ÂżQuĂ© si Jesucristo viene y todavĂ­a no me he casado?

Jesucristo dijo que «cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio» (Marcos 12:25). La institución del matrimonio tal como aquí la conocemos no existirá más en el cielo. Aun aquellos que ven el matrimonio como un desierto, reconocen que en éste hay varios oasis. Y es por todo esto que muchos solteros cristianos no responden gozosamente “¡amén!” cuando su pastor dice “¡Cristo, ven pronto!”.

Mi punto en este artículo es que si Dios, en Su soberanía, ha decidido que Jesucristo venga antes de que te cases, Él no está quitándote lo bueno para darte algo “más o menos bueno”, sino que, aunque Él no te está dando algo bueno, sí te está dando algo mucho mejor.

El apĂłstol Pablo (inspirado por Dios) dijo en Efesios 5:31, 32: “Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia”. En este versĂ­culo se dice que el matrimonio es un reflejo, una ilustraciĂłn, una representaciĂłn de la relaciĂłn entre Jesucristo y Su iglesia. Esto se confirma al Pablo utilizar “como” (comparaciĂłn) una y otra vez en los versĂ­culos 22-29. Continuar leyendo ÂżQuĂ© si Jesucristo viene y todavĂ­a no me he casado?

La fidelidad y la justicia de Dios en perdonar [1 Juan 1:9]

Aunque todo cristiano ha sido salvado del dominio del pecado (es decir, Ă©ste ya no es su señor; vĂ©ase Ro. 6:2), el pecado todavĂ­a está presente en todo cristiano1. Aunque el pecado ya no es la práctica del cristiano (1 Jn. 3:8), el cristiano todavĂ­a peca –esto lo sabemos tanto por experiencia como por la Palabra–: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros… Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8, 10).

La diferencia entre el cristiano (un “pecador redimido” o uno “simultáneamente justo y pecador” como lo dirĂ­a Lutero) y el no-cristiano es que cuando el cristiano peca, es guiado por el EspĂ­ritu al arrepentimiento para perdĂłn de pecados. 1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”. En este versĂ­culo se dice que si confesamos a Dios nuestros pecados, seremos perdonados y limpiados. Ahora, no quiero que pasemos por alto lo siguiente: “El es fiel y justo”. ÂżPor quĂ© describir aquĂ­ a Dios precisamente como fiel y justo? ÂżQuĂ© tiene que ver la fidelidad y la justicia de Dios en nuestro perdĂłn? Continuar leyendo La fidelidad y la justicia de Dios en perdonar [1 Juan 1:9]

De ningĂşn modo lo echarĂ© fuera –¡bendita seguridad! [II]

A absolutamente todo aquel que va a Jesucristo, Él le promete: “de ningún modo lo echaré fuera”. En la traducción al español no se nota mucho que aquí el griego es enfático. Jesucristo utilizó aquí una negación enérgica, es como si Él hubiera dicho: “Yo nunca, nunca rechazaré a aquel que viene a mí”; o: “en ninguna manera rechazaré a aquel que viene a mí”.

¡Oh, cuánto consuelo y seguridad hayan en esas palabras los pecadores que van por primera vez (no-cristianos todavía) como también los pecadores que ya han ido anteriormente (ya cristianos)! No existe la más mínima posibilidad de que Jesucristo rechace a quienes van a Él, más bien, Él los perdona, los salva y los recibe como parte de la familia de Dios. ¡Aleluya!

¿Hubo siquiera alguien que haya ido a Jesucristo y haya sido echado fuera por Él? ¡No! ¿Crees tú que serás el primero en ser echado fuera? ¿Crees tú que serás echado fuera aun cuando el primero de los pecadores fue recibido (1 Ti. 1:15, 16)? Los que están en el infierno no están allí porque fueron a Jesucristo y Él los echó fuera, sino porque ellos nunca fueron a Jesucristo.

Charles Spurgeon dijo: “Oh, de esto podemos estar seguros: El no rechazará una audiencia con nosotros ni nos echará fuera. Aquellos de nosotros que a menudo hemos estado y aquellos que nunca antes han ido, vayamos juntos, y veremos que Él no cerrará la puerta de Su gracia en la cara de ninguno de nosotros”. Continuar leyendo De ningĂşn modo lo echarĂ© fuera –¡bendita seguridad! [II]

De ningĂşn modo lo echarĂ© fuera –¡bendita seguridad!

Muchos maestros o líderes de las religiones en este mundo han mostrado a sus seguidores un camino a seguir, pero no le han garantizado salvación. No es así con Jesucristo, el Hijo de Dios. El Señor Jesucristo no vino a mostrar un camino, sino que Él mismo es el camino –y Su resurrección lo confirmó– y todos los que van a Él tendrán, sin duda alguna, salvación. Uno de los pasajes bíblicos en los cuales encontramos esta verdad es Juan 6:37b que dice:

“al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera”.

Las palabras de Jesucristo no son: “a los justos que vienen a mí”; ni: “a los que tienen algo bueno que ofrecer”. Por lo tanto, estas palabras son para todos, para todos los pecadores –sí, incluso los más terribles pecadores–. Las palabras de Jesucristo tampoco son: “sólo al que viene a mí por primera vez”. Sí, las palabras de Jesucristo están dirigidas a aquellos que van por primera vez (no-cristianos todavía), pero no únicamente a ellos; estas palabras también son para aquellos que han ido a Él anteriormente (ya cristianos). Las palabras de Jesucristo son: “al que viene a mí” –punto–. Allí no hay ninguna condición aparte de dar la espalda al pecado (arrepentimiento) e ir confiadamente (fe) a Jesucristo. Por lo tanto, no importa si eres un gran pecador y no importa si vas por primera vez o por milésima vez. Mientras vayas a Él, está promesa segura es para ti: “de ningún modo lo echaré fuera”.

Aquellos que se oponían a Jesucristo lo llamaron “amigo de pecadores” (Mt. 11:19) y decían que Él «recibe a los pecadores y come con ellos» (Lc. 15:2). Y Jesucristo mismo afirmó: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lc. 5:32).

J. C. Ryle dijo: “Quizá nuestra vida anterior haya sido muy mala. Quizá nuestra fe actual sea muy débil. Quizá nuestro arrepentimiento y nuestras oraciones sean muy pobres. Quizá nuestro conocimiento de la religión sea muy escaso. ¿Pero venimos a Cristo? Esa es la cuestión. De ser así, esta promesa nos pertenece. Cristo no nos echará fuera. Podemos recordarle valientemente su propia palabra”.

1ra parte; 2da parte