En Génesis 22 encontramos un acto de obediencia impulsado por fe. Pero también, allà encontramos una ilustración del evangelio de la gracia de Dios.
Etiqueta: Fe
Los milagros de JesĂşs: la serie
El milagro Ăşltimo.
El pastor Misael Susaña predica sobre la resurrección de Jesús como el milagro más asombroso de todos, responde a algunas objeciones en contra de la resurrección y nos enseña qué tiene que ver ésta con cada uno de nosotros.
Gloria, soberanĂa y bondad de Dios.
Juan 9 relata que JesĂşs estaba pasando por el camino y vio a un ciego que estaba sentado, mendigando (v. 8). Y se nos dice que este ciego tenĂa esa condiciĂłn desde su nacimiento. ¡QuĂ© triste y seria era su enfermedad! No era una simulaciĂłn. No era una enfermedad que con el tiempo se podĂa curar –él naciĂł ciego, pasĂł toda su niñez ciego y ya era adulto y todavĂa estaba ciego–. Tampoco era una enfermedad que se podĂa mejorar con un medicamento o tratamiento.
NO POR UN PECADO
Los discĂpulos de JesĂşs se dirigieron a Él como “RabĂ”, que significa “maestro”. Ellos tenĂan una pregunta difĂcil que sĂłlo podĂa ser respondida por un maestro con un vasto conocimiento de la revelaciĂłn divina. “¿QuiĂ©n pecĂł…?” –ellos preguntaron–. Su pregunta no fue si la ceguera de este hombre era debido a un pecado, ellos suponĂan que sĂ. Ellos estaban preguntando si el pecado que habĂa causado esta enfermedad –segĂşn ellos– habĂa sido cometido por este hombre o por sus padres.
Recordemos que en Juan 5, JesĂşs le habĂa dicho al paralĂtico de Betesda: “Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor” (v. 14). De ese pasaje aprendemos que una enfermedad puede ser el resultado de algĂşn pecado especĂfico cometido.
Pero debemos cuidarnos de llegar a esa conclusiĂłn rápidamente cuando veamos una enfermedad en otras personas o en nosotros mismos. No importa lo grave que Ă©sta sea. ÂżPor quĂ©? Porque, en esta ocasiĂłn, JesĂşs les enseñó a Sus discĂpulos –y a nosotros– que una enfermedad no siempre es el resultado directo de algĂşn pecado especĂfico cometido:
“Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él” (v. 3).
SĂŤ PARA LA GLORIA DE DIOS
Dios habĂa escogido a este hombre para ser como una pantalla a travĂ©s de la cual las personas verĂan las obras gloriosas de Dios. Obras que Dios harĂa en este ciego, a travĂ©s de JesĂşs, a quien Él enviĂł. Es decir que el encuentro de JesĂşs con este hombre ciego no fue coincidencia, sino que ya habĂa sido planeado por Dios y estaba ahora siendo ejecutado por JesĂşs.
Continuar leyendo Gloria, soberanĂa y bondad de Dios.