
En Salmos 100:2 se nos llama: “Servid al Señor con alegrĂa; venid ante El con cánticos de jĂşbilo”. Es claro en este versĂculo que Dios no está interesado solamente en que le sirvamos, sino tambiĂ©n en cĂłmo le servimos. En el versĂculo se nos manda no solamente a servir al Señor, sino tambiĂ©n a servirle con alegrĂa.
En NehemĂas 2:2 se relata que al profeta se le preguntĂł por quĂ© estaba triste delante del rey, al escuchar esta pregunta NehemĂas tuvo mucho temor. ÂżY por quĂ©? Porque no se podĂa estar triste delante del rey, como Donald Whitney dice: “no se debe estar melancĂłlico o taciturno cuando se le sirve a un rey. No solo da la impresiĂłn de que uno sirve a regañadientes, sino que revela un descontento con su modo de gobernar”. Cuando no servimos a Dios con alegrĂa, estamos diciendo que Él no es bueno y que Él no sabe gobernar –cuando en verdad es todo lo contrario.
Ahora, el llamamiento de Salmos 100 no es servir con alegrĂa porque si no lo hacemos asĂ, entonces seremos ejecutados. El salmo tampoco nos llama a tener una sonrisa fingida delante del Señor, sino a estar alegres de corazĂłn. El salmo nos recuerda que tenemos razones suficientes para servir a Dios con alegrĂa, y muy buenas razones. Debemos servir a Dios con alegrĂa:
- porque Él es el Dios que nos dio la vida: “Sabed que El, el Señor, es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos” (v. 3);
- porque como Su pueblo, Él se ha comprometido a guiarnos, proveernos y protegernos: “pueblo suyo somos y ovejas de su prado” (v. 3);
- porque Él es bueno y nos colma de beneficios: “Porque el Señor es bueno” (v. 5);
- porque Él ha sido, es y siempre será misericordioso con nosotros, Su pueblo, al no pagarnos como merecen nuestros pecados: “para siempre es su misericordia” (v. 5);
- porque Él es siempre fiel, Él cumplirá absolutamente todas las promesas de bien hechas a nosotros: “y su fidelidad por todas las generaciones” (v. 5).
Teniendo todo esto en mente, ¡sirvamos al Señor con alegrĂa!