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“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria” (Colosenses 3:3, 4).
El cristiano ha sido unido espiritualmente a Jesucristo. Cuando Jesucristo murió, el cristiano también murió al pecado. Cuando Jesucristo resucitó, al cristiano se le dio vida para con Dios. Lo segundo es tan cierto como lo primero. Morir al pecado y vivir para con Dios significa que ahora se tiene la capacidad de desear a Dios y hacer las cosas que a Él le agradan.
“Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos [Lit., dad muerte a los miembros que están sobre la tierra] a la fornicaciĂłn, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatrĂa” (Colosenses 3:5).
Aunque ciertamente el cristiano ya ha muerto al pecado, todavĂa el pecado mora en Ă©l (a esto se le llama “pecado remanente”). El pecado ha perdido su dominio en el cristiano, pero todavĂa tiene fuerza. Y es por eso que no siempre deseamos a Dios y no siempre hacemos las cosas que a Él le agradan. Debemos, pues, dar muerte al pecado remanente. Dar muerte al pecado significa luchar contra el pecado, en dependencia del EspĂritu Santo, no satisfaciendo los deseos de la carne para que estos se debiliten.
“Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, en las cuales vosotros tambiĂ©n anduvisteis en otro tiempo cuando vivĂais en ellas” (Colosenses 3:6, 7).
Lo que diferencia a un no-cristiano de un cristiano no es que el primero siempre peca, mientras que el segundo nunca peca. Lo que los diferencia es: un no-cristiano tiene un estilo de vida o una práctica ininterrumpida (ni por tristeza debido al pecado ni por un resistir la tentación) de pecado; pero un cristiano presenta oposición al pecado, tiene el firme propósito y esfuerzo de hacer morir todo lo pecaminoso que queda en su vida. Y aunque hay tropiezos, también hay victorias (1 Jn. 5:4). Y aunque el progreso es lento, éste es seguro (1 Ti. 4:15).
El cielo será un universo sin la maldición, listo para ser explorado y disfrutado como nunca antes por una iglesia ya glorificada. El cielo será Dios morando y teniendo comunión con Su pueblo. Y en el cielo todo será bueno, sin defecto.
Con el propĂłsito de que velemos para que nuestro corazĂłn no se endurezca, he aquĂ cinco verdades sobre el endurecimiento del corazĂłn a partir de la vida FaraĂłn:
1. Dios es soberano y el hombre es responsable. Repetidas veces la Biblia nos dice que fue FaraĂłn quien endureciĂł su corazĂłn (Éxodo 7:13, 22; 8:32; 9:7). Lo cual dice que FaraĂłn fue responsable del endurecimiento de su corazĂłn. Pero tambiĂ©n la Biblia nos dice que fue Dios quien endureciĂł el corazĂłn de FaraĂłn (Éx. 9:12; 10:20, 27). Lo cual nos hace ver que la soberanĂa de Dios se extendiĂł aun al endurecimiento del corazĂłn de FaraĂłn1.
2. El endurecimiento sucede cuando no se cree ni se obedece la Palabra a pesar de haberse conocido las obras de Dios. Faraón vio como la vara de Aarón se convirtió en culebra, vio la plaga de sangre, vio la plaga de ranas, vio la plaga de piojos, vio la plaga de moscas, vio la plaga en el ganado, vio la plaga de úlceras, vio la plaga de granizo, vio la plaga de langostas, vio la plaga de tinieblas (Éxodo 7-10). Sin embargo, Faraón ni creyó la Palabra de Dios ni obedeció al mandato divino de dejar ir al pueblo de Israel.
3. Un corazĂłn endurecido no es tan sensible como lo era o como otros lo son. Hubo un momento en el cual hasta los hechiceros del mismo FaraĂłn reconocieron que las plagas venĂan de Dios, pero FaraĂłn no los escuchĂł (Éxodo 8:19). Y hubo un momento en el cual los siervos de FaraĂłn le dijeron que dejara ir al pueblo de Israel (Éx. 10:7), pero Ă©l no quiso dejarlos ir.
4. El endurecimiento es más un proceso que un evento. La Biblia relata que no fue una vez que Faraón endureció su corazón, sino muchas veces: cada vez que él vio las obras de Dios, pero no creyó ni obedeció la Palabra de Dios (Éxodo 7-10). Un corazón que se endurece se vuelve menos sensible y un corazón menos sensible se endurece más.
5. El corazĂłn se endurece más cuando las bondades de Dios son tomadas como razones para seguir pecando. La bondad de Dios está destinada a que nos arrepintamos, no a que las usemos como boletos para seguir pecando. FaraĂłn reconociĂł su pecado algunas veces e incluso dijo que dejarĂa ir al pueblo de Israel. Pero cuando FaraĂłn veĂa que Dios quitaba la plaga de Egipto, Ă©l ya no veĂa razĂłn para dejar ir al pueblo de Israel (Éxodo 8:15; 9:34). FaraĂłn, al igual que el hombre cuyo corazĂłn está endurecido, se preocupaba más por las consecuencias negativas del pecado que por el Dios contra el cual se peca.
1 La soberanĂa de Dios y la responsabilidad del hombre siempre han sido un misterio –¿cĂłmo puede el hombre ser responsable y Dios ser soberano al mismo tiempo?–. Algunos eruditos de la Biblia dicen que la manera en la cual Dios endureciĂł el corazĂłn de FaraĂłn fue dejándolo o no impidiendo que Ă©ste se volviera duro.