El versículo que vamos a considerar a continuación no sólo es un resumen del evangelio, sino que también es uno de los versículos más conocidos, tanto por cristianos como por no cristianos, de toda la Biblia. Ahora, por ser este un versículo tan familiar, existe el peligro de que ya no nos asombremos ante el maravilloso mensaje de éste –algo terrible que no debe ser–. El versículo al que me refiero es Juan 3:16, el cual dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es bueno para nosotros considerar este versículo en esta época, una época en la cual se dan y reciben muchos regalos, ya que este versículo nos habla del mejor regalo de todos.
Antes de considerar el regalo en sí, consideremos al dador del regalo y lo que le motivó a regalar: “Porque de tal manera amó Dios al mundo”. El dador es Dios Padre, Creador y Sustentador de todo el universo, y Su motivación fue amor, tanto por personas del continente Europeo como por personas del continente Africano; amor tanto por Americanos como por Haitianos. Su motivación fue amor por personas de distintas razas y naciones. Pero eso no es todo, según el versículo, ese amor no es pequeño, sino que es muy grande (“Pues Dios amó tanto al mundo”, NTV).
La grandeza de ese amor se confirma por el regalo que se dio: “que dio a su Hijo unigénito”. Dios dio, es decir, regaló. Es un regalo porque no es algo que compramos con nuestras obras pasadas, ni algo que intercambiamos con nuestras obras futuras. Es un regalo completamente gratuito que, una vez se ha soltado el pecado al que nos aferrábamos, ha de recibirse con las manos vacías y extendidas de la fe. Ahora, el regalo que Dios dio no fueron cosas con las que no podemos tener comunión y que se desgastan con el tiempo. El regalo que Dios dio fue una persona, y no a cualquier persona, sino la persona más importante: Su Hijo unigénito Jesucristo. Él es poseedor de todas las características esenciales de Dios, toda la creación está por debajo de Él. ¿Qué más, aparte de dar a Su Hijo único, podría Dios hacer para demostrar Su gran amor? Aun siendo Él (Jesucristo) lo más precioso y la persona de mayor estimación para Dios Padre, Él (Dios Padre) lo dio.
Dios dio a Su Hijo unigénito Jesucristo: “para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Dios no dejó que todos se perdieran por causa de sus pecados, sino que dio a Su Hijo unigénito Jesucristo para salvación de todo aquel que confía en Él como Salvador y Señor. Jesucristo con Su vida, muerte y resurrección obtuvo vida eterna para ellos, una vida plena de comunión con Dios que se extenderá por toda la eternidad.
Éste es el mejor regalo de todos –Jesucristo como nuestro Salvador y Señor–. Si tenemos este regalo, aunque no tengamos nada más, lo tenemos todo; pero si no lo tenemos, aunque tengamos todo lo demás, no tenemos nada.
Duck Dynasty es tal vez la serie americana de televisión más grande de todos los tiempos, transmitida en A&E, la cual trata acerca de la vida de la familia Robertson, familia que se volvió rica debido a su negocio de fábrica de productos para cazadores de patos (Duck Commander), particularmente silbatos de pato. Aunque la serie en sí misma no es “cristiana”, los Robertson profesan ser «una familia arraigada en su fe en Dios y en la creencia de que la Biblia es Su palabra». El pasado 18 de Diciembre, A&E suspendió indefinidamente a Phil Robertson (llamado el “patriarca”) debido a los comentarios sobre la homosexualidad que él dio en una entrevista a la revista GQ. Cuando en esa entrevista se le preguntó a Phil qué era pecaminoso, parte de su respuesta fue parafrasear 1 Corintios 6:9, 10:
George Matheson, conocido generalmente como “el predicador ciego”, fue un ministro escocés y escritor de himnos que nació el 27 de marzo del 1842 en Glasgow. Aunque Matheson no fue el único hijo fruto del matrimonio entre George (su padre que llevaba el mismo nombre) y Jane Matheson, por la providencia divina, él sí fue el único hijo que nació con una mala visión. Debido a su mala visión, desde una edad muy temprana, tuvo que utilizar lentes muy gruesos y sentarse cerca de una ventana en la escuela para así aprovechar la luz.