Ningún pecado es rival.

“Ningún pecado, por más fuerte que sea, es rival para el Dios que está obrando en ti y que no se detendrá hasta terminar lo que empezó” –Misael Susaña (Dios, trabajando en los que trabajan).

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3 verdades sobre el cristiano y el pecado.

1. EL CRISTIANO HA MUERTO AL PECADO

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria” (Colosenses 3:3, 4).

El cristiano ha sido unido espiritualmente a Jesucristo. Cuando Jesucristo murió, el cristiano también murió al pecado. Cuando Jesucristo resucitó, al cristiano se le dio vida para con Dios. Lo segundo es tan cierto como lo primero. Morir al pecado y vivir para con Dios significa que ahora se tiene la capacidad de desear a Dios y hacer las cosas que a Él le agradan.

2. EL CRISTIANO DEBE MATAR AL PECADO

“Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos [Lit., dad muerte a los miembros que están sobre la tierra] a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

Aunque ciertamente el cristiano ya ha muerto al pecado, todavía el pecado mora en él (a esto se le llama “pecado remanente”). El pecado ha perdido su dominio en el cristiano, pero todavía tiene fuerza. Y es por eso que no siempre deseamos a Dios y no siempre hacemos las cosas que a Él le agradan. Debemos, pues, dar muerte al pecado remanente. Dar muerte al pecado significa luchar contra el pecado, en dependencia del Espíritu Santo, no satisfaciendo los deseos de la carne para que estos se debiliten.

3. EL CRISTIANO ES AQUEL QUE LUCHA

“Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3:6, 7).

Lo que diferencia a un no-cristiano de un cristiano no es que el primero siempre peca, mientras que el segundo nunca peca. Lo que los diferencia es: un no-cristiano tiene un estilo de vida o una práctica ininterrumpida (ni por tristeza debido al pecado ni por un resistir la tentación) de pecado; pero un cristiano presenta oposición al pecado, tiene el firme propósito y esfuerzo de hacer morir todo lo pecaminoso que queda en su vida. Y aunque hay tropiezos, también hay victorias (1 Jn. 5:4). Y aunque el progreso es lento, éste es seguro (1 Ti. 4:15).

Hogar, dulce hogar.

El cielo será un universo sin la maldición, listo para ser explorado y disfrutado como nunca antes por una iglesia ya glorificada. El cielo será Dios morando y teniendo comunión con Su pueblo. Y en el cielo todo será bueno, sin defecto.

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5 verdades sobre el endurecimiento del corazón.

Con el propósito de que velemos para que nuestro corazón no se endurezca, he aquí cinco verdades sobre el endurecimiento del corazón a partir de la vida Faraón:

1. Dios es soberano y el hombre es responsable. Repetidas veces la Biblia nos dice que fue Faraón quien endureció su corazón (Éxodo 7:13, 22; 8:32; 9:7). Lo cual dice que Faraón fue responsable del endurecimiento de su corazón. Pero también la Biblia nos dice que fue Dios quien endureció el corazón de Faraón (Éx. 9:12; 10:20, 27). Lo cual nos hace ver que la soberanía de Dios se extendió aun al endurecimiento del corazón de Faraón1.

2. El endurecimiento sucede cuando no se cree ni se obedece la Palabra a pesar de haberse conocido las obras de Dios. Faraón vio como la vara de Aarón se convirtió en culebra, vio la plaga de sangre, vio la plaga de ranas, vio la plaga de piojos, vio la plaga de moscas, vio la plaga en el ganado, vio la plaga de úlceras, vio la plaga de granizo, vio la plaga de langostas, vio la plaga de tinieblas (Éxodo 7-10). Sin embargo, Faraón ni creyó la Palabra de Dios ni obedeció al mandato divino de dejar ir al pueblo de Israel.

3. Un corazón endurecido no es tan sensible como lo era o como otros lo son. Hubo un momento en el cual hasta los hechiceros del mismo Faraón reconocieron que las plagas venían de Dios, pero Faraón no los escuchó (Éxodo 8:19). Y hubo un momento en el cual los siervos de Faraón le dijeron que dejara ir al pueblo de Israel (Éx. 10:7), pero él no quiso dejarlos ir.

4. El endurecimiento es más un proceso que un evento. La Biblia relata que no fue una vez que Faraón endureció su corazón, sino muchas veces: cada vez que él vio las obras de Dios, pero no creyó ni obedeció la Palabra de Dios (Éxodo 7-10). Un corazón que se endurece se vuelve menos sensible y un corazón menos sensible se endurece más.

5. El corazón se endurece más cuando las bondades de Dios son tomadas como razones para seguir pecando. La bondad de Dios está destinada a que nos arrepintamos, no a que las usemos como boletos para seguir pecando. Faraón reconoció su pecado algunas veces e incluso dijo que dejaría ir al pueblo de Israel. Pero cuando Faraón veía que Dios quitaba la plaga de Egipto, él ya no veía razón para dejar ir al pueblo de Israel (Éxodo 8:15; 9:34). Faraón, al igual que el hombre cuyo corazón está endurecido, se preocupaba más por las consecuencias negativas del pecado que por el Dios contra el cual se peca.


1 La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre siempre han sido un misterio –¿cómo puede el hombre ser responsable y Dios ser soberano al mismo tiempo?–. Algunos eruditos de la Biblia dicen que la manera en la cual Dios endureció el corazón de Faraón fue dejándolo o no impidiendo que éste se volviera duro.