Corramos la carrera.

Hebrews 12
«Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:1, 2. LBLA).

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IlustraciĂłn por Chris Powers, Full of Eyes. Todos los derechos reservados. Puedes apoyar su ministerio vĂ­a Patreon.

Dios no es indiferente a tus sufrimientos.

Alguien dijo que en la Biblia no hay palabras de más, sino lectores apresurados. Estoy de acuerdo. Por ejemplo, una lectura apresurada de Éxodo 3 difícilmente nos permita gustar la inmensa bondad de Dios en las palabras que Él dirige a Su pueblo. El capítulo anterior, capítulo 2, termina diciendo que el pueblo de Israel gemía a causa su servidumbre en Egipto. Gemido que Dios escuchó, Dios tuvo en cuenta a Su pueblo.

Ya en el capítulo 3, Dios se le aparece a Moisés en una zarza ardiendo y le dice: “Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos” (v. 7). Dios vio la aflicción, escuchó el clamor y estuvo consciente de los sufrimientos. Pero eso no era todo, había llegado el momento para actuar: “Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al lugar de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los ferezeos, de los heveos y de los jebuseos” (v. 8).

¿Notaste que Dios dice “ciertamente” en el versículo 7? Tal vez lo consideres como algo sin importancia, pero recuerda que no hay palabras de más en la Biblia. Y más adelante, en el versículo 16, nos encontramos otra vez con el “ciertamente”. Es como si Dios estuviera dejando claro que Él no era indiferente a los sufrimientos de Su pueblo. Es como si Dios se estuviera asegurando de que Su pueblo supiera eso.

¿Por qué eso es importante? Porque cuando pasamos por sufrimientos somos tentados a pensar que Dios nos ha abandonado. Pero Dios dice que no nos ha abandonado, que no es indiferente y que sin duda actuará para la gloria de Su nombre y el beneficio de los Suyos.

En la persona de Jesucristo, Dios ha visto la aflicción de Su pueblo y ha descendido para salvarlo del pecado por medio de Su vida, muerte y resurrección. Él es consciente de nuestros sufrimientos no meramente por Su omnisciencia, sino también porque Él los experimentó en carne propia. Y por eso Él nos entiende y se compadece de nosotros.

Razones por las que no tienes lo que quieres [II]

Santiago da varias razones por las cuales no tenemos lo que queremos y una de ellas es que no pedimos a Dios en oración. Pero esa no es la única razón que se da, él también dice:

“Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres” (Stg. 4:3).

SegĂşn Santiago, en ocasiones sĂ­ pedimos, pero pedimos mal: para gastar en deleites pecaminosos. Y Dios no ha prometido satisfacer nuestros deleites pecaminosos.

Es una gracia de Dios el no recibir cada vez que pedimos mal. Dios es celoso y no nos dará dinero para que lo gastemos en otros amantes (vv. 4-5). Pero Sus celos no son porque algún otro pudiera ser tan bueno como Él o mejor que Él, sino porque Dios sabe que no hay otro tan bueno o mejor que Él. El pecado es engañoso, su placer es de corta duración y su fin es muerte (Heb. 3:13; 11:25; Ro. 6:21).

Examina los deseos de tu corazón: al escuchar a tus propias oraciones, ¿qué podrías decir que domina tu corazón? ¿Es tu deseo más grande que el nombre de Dios sea santificado, que Su reino venga y que se haga Su voluntad? ¿O es que tu nombre sea reconocido, que tu agenda avance y que tu voluntad se haga? No le pidas a Dios nada que esté claramente en contra de Su voluntad y preséntale tus deseos con manos abiertas –no cerradas–. Es decir, que tu actitud sea como la de Jesús: “… pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Recuerda que Dios, más que nadie, sabe lo que es mejor para nosotros y Él está comprometido a dárnoslo. Si le has pedido algo a Dios y Él no te lo ha dado, ve Su “no” como una demostración de Su compromiso de darte lo que es mejor para ti.

1ra parte; 2da parte; 3ra parte