DespuĂ©s de pronunciar una serie de oráculos o profecĂas contra las naciones de la tierra, el profeta IsaĂas comienza a exaltar y a alabar el nombre de Jehová su Dios debido a Su favor para con Ă©l y el resto de Su pueblo. Y todo esto ocurre en el contexto de lo que el profeta describe como “aquel dĂa”.
“Aquel dĂa” hace referencia al dĂa del Señor (Jehová). Ese es un dĂa de terror para los pecadores impenitentes, porque en éste Dios los va a juzgar. Pero ese es un dĂa de mucha alegrĂa para los pecadores arrepentidos, porque en Ă©ste Dios les mostrará Su salvaciĂłn.
Y en medio del cántico de alabanza que el profeta hace en el capĂtulo 25, leemos una serie de eventos que ocurrirán sin ninguna duda:
“Él destruirá la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de Su pueblo de sobre toda la tierra, porque el Señor ha hablado. Y en aquel dĂa se dirá: «Este es nuestro Dios a quien hemos esperado para que nos salvara. Este es el Señor a quien hemos esperado; regocijĂ©monos y alegrĂ©monos en su salvaciĂłn»” (vv. 8, 9).
NO MUERTE
Lo primero que se promete es que Dios «destruirá la muerte». Desde la entrada del pecado al mundo en Génesis 3, la muerte con un insaciable apetito ha abierto su boca para tragar a todos los seres vivos creados por Dios. Y ésta es inevitable a menos que Dios intervenga. Por eso ésta es tan temida por todas las personas.
La muerte es temida no sólo por los hombres, sino incluso por muchos “dioses” paganos. Pero el Dios verdadero no solo no le teme a la muerte, sino que El mismo la destruirá. La destruirá de una vez y para siempre, y ya no habrá más muerte. Cuando eso pase, la muerte será una mentira y la inmortalidad será una realidad para aquellos que son de Dios.
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