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“¡Mi labor es tan inútil!”.

“En vano he trabajado, en vanidad y en nada he gastado mis fuerzas” –eso dijo el profeta en la primera parte de IsaĂas 49:4–. ÂżAlguna vez te has sentido asĂ? ÂżEres un pastor o un maestro de la Biblia que te has esforzado en transmitir fielmente la Palabra de Dios en todo tiempo pero no ves fruto en aquellos a quienes enseñas? ÂżEres un padre o una madre que te has dedicado en enseñar fielmente la Palabra de Dios a tus hijos pero no ves fruto? ÂżPiensas que has gastado tus fuerzas en balde? A veces los frutos están ahĂ, pero no los vemos. Otras veces están creciendo –aunque lentamente–.
Ahora, para el profeta IsaĂas fue diferente; pues Dios le dijo desde el principio de su ministerio: “Ve, y di a este pueblo: “Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis.” Haz insensible el corazĂłn de este pueblo, endurece sus oĂdos, y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oĂdos, y entienda con su corazĂłn, y se arrepienta y sea curado”. Por eso Ă©l dice que habĂa trabajado en vano y gastado sus fuerzas en nada. Continuar leyendo “¡Mi labor es tan inĂştil!”.
Dios se mueve de manera misteriosa: la meditaciĂłn.
En el Salmo 22 podemos ver lo que yo llamo “la lucha entre los sentimientos y la fe” en el corazón de David. O para ser más preciso, podemos ver la lucha entre los sentimientos que no están basados en la Palabra de Dios y la fe que sà está basada en la Palabra de Dios.
En el versĂculo 1, el salmista se lamenta: “Dios mĂo, Dios mĂo, Âżpor quĂ© me has abandonado? ÂżPor quĂ© estás tan lejos de mi salvaciĂłn y de las palabras de mi clamor?”. David está experimentado sufrimiento social tanto de su pueblo (vv. 6-8) como de sus enemigos (vv. 12, 13, 16-18). David está sufriendo emocional y fĂsicamente (vv. 14, 15). David siente que Dios lo ha abandonado, siente que Dios se ha alejado, siente que Dios ya no responde a sus oraciones (v. 2).
Sin embargo, aunque David se siente de esa manera, Ă©l no ha perdido su fe en Dios. David sigue confiando en Dios como el Dios que está con y para Ă©l, por eso David dice: “Dios mĂo, Dios mĂo”. En vez de David correr de Dios, Ă©l corre hacia Dios. En vez de David dejar de clamar a Dios, Ă©l continĂşa clamando a Dios. En vez de David continuar en un lamento interminable, Ă©l cambia su lamento en alabanza (vv. 22-31).
Esa lucha (entre los sentimientos y la fe) que tuvo lugar en el corazĂłn de David tambiĂ©n tiene lugar en el corazĂłn de todo creyente verdadero. Las aflicciones por las cuales pasamos, los sufrimientos que experimentamos, nos hacen sentir como que Dios nos ha abandonado. Pero no es asĂ, podemos seguir aferrándonos a Dios como “mi Dios”; porque Dios sigue estando con Su pueblo y a favor de Su pueblo.
ÂżCĂłmo podemos saber que eso es verdad? Precisamente para eso fue que Dios Padre abandonĂł en ira a Su hijo Jesucristo en la cruz, para nunca tener que abandonarnos a ti y a mĂ. Él escondiĂł de Jesucristo Su rostro, para hacer resplandecer sobre nosotros Su rostro y tener misericordia de nosotros. Ahora, todas las cosas que experimentamos –incluso los sufrimientos más agudos– obran para nuestro bien (Ro. 8:28). Cuando las aflicciones en nuestro camino abundan, tambiĂ©n abunda el consuelo de Dios por medio de Cristo (2 Co. 1:5). Y aun cuando somos disciplinados por Dios, esa disciplina no viene de un corazĂłn airado que quiere destruirnos; sino que la disciplina viene de un corazĂłn amoroso que sabe lo que es mejor para nosotros (Heb. 12:5-11). AsĂ que, cuando las aflicciones vengan a tu vida, recuĂ©rdale a tu alma:
“Las nubes que hoy infunden gran temor
Llenas están de gran misericordia
Que manda sobre [ti] en su amor.
[…]
Tras un hecho de un ceño fruncido
Su rostro esconde una sonrisa”.
Dios se mueve de manera misteriosa: la historia.

William Cowper fue un escritor de himnos y uno de los poetas más populares del siglo XVIII. NaciĂł el 26 de noviembre de 1731 en Great Berhkamstead (Inglaterra). Sus padres fueron John Cowper, rector de una iglesia y capellán del rey; y Ann nee Donne, quien muriĂł cuando William tenĂa seis años de edad –muerte que afectĂł mucho a William.
William asistiĂł a la Escuela de Westminster, donde estudiĂł latĂn a una temprana edad. Y en 1750 comenzĂł a estudiar leyes tal como su padre querĂa.
En 1752, William fue golpeado por la depresiĂłn: “me acostaba en el horror y me levantaba en el desespero”. Sin embargo, Dios utilizĂł los poemas de George Herbert para ayudarlo a superar esta depresiĂłn. En 1763, cuando estaba a punto de ser evaluado para obtener un puesto administrativo en la Cámara de los Lores, William sufriĂł un colapso mental, por lo que fue ingresado en un asilo (hospital mental) hasta su recuperaciĂłn. En su depresiĂłn, Ă©l habĂa intentado suicidarse varias veces (envenenándose, ahogándose y ahorcándose), pero sus intentos siempre fueron frustrados por la Providencia Divina. Continuar leyendo Dios se mueve de manera misteriosa: la historia.