Primero, porque ilustra el gran poder del evangelio. El Señor parece haber dicho: “ExtenderĂ© mi mano y salvarĂ© a algunos de los peores pecadores para que, a lo largo de todo el tiempo, se sepa que mi evangelio puede lograr la salvaciĂłn de todo tipo de pecadores –incluso de los más despreciados–. Por muy depravados y caĂdos que sean, no pueden haber ido más allá del alcance del evangelio de mi Hijo”.
Segundo, porque magnifica Su misericordia. Cuando, en gran ternura, Él viene y mira el pecado como una enfermedad; entonces, mientras peor es la enfermedad, más es Su compasión.
Tercero, porque confunde a la justicia propia. “Debido a que dices que no necesitas un Salvador, no tendrás un Salvador. No vine a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Baja de tu elevado pináculo, Sr. Fariseo, que le agradeces a Dios que no eres como los demás hombres. Párate al lado del pobre recaudador de impuestos que has despreciado y grita como Ă©l: “Dios, sĂ© propicio a mĂ, pecador”; y luego ve si Dios no te tratará con misericordia tambiĂ©n.
Cuarto, porque anima a los predicadores del evangelio. Te contarĂ© un secreto: los ministros somos, a menudo, un grupo de hombres muy dĂ©biles de corazĂłn. Dios, a menudo, alienta a Sus siervos sacando de entre los impĂos algunos de estos grandes pecadores, lavándolos más blancos que la nieve en la preciosa sangre de JesĂşs y llevándolos a su reino en la tierra, en anticipaciĂłn del tiempo en que serán recibidos en su reino arriba.
Quinto, porque anima a otros grandes pecadores a venir a Él. ConocĂ a un hombre que dijo: “Temo que no puedo ser salvo, porque he sido un pecador tan terrible”; pero, un dĂa, se encontrĂł con uno de sus viejos compañeros, que solĂa maldecir, beber y mentir, y al saber que habĂa sido salvado, Ă©l se dijo a sĂ mismo: “¡Oh! Yo tambiĂ©n podrĂa ser salvo”.
Sexto, porque Él obtiene de ellos gran amor, celo intenso y mucho fervor. Cuando el Señor salva a un gran pecador, ¡cómo lo amará ese pecador y cómo hablará de él a otros pecadores! Una mujer, que ha sido sacada de gran pecado a los caminos de la virtud y el honor, es la que se regocijará en rescatar a otros de una vida de pecado y vergüenza. Si encuentra a un hombre al que se le ha permitido conocer las profundidades del pecado, él es el que se deleitará en ir a buscar a los que se hunden en esa terrible inundación.
Este artĂculo es un extracto, tomado por Misael Susaña, de: Charles H. Spurgeon. A Marvellous Change [Un cambio maravilloso]. TraducciĂłn de Misael Susaña.