El ruego del Rey.

Un ruego no es lo mismo que un mero llamamiento. Un ruego va más allá que una mera petición. No sé a ti, pero el término “ruego” trae a mi mente: fuerte deseo desde lo más profundo del ser, súplica repetitiva, voz quebrada e incluso, en ocasiones, lágrimas. Nos resulta raro que aquellos que están supuestos a mandar, rueguen. Es por todo eso que a muchos predicadores del evangelio les resulta difícil la idea de rogar a los pecadores y, más aun, la idea de Dios rogándole a los pecadores:

“Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!” (2 Corintios 5:20).

¿Cómo es posible que el Rey del universo le ruegue a simples criaturas? ¿Cómo es posible que un Dios santo le ruegue a pecadores?

ReyA esos predicadores a quienes esta idea les resulta difícil dicen que 2 Corintios 5:20 es el único pasaje bíblico en el cual se presenta a Dios rogando y que por lo tanto… Pero son interrumpidos por Lucas 15:28, en donde se presenta un padre (que representa a Dios) rogando a su hijo mayor que entrara a la celebración de misericordia. Ellos, entonces, van rápidamente al griego para confirmar su temor: “Así que, somos embajadores en nombre del Mesías, como si Dios rogara [llamamiento cerca y personal] por medio de nosotros: ¡Rogamos [desear, anhelar] en nombre del Mesías, reconciliaos con Dios!” (2 Co. 5:20. Biblia textual). Ellos, entonces, dicen que quien ruega aquí no es Dios, sino nosotros. Pero el versículo dice que somos embajadores de Cristo; un embajador representa al rey en el lugar donde está y transmite el mensaje del rey tal como éste lo ha pronunciado. Continúa leyendo El ruego del Rey.

Confesión de fe de Bautista de 1689.

“Este pequeño tomo no se presenta como una regla autoritativa ni como un código de fe, sino como una ayuda en casos de controversia, una confirmación en la fe y un medio para edificación en justicia. En él los miembros más jóvenes de nuestra iglesia tendrán un conjunto resumido de enseñanzas divinas, y por medio de pruebas bíblicas, estarán preparados para dar razón de la esperanza que hay en ellos. No te avergüences de tu fe; recuerda que es el antiguo evangelio de los mártires, confesores, reformadores y santos. Sobre todo, es la verdad de Dios, contra la que las puertas del infierno no pueden prevalecer. Haz que tu vida adorne tu fe, haz que tu ejemplo adorne tus creencias. Sobre todo, vive en Cristo Jesús, y permanece en él, no creyendo ninguna enseñanza que no haya sido manifiestamente aprobada por él y sea propia del Espíritu Santo. Aférrate a la Palabra de Dios que aquí es explicada para ti”—Charles Haddon Spurgeon (1834-1892).

  1. De las Sagradas Escrituras.
  2. De Dios y de la Santa Trinidad.
  3. Del decreto de Dios.
  4. De la creación.
  5. De la divina providencia.
  6. De la Caída del hombre, del pecado y su castigo.
  7. Del pacto de Dios.
  8. De Cristo el Mediador.
  9. Del libre albedrío.
  10. Del llamamiento eficaz.
  11. De la justificación.
  12. De la adopción.
  13. De la santificación.
  14. De la fe salvadora.
  15. Del arrepentimiento para vida y salvación.
  16. De las buenas obras.
  17. De la perseverancia de los santos.
  18. De la seguridad de la gracia y de la salvación.
  19. De la ley de Dios.
  20. Del evangelio y del alcance de su gracia.
  21. De la libertad cristiana y de la libertad de conciencia.
  22. De la adoración cristiana y del día de reposo.
  23. De los juramentos y votos lícitos.
  24. De las autoridades civiles.
  25. Del matrimonio.
  26. De la iglesia.
  27. De la comunión de los santos.
  28. Del bautismo y la Cena del Señor.
  29. Del bautismo.
  30. De la Cena del Señor.
  31. Del estado del hombre después de la muerte.
  32. Del juicio final.

Publicado por Chapel Library.
© Editorial Peregrino, S.L. Derechos Reservados Cristianismo Histórico, Editorial Peregrino. Prohibida la reproducción de esta traducción de la Confesión de fe de Londres de 1689 para la venta.

¿Qué es el arrepentimiento?

Al recorrer el Antiguo Testamento nos encontraremos una y otra vez con el llamamiento de Dios al arrepentimiento. Desde el comienzo de Su ministerio, Jesucristo llamó al arrepentimiento (Marcos 1:15). Y los apóstoles también predicaron que el hombre debía arrepentirse (Marcos 6:12). El arrepentimiento es importante porque Dios ha establecido que éste –junto a la fe– preceda a la salvación de las personas.

Arrepentirse es la responsabilidad de todo hombre, por eso Dios manda a todos a que se arrepientan (Hechos 17:30). También es cierto que el arrepentimiento es un regalo de Dios, por lo que cada vez que un pecador está sinceramente arrepentido podemos concluir que Dios le ha concedido el arrepentimiento (Hechos 11:18).

El arrepentimiento es un cambio de pensar con respecto al pecado y a Dios, el cual resulta en un alejamiento del pecado y un acercamiento a Dios. ¿Cómo luce ese alejamiento del pecado y acercamiento a Dios?

  • Tristeza y odio por el pecado:Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado” (Salmos 51:8; 2 Corintios 7:10).
  • Confesión para el perdón del pecado:Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones” (Salmos 51:1; Juan 1:9).
  • Propósito y esfuerzo1, en dependencia del Espíritu, para dejar el pecado y obedecer a Dios:Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia” (Salmos 51:14; 1 Tesalonisenses 1:9).

1 “Al menos dos errores se evitan aquí. El primer error es el autoengaño: alguien clama estar arrepentido, pero no tiene un abandono genuino del pecado. Debe haber un ´propósito y esfuerzo´ para una nueva obediencia. El segundo error es el legalismo o, siendo más precisos, el perfeccionismo: este error asedia a cristianos con tendencia introspectiva. Ellos cuestionan la legitimidad de su arrepentimiento si éste produce algo menos que un perfecto abandono del pecado. Abandonar el pecado no es lograr una perfecta o impecable obediencia para siempre. Mas bien, es un genuino ´propósito y esfuerzo´ con ese fin” (Samuel E. Waldron).