¿Qué es participar de la cena del Señor indignamente?

Santa CenaLa Santa Cena es el sacramento instituido por Jesucristo (otro sacramento es el bautismo), la noche en la que fue entregado, con el propósito de que los creyentes que participaran de ésta hicieran memoria de Su persona y Su obra.

El apóstol Pablo, en 1 Corintios 11, habla de aquellos que participan de la cena del Señor indignamente y pronuncia palabras fuerte contra ellos: “será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor… Come y bebe juicio para sí” (vv. 27, 29). Hay creyentes que creen erradamente que participar de la cena indignamente es comerla después de haber pecado la semana o el mes anterior. Por eso algunos rechazan participar de ésta.

LO QUE NO SIGNIFICA

Participar de la cena del Señor indignamente no puede significar que un creyente que ha pecado la coma porque entonces todos quedarían descalificados (Ec. 7:20). La cena del Señor es para pecadores redimidos. El pan representa el cuerpo partido de Jesucristo a favor de pecadores; la copa representa el nuevo pacto en la sangre de Jesucristo, pacto que incluye el perdón de pecados (vv. 23-25). Continuar leyendo ¿Qué es participar de la cena del Señor indignamente?

¡Dios bendiga [mi nación]!

En estos últimos días se ha incrementado en mí una preocupación por mi nación. Pienso que el principal detonador de esa preocupación fue Jeremías 29:7 que dice: “Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al SEÑOR por ella; porque en su bienestar tendréis bienestar”. En el tiempo en el cual se escribió ese pasaje, el pueblo de Israel había sido llevado cautivo por Babilonia. Sin embargo, Dios llamó a Su pueblo a buscar el bienestar de la ciudad donde estaban y a rogar por ella. Aunque esta tierra –tal como es ahora– no es nuestro hogar, el mismo llamamiento se dirige a nosotros hoy (véase 1 Timoteo 2:1, 2).

Debemos orar a favor de nuestra nación: que Dios la bendiga; que Dios, en Su gracia común, la guarde del pecado; que sea gobernada con justicia; y que tanto los gobernantes como los ciudadanos conozcan personalmente al Señor Jesucristo.

Ahora, nótese que no sólo se dice que se ruegue al Señor a favor de la ciudad, sino también que se busque el bienestar de ésta. En vez de quedarnos de brazos cruzados ante las cosas que deben mejorar o cambiar en nuestra nación, debemos procurar activamente el bienestar de ésta de una manera honorable1. ¿Y qué es mejor para una nación que el tener a Jesucristo como Su Salvador y Señor? Por lo tanto, prediquemos el evangelio y adornémoslo con nuestra conducta. Todo eso resultará en beneficio tanto para la nación como para nosotros, los que estamos en esta nación.


1 Sí, es cierto que el cambio no es sólo de uno, pero empieza por uno. Y si yo, como individuo, no cambio ahora, ¿cómo puedo esperar un cambio positivo en mi nación?

Sin comprometer la verdad, pero con amor.

Bandera homosexualHoy en día los homosexuales demandan que todos los que están a su alrededor les “amen”, pero con un pseudo amor1 que no les dice que su actitud contra naturaleza es un pecado (Lv. 20:13; Ro. 1:24-27; 1 Co. 6:9, 10). Pero como cristianos no podemos comprometer la verdad revelada en la Palabra de Dios. Por otro lado, como cristianos debemos cuidarnos del otro extremo: decir la verdad sin amor. En Tito 3:2 Dios nos manda: “que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres”. Algo anda mal con aquel que profesa ser cristiano y habla mal de otros, no es pacífico, no es amable y no es manso –ni humilde–. Y por los versículos 3-7 de Tito 3 inferimos que lo que anda mal con ese cristiano es que ha olvidado quién era, quién es hoy y en base a qué es quien es.

Recuerda que en el pasado tú también eras un pecador como los homosexuales2. Tal vez tu pecado no fue la homosexualidad, pero tú también eras un necio ignorante de las cosas de Dios, eras un desobediente a la ley de Dios, eras un extraviado, eras un esclavo de deleites y placeres diversos, vivías en malicia y envidia, aborrecías y odiabas a otros (Ti. 3:3). ¿Por qué, entonces, tratar a los homosexuales como si tú nunca fuiste un pecador? Continuar leyendo Sin comprometer la verdad, pero con amor.

¿Es perdonar igual a olvidar? [2]

En el artículo anterior vimos: que debido a la omnisciencia de Dios, nada escapa de Su conocimiento –ni siquiera nuestros pecados–; y que aunque el término “olvidar” no se aplica a Dios, la realidad de Su perdón no es minimizada ya que cuando Él dice que no recordará nuestro pecado está significando que no traerá a Su mente nuestro pecado para nuestro perjuicio.

Perdonar, por lo tanto, no es sinónimo de olvidar. Perdonar es, aun sabiendo lo que hizo el ofensor, no hacerle pagar externa ni internamente. Dicho de otra manera, perdonar es no buscar venganza ni guardar rencor contra el ofensor, aun cuando la ofensa venga a nuestra mente.

LIBERADOR, PERO NO MÁS FÁCIL

Entender esto es muy liberador para aquellos cristianos que pensaron que perdonar era sinónimo a olvidar, pero no podían evitar que la ofensa viniera a su mente. Ahora, perdonar (en el sentido de no vengarse ni guardar rencor) no es más fácil que olvidar la ofensa. Perdonar de esa manera es algo imposible aparte de la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones. Y siempre será difícil si primero no sabemos, comprendemos y confiamos en que nosotros (los ofensores) somos perdonados por Dios (el ofendido) en Jesucristo.

1ra parte; 2da parte