En Jonás 4 vemos como Dios manifiesta Su gracia tanto para la ciudad inmoral de NĂnive como tambiĂ©n para el profeta que se estaba comportando como un moralista, Jonás.
Etiqueta: Pecado
LevĂtico: un Dios santo y bueno.
Leyes sobre cĂłmo han de hacerse las cosas, sangre derramada, ofrendas y sacrificios de animales; todo esto puede encontrarse en el tercer libro de MoisĂ©s, LevĂtico. Pero, Âżcuál es el mensaje de LevĂtico?
DIOS ES SANTO
El mensaje del libro de LevĂtico es que Dios es santo. Dios es diferente a Su creaciĂłn –Él no es comĂşn–, Él es limpio y puro –no hay pecado en Él–. Dios dice repetidamente en este libro: “Yo soy santo” (LevĂtico 11:44, 45; 19:2; 21:8). Y la santidad de Dios es la razĂłn por la cual deben ser santos todos aquellos que están delante de Su presencia, todos aquellos que son parte de Su pueblo, todos aquellos que tienen una relaciĂłn con Él: “Me serĂ©is, pues, santos, porque yo, el SEĂ‘OR, soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis mĂos” (20:26). Sin embargo, tenemos un problema: ¡somos pecadores! ÂżQuĂ© hace Dios entonces?
DIOS ES BUENO
El mensaje del libro de LevĂtico es que Dios tambiĂ©n es bueno. Si el Dios santo llama a pecadores para decirles algo, ellos deberĂan estar temblando, esperando su destrucciĂłn inmediata. Pero Dios en Su bondad, aunque Él no necesita de nosotros, estableciĂł el sistema de sacrificios como un medio para la purificaciĂłn, el perdĂłn, de los pecadores: “Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo os la he dado sobre el altar para hacer expiaciĂłn por vuestras almas; porque es la sangre, por razĂłn de la vida, la que hace expiaciĂłn” (LevĂtico 17:11). Esos sacrificios no fueron idea del hombre, sino de Dios.
Hoy, Dios sigue siendo santo y continĂşa llamando a los Suyos a la santidad: “SED SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO” (1 Pe. 1:16). Hoy, la sangre de Jesucristo –a quien apuntaban todos los pasados sacrificios (Hebreos 9)– sigue siendo eficaz para el perdĂłn de nuestros pecados: “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el EspĂritu eterno se ofreciĂł a sĂ mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?” (Hebreos 9:14).
La elecciĂłn de Dios y el evangelismo.

Dios, quien tiene misericordia de quien Él quiere tener misericordia, ha escogido desde la eternidad a un grupo particular de personas para salvarlas en el tiempo. Ahora, algunos piensan que la elecciĂłn de Dios y el esfuerzo evangelĂstico (o predicaciĂłn del evangelio) son mutuamente excluyentes: si Dios ha escogido, entonces para quĂ© esforzarnos en evangelizar; y si Dios nos manda a evangelizar, entonces es porque Él no ha escogido. Pero en este caso, tal como en otras ocasiones, el razonamiento de Dios no es como el nuestro.
En 2 Timoteo 2:10 leemos lo siguiente, en palabras de uno que creĂa y enseñaba la elecciĂłn de Dios: “Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que tambiĂ©n ellos obtengan la salvaciĂłn que está en Cristo JesĂşs, y con ella gloria eterna”. AquĂ tenemos al apĂłstol Pablo convencido de que habĂa personas escogidas por Dios para salvaciĂłn –aunque Ă©l no sabĂa quiĂ©nes eran–, pero al mismo tiempo lo vemos predicándoles el evangelio y sufriendo penalidades por causa de ese evangelio (vv. 8, 9). El razonamiento del apĂłstol no era elecciĂłn o esfuerzo evangelĂstico, sino elecciĂłn y esfuerzo evangelĂstico.
PALABRA COMO EL MEDIO
El apĂłstol Pablo sabĂa que Dios habĂa ordenado tanto el fin como el medio. Dios no tan sĂłlo escogiĂł a un grupo de personas para salvarlas, sino que tambiĂ©n Él escogiĂł la predicaciĂłn del evangelio de Jesucristo como el medio para alcanzar ese fin. Y no podemos esperar que alguien sea salvado si no se le predica (Ro. 10:14-15). El mismo apĂłstol dice en 1 Corintios 1:21 lo siguiente: “Porque ya que en la sabidurĂa de Dios el mundo no conociĂł a Dios por medio de su propia sabidurĂa, agradĂł a Dios, mediante la necedad de la predicaciĂłn, salvar a los que creen”.
EL ENFOQUE CORRECTO
Cuando el enfoque es correcto, entonces la doctrina de la elecciĂłn de Dios no mata al esfuerzo evangelĂstico, sino que lo motiva. Decir que no tenemos que evangelizar porque Dios ya ha escogido a quienes han de salvarse es tener el enfoque incorrecto. He aquĂ el enfoque correcto: el hombre está muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2:1), todo mi esfuerzo evangelĂstico es en vano si Dios no ha escogido para salvaciĂłn –¡un muerto no puede escucharme decirle que se levante!–. Pero debido a que Dios ha escogido para salvaciĂłn mi esfuerzo evangelĂstico no es en vano, Dios impartirá vida espiritual mientras yo predico Su evangelio. En Hechos 18:9 y 10 Dios animĂł al apĂłstol Pablo con las siguientes palabras: “Y por medio de una visiĂłn durante la noche, el Señor dijo a Pablo: No temas, sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo, y nadie te atacará para hacerte daño, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”.
5 verdades sobre la santificaciĂłn.
2 Corintios 3:18 es un pasaje bĂblico que trata acerca de la santificaciĂłn, aunque en Ă©ste no se menciona la palabra “santificaciĂłn”: “Pero nosotros todos, con rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, vamos siendo transformados por el EspĂritu, de gloria en gloria, en la misma imagen del Señor” (BTX). Veamos cinco verdades que encontramos en este versĂculo sobre la santificaciĂłn progresiva:
1. TODO CRISTIANO EXPERIMENTA SANTIFICACIÓN
“Pero nosotros todos”.
La santificaciĂłn no es algo que sĂłlo algunos cristianos (p. ej. Misioneros, pastores, diáconos, lĂderes de adoraciĂłn) conocen. La santificaciĂłn es una gracia que todo cristiano verdadero experimenta. Esto no quiere decir que todos corren a la misma velocidad ni que todos están en el mismo lugar con respecto a la santidad, pero sĂ quiere decir que en la vida de un cristiano verdadero siempre veremos santidad. Dicho de otra manera, cuando vemos santidad en la vida de una persona podemos estar seguros de que esa persona es cristiana.
2. SOMOS SANTIFICADOS AL CONTEMPLAR SU GLORIA
“Contemplando como en un espejo la gloria del Señor”.
El medio por el cual somos santificados es la contemplación de la gloria del Señor Jesucristo. ¿Dónde encontramos la gloria de Jesucristo? En la Biblia, en el evangelio (2 Co. 4:4). Es debido a eso que la lectura y la meditación en la Palabra (en donde se revela el carácter y la obra de nuestro Señor) es muy importante para todos aquellos que toman en serio la santidad. Continuar leyendo 5 verdades sobre la santificación.