Flavel sobre “La providencia de Dios” [II]

No toda puerta abierta significa que debemos entrar por ella y no toda puerta cerrada significa que no debemos entrar por ella; debemos guiarnos por la Palabra de Dios. O en palabras de John Flavel: “nosotros solamente podemos preocuparnos por la voluntad revelada de Dios. La cual nos es revelada a cada uno de nosotros en Su palabra y en Sus obras. Debemos escudriñar las Escrituras y en los casos en donde no hay ninguna regla particular para guiarnos, deberíamos aplicar los principios generales de la Escritura a nuestro problema particular. Si aún tenemos dudas acerca de “qué hacer”, no deberíamos considerar sólo la providencia por sí misma para descubrir la voluntad de Dios. La forma más segura es considerar la providencia en relación con los mandamientos y las promesas de la Biblia”.

PAZ EN SU MENTE Y CORAZÓN

Un hombre fue convertido de su mala manera de vivir y de sus malas compañías, pero pasado algún tiempo fue tentado a regresar al camino del mal. La providencia le condujo a ver su condición, trayendo a su mente el Proverbio 1:24-26. Estaba muy inquieto pensando que su pecado no podría ser perdonado. Pero Dios le enseñó en la Escritura, Lucas 17:4, y esto le produjo una paz firme en su mente y en su corazón.

Ese es un ejemplo de cómo nuestra mente y corazón pueden ser aquietados por la Palabra de Dios.

EL VASO QUE NO SE QUEBRÓ

Había una buena mujer que sentía que Dios la había dejado. Poco después se encontró en un estado de desesperación tan profundo que rehusaba todo consuelo. Un día, un ministro del evangelio fue a verla. Ella tomó un vaso de la mesa y dijo: “Estoy tan segura de ser condenada como es seguro que este vaso se quebrará al dejarlo caer”. Ella arrojó el vaso hacia el suelo con toda su fuerza, pero para sorpresa de ambos, el vaso no se quebró. El ministro le mostró que esto era la obra de la providencia y desde ese entonces su estado mental se mejoró grandemente.

Si Dios no hubiera dicho nada en Su Palabra revelada acerca de la salvación eterna y amparo de los Suyos, entonces esa mujer tendría razón para preocuparse –aunque el vaso no se quebrara–. Pero, si Dios habla en Su Palabra acerca de la salvación eterna y amparo de los Suyos, entonces esa mujer tiene razón suficiente para sentirse segura –aunque el vaso se quebrara–. Dios nos dice en Hebreos 13:5 lo siguiente: “NUNCA TE DEJARE NI TE DESAMPARARE”; y en Romanos 8:1 dice: “no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús”. La gran Gloria de las obras de Dios en la creación y en la providencia consiste en que confirman lo que Él ha dicho en su Palabra escrita.


Este artículo es una adaptación, hecha por Misael Susaña, de: John Flavel. El misterio de la providencia (USA: Publicaciones Faro de Gracia, 2001).

1ra parte; 2da parte

Flavel sobre “La providencia de Dios”.

“Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que todo lo hace para mí” (Salmos 57:2).

Podemos definir la soberanía de Dios como Su control de todos los eventos, desde los más pequeños hasta los más grandes, y gobierno sobre Sus criaturas para Su gloria y el máximo beneficio de Su iglesia en Jesucristo (Ro. 8:32).

La providencia de Dios abarca:

  • nuestro nacimiento (Sal. 139:13-16);
  • el lugar de nuestro nacimiento;
  • nuestro nuevo nacimiento (Hch. 8:26-35);
  • nuestra vocación en esta vida;
  • nuestra vida familiar (Gn. 24);
  • beneficios para nuestras familias (Lam. 3:23);
  • ser guardados del mal (1 Co. 10:13);
  • ser guardados de la enfermedad y el peligro (2 Corintios 11:23-28);
  • la ayuda para ser más santos (Sal. 119:67).

Y ya que Dios en Su providencia gobierna sobre sus criaturas, toda la gente en el mundo siempre cumple los propósitos de Dios, aun cuando no quieran hacerlo. Continuar leyendo Flavel sobre “La providencia de Dios”.

Pobres en extremo, ricos en generosidad.

Misael Susaña comparte cuál es la condición del corazón y la manera apropiada de ofrendar a Dios o dar a nuestros hermanos en necesidad, al considerar el ejemplo de las iglesias de Macedonia y el ejemplo supremo de Jesucristo.

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Predica el evangelio… con palabras.

El evangelio son las buenas noticias de que por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo hay salvación para todo pecador que se arrepiente y confía en Él como Salvador y Señor. Hablando en el sentido estricto del término (“evangelio” significa buenas noticias), nosotros no vivimos el evangelio, nosotros anunciamos el evangelio. La Biblia no habla de vivir el evangelio, sino de testificarlo, anunciarlo, predicarlo.

Ince con megáfono¿Por qué esto es importante? Esto es importante porque nadie será salvo con tan solo mirar la buena conducta de los cristianos si el evangelio no es predicado con palabras. En Romanos 10:14 el apóstol Pablo hace las siguientes preguntas: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”. En cierto sentido, el único que vivió el evangelio fue Jesucristo (Mc. 1:1). Todos los demás deben predicarlo con palabras.

Ahora, el evangelio de Jesucristo no son sólo noticias que informan nuestra mente; sino que «es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree» (Ro. 1:16). Salvación no tan solo del castigo debido al pecado, sino también salvación del pecado mismo. El evangelio de Jesucristo son las buenas noticias con las que el Espíritu Santo transforma a los hombres (1 Ts. 1:5). La manera en la que vivimos sí es importante: una buena conducta como cristianos abre puertas para predicar el evangelio; una mala conducta como cristianos cierra puertas para predicar el evangelio.

En conclusión, predica el evangelio con palabras y adórnalo con una buena conducta (Ti. 2:5, 10). Nadie será salvo solamente mirando tu buena conducta, pero también es una contradicción predicar el evangelio con palabras y no vivir acorde a éste.