La realidad de la muerte.

Muchos son los jóvenes jactanciosos que –porque aún no tienen la piel arrugada y aún mantienen sus fuerzas– creen que son mejores que los demás, que pueden hacer lo que quieran sin tener que dar cuentas y que nunca morirán. Ellos son los que gritan al encontrarse en una situación que amenaza sus vidas: “¡Soy muy joven para morir!”. ¿Es esto cierto?

Hebreos 9:27a dice: “Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez”. Te pregunto: ¿Eres tú un hombre (varón o hembra)? ¿Eres parte del género humano? Si estás leyendo esto, tu respuesta será afirmativa. Entonces sabe que tú algún día morirás, porque así está decretado o establecido para todos los hombres sin distinción. Sean los hombres Dominicanos o haitianos, ricos o pobres, jóvenes o ancianos; todos algún día morirán.

La muerte es una consecuencia del pecado. Génesis nos relata que después de que Adán y Eva desobedecieron a Dios al comer del fruto del árbol que se les había mandado no comer, Dios pronunció las siguientes palabras: “pues polvo eres, y al polvo volverás” (Gn. 3:19). Desde entonces vemos como todas las personas que han vivido sobre la tierra han muerto –Enoc (Gn. 5:24) y Elías (2 R. 2:11) son excepciones. En los centros educativos se enseña que el hombre nace, crece, se reproduce y muere. Ese es el ciclo natural de la vida; sin embargo, algunos no nacen, pero sí mueren (son abortados); algunos no crecen, pero sí mueren; algunos no se reproducen, pero sí mueren. Todo esto nos confirma que está decretado que los hombres mueran una sola vez, que la muerte es una realidad y esta realidad abarca a los jóvenes (10-19 años): “Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo, una de cada cinco personas es adolescente, 85% de ellos viven en países pobres o de ingresos medios y alrededor de 1.7 millones de ellos mueren al año1”.

CÓMO DEBES RESPONDER A ESTO: SIENDO AGRADECIDO.

Dios es descrito en la Biblia como la fuente de donde fluye toda buena dádiva y todo don perfecto (Stg. 1:17); Dios es descrito como quien hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos (Mt. 5:45); Dios es descrito como quien da a todos vida y aliento y todas las cosas (Hch. 17:25) y como quien, en la persona de Jesucristo, sostiene todas las cosas por la palabra de su poder (Heb. 1:3). Que tú ahora estés leyendo esto es una gracia de Dios, que tu corazón siga latiendo es una gracia de Dios, que tú estés vivo es una gracia Dios; estas cosas son gracias de Dios que no merecemos. Por lo tanto, sé agradecido, da gracias a Dios.


1 http://scielo.unam.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-11462005000300010&lng=en&nrm=iso

1ra parte; 2da parte

¡Esto es incomparable amor!

EL REGALO DE DIOS

Romanos 8:32 dice: “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?”. En ese versículo, Pablo (inspirado por Dios) quiere hacernos entender esta maravillosa verdad: Si Dios nos dio lo más preciado que tenía (Su Hijo Jesucristo), Él nos dará todo lo demás que realmente necesitemos. Como dijo Henry T. Mahan: “Si Dios amó de tal manera que dio a Cristo, y Cristo amó de tal manera que vino a este mundo y llevó todo nuestro pecado y vergüenza, ¿no nos va a dar el Padre gratuitamente todo lo que Cristo adquirió para nosotros?”. El Regalo que Dios dio fue Su propio Hijo Jesucristo, quien desde antes de la fundación del mundo tenía una íntima relación con Dios Padre (Jn. 17:5,11,23); y cuando Jesucristo se encarnó, Dios Padre públicamente declaró: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido” (Mt. 3:17). Todo esto nos muestra que no hay nada ni nadie más preciado que Jesucristo; a Éste fue quien Dios dio.

LOS RECEPTORES DEL REGALO

Romanos 5:7 dice: “Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno”. Si eso es así, ¿qué posibilidad tiene una persona mala e injusta de que alguien (pague su deuda) muera por ella? Lógicamente responderíamos: “Ninguna posibilidad, ya que difícilmente alguien muera por un justo y no es seguro que alguien muera por el bueno”. Ahora, Romanos 3:10,12 dice: “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO… TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INÚTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO”. Cristiano, sabe que tú no eras el justo por el cual difícilmente alguien moriría, tampoco el bueno por el cual tal vez alguien moriría. Tú eras el pecador (injusto y malo) por el cual nadie moriría. “Pero Dios”, así Romanos 5:8 comienza marcando un maravilloso contraste, “demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Nosotros somos los receptores del Regalo de Dios, somos los receptores de Su grandísimo amor demostrado, somos quienes disfrutan de la salvación que Dios da gratuitamente en Jesucristo. ¡Esto es incomparable amor!