ÂżQuiĂ©nes son los que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio?

Mientras el futuro del cristiano es brillante y feliz, el futuro del no-cristiano es oscuro, tenebroso. Y mientras para el cristiano lo mejor está por venir, para el no-cristiano lo peor está por venir. Esa verdad debería dar consuelo al cristiano en aflicción y hacer que el no-cristiano se vuelva a Dios.

Ese es básicamente el mensaje de Pablo en 2 Tesalonicenses 1:6-10. Usando las palabras del pasaje: mientras que a los cristianos Dios les dará alivio, ellos glorificarán y admiraran la gloria del Señor Jesucristo; a los no-cristianos Dios los retribuirá con aflicción, y sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. Estos últimos, a quienes Dios retribuirá con aflicción, son descritos como «los que no conocen a Dios» y «los que no obedecen al evangelio».

NO CONOCEN A DIOS

La primera descripción que se da de los no-cristianos es que no conocen a Dios. Y, en la Biblia, conocer a Dios no es meramente asentir a ciertos datos acerca de Dios. Conocer a Dios, en la Biblia, es tener una relación personal con Dios a través de Jesucristo. Y eso es algo que los no-cristianos no tienen. Y no sólo eso, sino que a ellos tampoco le importa tener ese tipo de relación con Dios. Como ellos quieren vivir sin Dios, de espaldas a Él, lejos de Él; ellos entonces estarán excluidos de Su presencia. En este contexto, C. S. Lewis estaba en lo correcto cuando dijo: “En última instancia, sólo hay dos clases de personas: las que le dicen a Dios: “hágase Tu voluntad”, y aquellas a quien Dios dice, en el último instante: “hágase tu voluntad”. Todos los que están en el infierno lo han decidido así”.

NO OBEDECEN A EL EVANGELIO

La segunda descripción que se da de los no-cristianos es que no obedecen el evangelio. Ese evangelio es el evangelio de Jesucristo que hace que el cristianismo sea más que una mera religión. Mientras otras religiones dicen que el hombre debe subir para alcanzar a Dios, el cristianismo dice que Dios bajó para rescatar al hombre. Mientras otras religiones dicen que debemos ser buenos para ser salvos, el cristianismo nos dice que los malos pueden ser salvos porque Dios es bueno.

En resumen, el evangelio es que debido a la vida, muerte y resurrección de Jesucristo hay salvación para los pecadores. Pero esas buenas noticias demandan una respuesta de los pecadores y la respuesta apropiada es arrepentimiento y fe. El pecador debe tener el propósito y esfuerzo, en dependencia del Espíritu, de alejarse del pecado y acercarse a Dios. Y, al mismo tiempo, el pecador debe tener la plena convicción de que Dios es poderoso para cumplir todo lo que ha prometido en Jesucristo. Si no hay este arrepentimiento y fe, entonces tampoco habrá alivio para el pecador –sólo aflicción y castigo de eterna destrucción–. ¡Oh, que ese no sea el caso de ninguno de mis lectores!

Formas de evangelizar.

El evangelismo no es un trabajo de una o dos veces al año, sino que debe ser una realidad cada día de nuestras vidas y en cada contexto en el cual nos movemos (con nuestros amigos y familiares, en el trabajo o el centro de estudios). Y eso será una realidad cuando proclamemos el evangelio de Jesucristo a partir de la situación en la cual nuestros oyentes se encuentran.

En Lucas 5 se cuenta como después de que Mateo dejó todo y siguió a Jesús, él (Mateo) organizó un gran banquete en su casa e invitó a sus amigos y compañeros de trabajo, los cuales escucharon a Jesús llamarlos al arrepentimiento. Invita a tus amigos y compañeros a comer, sea en un restaurante o en tu casa, y predícales el evangelio.

En Juan 4, después de que Jesús le ofreció el agua viva a la mujer samaritana que fue a sacar agua del pozo, esta mujer fue e invitó a las personas de su ciudad a que escucharan las palabras de Jesús. Lo mismo podemos hacer nosotros: podemos invitar a las personas que nos rodean a que escuchen el evangelio en un grupo pequeño, en el templo o en alguna conferencia. Continuar leyendo Formas de evangelizar.

PerdĂłn: 100% garantizado.

Hace unos años atrás, estaba predicándole el evangelio a una persona. Y mientras conversábamos esta persona me dijo: “pediré perdón a Dios a ver si me acepta”. ¿A ver si [Dios] me acepta? ¿Es eso todo lo que se ofrece en el cristianismo –una mera posibilidad de perdón y salvación–? Si eso fuera lo que se ofreciera en el cristianismo, éste no sería más que una mera religión.

Por ejemplo, el islamismo no ofrece seguridad de salvación, sino instrucciones para conseguir el favor de su dios. La “esperanza” en el hinduismo es estar atrapado en un ciclo karmático de reencarnación (samsara) hasta su liberación (moksha), “y es abandonado para que busque su propia salida” (Geisler y Brooks). Algo similar se ofrece en el budismo (con la diferencia de que ellos no buscan el cielo o estar con Dios, sino la eliminación de todo sufrimiento, deseo o ilusión del yo).

Pero el cristianismo sí es más que una mera religión. Jesucristo dijo: “al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera” (Juan 6:37). Jesús no dijo que Él recibirá sólo a algunos de los que van a Él o a la mayoría. No, todo aquel que le da la espalda a sus pecados y va confiadamente a Él será recibido. En la traducción al español no se nota mucho que las palabras de Jesús son enfáticas. Jesucristo utilizó una negación enérgica, es como si Él hubiera dicho: “Yo nunca, nunca rechazaré a aquel que viene a mí”.

Pero eso no es todo, Jesucristo también confirmó que todo aquel que se acerca a Él sinceramente arrepentido será perdonado de todo pecado: “A éste Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados.” (Hechos 5:31). Por el contexto sabemos que de quien se está hablando aquí es de Jesús –¡Él es el Príncipe y Salvador!–. También sabemos que Dios lo exaltó por medio de Su resurrección y, posteriormente, Su ascensión.

Ahora nótese el propósito de la exaltación de Jesús: dar arrepentimiento y perdón de pecados. Jesucristo da tanto lo uno como lo otro, arrepentimiento y perdón. Todo aquel que se arrepiente sinceramente de sus pecados también será perdonado de todos sus pecados. Charles Spurgeon dijo: “Arrepentimiento y perdón están entrelazados por el propósito eterno de Dios. Lo que Dios ha juntado, no lo separe el hombre”.

Si tú has ido a Jesucristo sinceramente arrepentido de tus pecados, eres perdonado tan cierto como que Su tumba está vacía.