Salmo 51 (CompadĂ©cete de mĂ­) – AlabanzarĂ©

LETRA

Compadécete de mí,
Pues, oh Dios, yo clamo a ti;
Y con noble compasiĂłn
Borra tĂş mi rebeliĂłn.
Y hazme puro en verdad,
Redimiendo mi maldad.

He pecado contra ti,
Y dolor yo siento en mĂ­.
Pues tu gracia desprecié,
Y tus leyes quebranté;
Tú eres justo, oh Señor,
Más yo pobre pecador.

En pecado yo nacĂ­,
Nada bueno hay en mĂ­;
SĂłlo en ti hay salvaciĂłn,
TĂş das luz al corazĂłn,
Ven entonces a mi ser,
Y hazlo tĂş resplandecer.

Letra por Richard Redhead. Traductor Wayne Anderson. Música por Christopher Miner © 1997 Christopher Miner Music

JesĂşs: Su obra.

La respuesta a la pregunta “¿Qué niño es éste?”, planteada por William C. Dix en uno de sus himnos navideños, se encuentra en Mateo 1:21: “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados”.

El nombre “Jesús” no sólo nos habla de la naturaleza del niño que nacería (es Dios mismo en esencia), sino que también nos habla de la obra de este niño que nacería. ¿Por qué este niño sería nombrado “Jesús”? “Porque El salvará”. La obra u oficio de Jesús es salvar. Ahora, este Mesías no vino, al menos en Su primera venida, como la nación de Israel lo esperaba –un rey triunfante que derrocaría al imperio romano y daría el reinado a Israel para siempre–. Continuar leyendo Jesús: Su obra.

El amor cubre multitud de pecados.

Alguien dijo: “Vivir con los santos en el cielo: ¡Esa es la gloria!; vivir con los santos en la tierra: Esa es otra historia”. Indicando así que mientras estemos en esta tierra, con la presencia del pecado todavía en nosotros, las relaciones entre cristianos en ocasiones serán difíciles. ¿Cuál ha sido tu reacción cuando las relaciones con otros cristianos se han vuelto difíciles? ¿Has divulgado la falta del otro? ¿Has guardado resentimiento argumentando que se ha pecado contra ti? ¿Le has hecho “pagar” argumentando que los pecados del otro son muchos? Todo eso, según la Palabra de Dios, es causado por una falta de amor hacia nuestros hermanos: “Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8).

El apóstol (inspirado por Dios) comenzó diciendo “sobre todo”, indicando la gran importancia de lo siguiente: “sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros”. Matthew Henry dijo que esto es un afecto «sincero, fuerte y duradero», que quiere y busca el beneficio de otra persona. Este amor nos lleva a cubrir no sólo las debilidades de otros, sino también sus pecados; nos lleva a cubrir no sólo dos o tres pecados, sino multitud de pecados.

Ahora, aquí, el cubrir multitud de pecados no significa pasar la mano de consentimiento sobre el que pecó como si nada estuviera pasando. 1 Corintios 13:6 dice acerca del amor: “no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad”. Y en Santiago 5:19 y 20 se dice: “Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados”. El amor cubre multitud de pecados en el sentido de que estaré inclinado a no divulgar el pecado de mi hermano1, estaré inclinado a perdonar y a activamente no recordar su pecado, para no guardar resentimiento ni hacerle pagar.

Arrepintámonos de nuestro pecado de falta de amor, para el perdón de nuestro pecado. Y pidamos a Dios confiadamente que este amor fluya de Su Espíritu, abunde en nosotros y se dirija hacia nuestros hermanos. Mientras, consideremos como el amor de Dios, manifestado en Jesucristo, cubrió multitud de nuestros pecados: aunque Dios fue el ofendido y nosotros los ofensores, Él envió a Su hijo Jesucristo para reconciliarnos consigo mismo. Por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo somos declarados justos, todos nuestros pecados son perdonados –Dios ni lleva cuenta de ellos ni nos hace pagar por ellos– y así, sin obstáculos, podamos disfrutar de la comunión con Dios.

“¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!” (Salmos 32:1).


1 Esto no elimina el proceso de disciplina eclesiástica hacia aquel que profesa ser cristiano pero no se arrepiente de su pecado.

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Los malhechores en la cruz: esperanza y presunciĂłn.

“Y uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo ha hecho. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces El le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39-43).

J. C. Ryle comentando sobre este pasaje bíblico, en Meditaciones sobre los evangelios, comienza hablando sobre la soberanía de Dios al salvar a los pecadores. Uno de los malhechores fue salvo, el otro no –ambos se encontraban exactamente en las misma condición–. Pero después, él pasa a hablar sobre la responsabilidad del hombre, la cual no es acabada por la soberanía de Dios. Implicando así que aquel que se pierde lo hizo por haber rechazado voluntariamente la salvación en Jesucristo que es ofrecida en el evangelio de manera amplia, libre y general. J. C. Ryle concluye con las siguiente palabras: “Un ladrón fue salvo para que ningún pecador quedara sin esperanza, pero sólo uno para que ningún pecador pudiera presumir”.

The Three CrossesAmigo, puede ser que ahora estés como ese malhechor en la cruz. Miras hacia adelante y vez muerte, miras hacia atrás y vez una vida de maldad. Pero quiero decirte que aun allí hay esperanza para ti. Como ese malhechor en la cruz, reconoce tu pecado y que mereces la condenación (“recibimos lo que merecemos por nuestros hechos”), pero también clama confiadamente a Jesucristo (“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”), el justo (“éste nada malo ha hecho”), para que te salve y así será (“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”). Si así haces, aunque hoy mismo partas de esta tierra, puedes tener la seguridad de que hoy mismo estarás en el lugar más importante (el paraíso) con la persona más importante (Jesús). Esa es la gloriosa gracia de Dios, la cual no está basada ni en nuestro pasado ni en nuestro presente pecaminoso, ni siquiera en nuestra resolución de ser obedientes en el futuro. La gracia de Dios está basada en la obra perfecta de Jesucristo (Ef. 1:6).

Ahora, si tú eres como esos que presumen diciendo que te convertirás mañana, si tú eres como esos que presumen diciendo que irás a Jesucristo con arrepentimiento y fe muy pronto, entonces considera al otro malhechor en la cruz. Este otro malhechor aun estando al borde de la misma muerte, aun viendo a su compañero convertirse, aun teniendo al Salvador Jesucristo cerca, él no se convirtió. ¿Qué garantía tienes de que mañana serás diferente a este malhechor? ¿Qué te hace pensar que muy pronto tu corazón no estará tan duro como el de este malhechor? No continúes en esa pecaminosa presunción. ¡Ahora es el día de salvación!