tener hijos. Y en los versículos 38-44 vemos a Dios alimentando a un grupo de hombres hambrientos para que no mueran de hambre.

Más dulce que la miel, mejor que el oro.

Predicador: John Piper.
Pasaje bíblico: Salmos 19:7-11

¿Cómo se puede permanecer vivo y no muerto? ¿Cómo se puede permanecer sabio y no necio? ¿Y cómo se puede permanecer feliz en Dios y no miserable? Respuesta: Meditando en la ley del Señor día y noche (Salmo 1:1-3).

Debido a que las Escrituras son la Palabra del Señor, la comunicación y revelación del Dios viviente, tienen efectos en nosotros que son mejores que los efectos de cualquier otra cosa que podamos leer, estudiar, ver o escuchar.

Las Escrituras son Palabra del Dios

Esto se desprende claramente de la repetición de David que hace seis veces. Versículo 7: “ley de Jehová”, “testimonio de Jehová”. Versículo 8: “mandamientos de Jehová”, “el precepto de Jehová”. Versículo 9: “El temor de Jehová”, “juicios de Jehová”.

Seis veces utiliza la frase “de Jehová”, es decir, de Yahvé, el Señor, el Dios que dice: “Yo soy el que soy” y no hay otro. El Dios que creó todo lo que es y lo mantiene en existencia. El Dios que conoce todas las cosas que han sido y que serán, y que entiende perfectamente cómo funciona todo en el universo, desde las galaxias hasta la energía subatómica. Este Dios ha hablado por medio de la ley, de testimonios, de preceptos, de mandamientos y de ordenanzas.

Los periódicos, las revistas, las novelas, los libros de texto, los libros de psicología o teología, la televisión, la radio, etc.. Nada de eso puede tener en nosotros los buenos efectos que tienen las Escrituras, porque esas cosas son la palabra del hombre, pero las Escrituras son la Palabra de Dios.

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La oración como adoración.

Cuando lees la palabra “adoración”, ¿qué viene a tu mente? Si eres como la mayoría de los cristianos, una de las primeras cosas que vendrá a tu mente es una canción de alabanza. Y eso no está mal, porque la alabanza es parte de la adoración a Dios. Repito: es parte. No es todo.

¿Has pensado en la oración como un acto de adoración a Dios? Aquí te doy cuatro argumentos por los que la oración es un acto de adoración. Todos ellos a partir de la oración modelo que Jesús le enseñó a Sus discípulos y que conocemos como el Padrenuestro.

La oración presupone la existencia de Dios.

“Padre nuestro que estás en los cielos” (Mat. 6:9).

La oración que Jesùs espera que hagamos no es hablar con nosotros mismos. No es como una carta dirigida a quien pueda interesar. Tampoco se dirige a algún santo o “gran” cristiano del pasado. La oración que Jesús espera que hagamos se dirige a Dios. Orar presupone que Dios existe y escucha nuestras oraciones. Si no fuera así, ¿para qué, entonces, orar?

Nótese, también, que hay dos cosas muy importantes que Jesús quiere que sepamos de este Dios. Número uno, que Dios es nuestro Padre: a quien podemos acercarnos con confianza, sabiendo que Él siempre quiere lo mejor para nosotros. Número dos, que Dios está en los cielos: Él está allá arriba y nosotros aquí abajo. Por lo tanto, Él debe ser honrado y respetado como alguien muy superior a nosotros.

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